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| Hugo Silva y Adriana Ugarte |
lunes, 19 de septiembre de 2011
Lo contrario al amor, de Vicente Villanueva
jueves, 15 de septiembre de 2011
La deuda, de John Madden
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| Jessica Chastain |
martes, 13 de septiembre de 2011
La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011)
Título
original: La piel que habito. Dirección: Pedro
Almodóvar. País: España. Año: 2011. Duración: 120 min. Género:
Drama.
Guión: Pedro Almodóvar (basado
en la novela “Tarántula” de Thierry Jonquet). Música: Alberto Iglesias. Fotografía:
José Luis Alcaine. Montaje: José Salcedo. Vestuario: Paco Delgado, con la colaboración de
Jean-Paul Gaultier. Producción: Agustín Almodóvar,
Esther García (El Deseo).
Nominada al Globo de Oro
2011 a la Mejor Película de habla no inglesa. Premio BAFTA a la Mejor Película
de habla no inglesa. Premio de la Juventud en el Festival de Cannes 2011. 4
Premios Goya, incluido Mejor Actriz Protagonista (Elena Anaya).
Fecha del estreno: 2 Septiembre 2011 (España).
Reparto:
Antonio Banderas (Robert Ledgard), Elena
Anaya (Vera), Marisa Paredes (Marilia), Jan Cornet (Vicente), Roberto Álamo
(Zeca), Blanca Suárez (Norma), Eduard Fernández (Fulgencio), José Luis Gómez
(Presidente del Instituto de Biotecnología), Bárbara Lennie (Cristina), Susi
Sánchez (madre de Vicente), Fernando Cayo (médico).
Sinopsis:
Desde que su mujer murió
quemada en un accidente de coche, el doctor Ledgard, eminente cirujano
plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera
podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su laboratorio,
aprovechando los avances de la terapia celular. Para ello no dudará en traspasar
una puerta hasta ahora terminantemente vedada: la transgénesis con seres
humanos. Pero ése no será el único crimen que cometerá en “La piel que habito”.
Comentarios:
Nada es sencillo. Soy
maestra de ballet y nada es sencillo, decía Katerina Bilova
(Geraldine Chaplin) al final de 'Hable con ella' (2002), la película en la que
se afirmó esa etapa de madurez en la filmografía de Pedro Almodóvar que ahora
parece haber llegado a un nuevo punto de inflexión con 'La piel que habito'.
Entre una película y otra, la filmografía del manchego parece haber invertido
todo su esfuerzo en ilustrar y demostrar las palabras del personaje de la
Chaplin: en efecto, no hay nada sencillo en los fascinantes movimientos de la
condición humana en esas zonas de alto riesgo que Almodóvar delimita como
territorio de sus ficciones.
Si, en 'Hable con ella',
emergía la luz en un acto aparentemente atroz, aquí, una retorcida venganza
puede revelar una segunda piel como carta de amor mortuorio que transforma al
verdugo en vulnerable víctima. Y una brutal tortura, sostenida en el tiempo, podría
ser el largo y tortuoso camino que recorre un personaje para cerrar el círculo
esbozado por las leyes de la atracción. En efecto, nada es sencillo en 'La piel
que habito'. Ni siquiera escribir sobre ella sin aguarle la fiesta al amante de
los giros imprevistos y los laberintos narrativos.
Aplico el teorema de
Almodóvar, basta mirar el tiempo suficiente, para transformar el horror en
belleza, escribía el enigmático Antoni Casas Ros en su novela 'El teorema de
Almodóvar' (ed. Seix Barral), obra que parece mantener más puntos de contacto
con 'La piel que habito' que la novela de Thierry Jonquet ('Tarántula') que
sirve de punto de partida a la película. Cuando Casas Ros habla de belleza,
probablemente no se esté refiriendo a la estética, sino, precisamente, a lo
mismo a lo que aludía Katerina Bilova en Hable con ella: a la
complejidad, a la posibilidad de trascender ese horror a través de la
fascinación por sus matices, sus fragilidades. Pero, sí, también la forma de
'La piel que habito' es exquisita, un ejercicio de aplomo y alta seguridad en
el delicado arte de detectar la armonía en lo irreconciliable. En sus notas más
extravagantes –el plano final o la aparición de Zeca (Roberto Álamo)– es donde
la película encuentra la medida de su grandeza.
El cóctel de géneros no
parece la estrategia premeditada, astuta y posmoderna de un mad doctor
cinéfilo, sino la respiración natural de una obra que absorbe diversos ecos
('La piel que habito' podría ser la summa de toda la tradición irracional del
medio), fija la esencia almodovariana y ahonda en su gran tema: la ley del
deseo como fuerza redentora y camino de autodestrucción. (Jordi Costa)
Recomendada.
jueves, 8 de septiembre de 2011
El caso Farewell (Christian Carion, 2009)
Título original: L’affaire Farewell. Dirección: Christian Carion. País: Francia. Año: 2009. Duración: 113
min. Género: Thriller.
Guión: Eric Raynaud. Música: Clint Mansell. Fotografía: Walther Van Den Ende. Montaje: Andrea Sedlackova. Diseño de producción: Jean-Michel
Simonet. Vestuario: Corinne Jorry. Producción: Philippe Boeffard, Bertrand
Faivre y Christophe Rossignon.
Fecha del estreno: 5 Agosto 2011 (España)
Reparto: Guillaume Canet (Pierre),
Emir Kusturica (Sergei), Fred Ward (Ronald), Willem Dafoe (Feeney), Alexandra
Maria Lara (Jessica), Diane Kruger (mujer corriendo).
Sinopsis:
Moscú, años 80, Guerra
Fría. Defraudado por el régimen comunista, el coronel del KGB Serguei Grigoriev
se propone derrocarlo. Se pone en contacto con el ingeniero francés Pierre
Froment, al que proporciona información altamente confidencial que no tarda en
llegar al propio Mitterrand, quien, a su vez, alerta al presidente Reagan sobre
la existencia de una gigantesca red de espionaje gracias a la cual los
soviéticos conocen hasta el más mínimo detalle de las investigaciones
científicas, industriales y militares de los países occidentales. Pierre
Froment se verá entonces implicado en un gravísimo asunto de espionaje que,
además de sobrepasar su capacidad, pone en peligro su vida y la de toda su
familia.
Comentarios:
En El espía que surgió del frío, tanto en la novela de John Le Carré
como en la excelente adaptación cinematográfica realizada por Martin Ritt en
1965, el juego del gato y el ratón implícito en cualquier relato de espías
aparecía sublimado en la escena del interrogatorio final con el heroico
sacrificio de los verdaderamente afectos a cada régimen. Un aspecto que parece querer
retomar el francés Christian Carion en su cuarta película, El caso Farewell, baldía tentativa de recuperación del cine de
espías de los sesenta y setenta, maduro, reposado y trascendente, un tanto
aprisionado ahora por la supersónica velocidad de la saga Bourne y de los
tiempos que nos acechan.
Con un ritmo mucho más
calmoso del habitual, la película está infinitamente mejor dirigida que
escrita. La partitura creada por Clint Mansell, músico habitual de Darren
Aronofsky; la textura fotográfica con una pizca de grano, rememorando el estilo
de aquel cine europeo desarrollado por gente como Yves Boisset, el Sidney Lumet
de Llamada para el muerto, o sin ir
más lejos la recuperación que supuso la reciente La vida de los otros, además de ciertos detalles en la puesta en
escena y en los juegos de sonido, acaban otorgando a la película un aire de
inquietud, de espionaje de altura. Pero solo estamos ante la riqueza del
envoltorio. El interior, en cambio, está repleto de agujeros. Querer ser sutil
con las soluciones narrativas no significa ser confuso y a la complejidad
habitual de las tramas con confidentes se unen excesivos cabos sueltos. Así,
buena parte de la base argumental, encabezada por la metodología del coronel de
la KGB para descubrir los secretos revelados luego a los occidentales,
permanece casi siempre en el terreno de la elipsis, lo que termina pareciendo
más un truco de magia narrativo que una finura de guion. Y junto a momentos de
cierta potencia coexisten fragmentos de producción directamente calamitosa,
como esos papeles ultrasecretos volando por la ventanilla del coche, o ese
elementalísimo guiño histórico con Mijaíl Gorbachov hablando en una reunión del
Politburó de la necesidad de una perestroika cuando aún era uno de los
intendentes de Yuri Andrópov.
Afirman sus responsables
que estamos ante un caso real poco conocido que, sin embargo, contribuyó
decisivamente a la caída del régimen soviético. Es posible, pero seguro que se
podía haber contado de una forma más clara. (Javier Ocaña)
Recomendada (con reservas).
martes, 6 de septiembre de 2011
Tournée (Mathieu Amalric, 2010)
Título
original: Tournée. Dirección: Mathieu
Amalric. País: Francia. Año: 2010. Duración: 111 min. Género:
Drama.
Guión: Mathieu Amalric, Philippe
Di Folco, Marcelo Novais Teles, Raphaëlle Valbrune. Fotografía: Christophe Beaucarne. Montaje: Annette Dutertre.
Dirección artística: Stéphane Taillasson. Vestuario: Alexia Crisp-Jones. Producción: Yaël Fogiel, Laetitia Gonzalez.
Mejor Dirección y Premio
FIPRESCI en el Festival de Cine de Cannes 2010.
Fecha del estreno: 13 Mayo 2011 (España)
Reparto: Mathieu Amalric (Joachim
Zand), Miranda Colclasure (Mimi Le Meaux), Suzanne Ramsey (Kitten on the Keys),
Linda Marraccini (Dirty Martini), Julie Ann Muz (Julie Atlas Muz), Angela De
Lorenzo (Evie Lovelle), Alexander Craven (Roky).
Sinopsis:
Al cumplir los 40,
Joachim Zand, productor de televisión parisino, lo abandona todo y se marcha a
Estados Unidos para iniciar una nueva vida. Regresa a Francia acompañado de las
New Burlesque, una compañía de mujeres voluptuosas que, como ellas mismas
dicen, hacen shows de striptease que hombres y mujeres disfrutan por igual.
Joachim les ha prometido una gira que concluirá a lo grande en un teatro de
París. Para cumplir su promesa, deberá recurrir a todos aquellos que abandonó,
lo que provocará la reapertura de viejas heridas del pasado.
Comentarios:
En una escena de Tournée, extraordinario cuarto
largometraje como director del actor Mathieu Amalric, se define el new burlesque, aunque no exactamente con
estas palabras, como un instrumento femenino concebido para reconquistar un
imaginario erótico tradicionalmente dominado, y moldeado, por la mirada
masculina. En el new burlesque, por
decirlo de otro modo, el striptease no tiene tanto que ver con la lubricidad
como con la identidad. En otro momento de la película, la fantástica Miranda
Colclasure resuelve un gatillazo encontrando una expeditiva solución a la
satisfacción de su propio placer.
En cierto sentido, se
podría decir que el new burlesque
supone para la tradición del convencional striptease lo que supuso el cine de
John Cassavetes para la dramaturgia del Hollywood clásico: un cuerpo que
construye su propio discurso frente a los cuerpos que se han sometido a las
exigencias e inercias de un discurso ajeno. El cuerpo tatuado de Miranda
Colclasure parece, por otra parte, el mapa que describe la ruta hacia el tesoro
oculto de la serie Z: un cuerpo contracultural como contracultural -y
activista, reivindicativo, político e insumiso- es el new burlesque.
Todas ellas estrellas
reales del new burlesque que interpretan,
ante la mirada transversal de la cámara, los números que ellas mismas han
concebido, las actrices convocadas por Amalric en el reparto de Tournée no responden, ni por edad, ni
por estética, a los parámetros de belleza consensuados en nuestro presente
plástico y vaciado de contenido: en la dignidad y el esplendor de sus cuerpos
está uno de los mayores efectivos de una película que, además, logra trascender
el rotundo argumento que, por sí mismas, generan esas presencias.
Tournée -premio a la
mejor dirección en el pasado Cannes, donde la película recibió, también, la
distinción de la Fipresci- cuenta la historia -aunque aquí el verbo contar solo
desvela una parte de lo que la película es- de la gira francesa del grupo de
estrellas del new burlesque que
comanda un exproductor televisivo caído en desgracia, encarnado por un Amalric
que parece canalizar la tensión y la inestabilidad del Ben Gazzara de The Killing of a Chinese Bookie (1976).
El relato coloca las claves del pasado del personaje en un espacio de
ambigüedad: importa más la desorientación presente que las raíces de su exilio.
París es, por un lado, la promesa incumplida, el destino que nunca llegará en
esta gira que, en realidad, es la forma itinerante que alcanzará la caótica
deriva del mánager antes de comprender que jamás volverá a casa. O que esa casa
simbólica ya se ha hecho pedazos. Por eso, el viaje encuentra su particular
oasis en un hotel vacío, perfecto escenario para frágiles renacimientos,
esbozadas reconciliaciones vitales y la climática asunción de esa
provisionalidad perpetua que es la condena -o el único hogar posible- de
quienes prefieren la intemperie a una integración que para ellos solo puede
significar algo parecido a la muerte. (Jordi Costa)
Recomendada.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011)
Título
original: Cowboys & Aliens. Dirección: Jon
Favreau. País: USA. Año: 2011. Duración: 118 min. Género:
Acción, Ciencia-Ficción, Western.
Guión: Alex Kurtzman, Roberto
Orci, Hawk Ostby, Damon Lindelof, Mark Fergus (a partir de la adaptación
cinematográfica de Mark Fergus, Hawk Ostby, Steve Oedekerk; basada en la novela
gráfica de Platinum Studios). Música: Harry
Gregson-Williams. Fotografía: Matthew
Libatique. Montaje: Dan Lebental, Jim May. Dirección artística: Scott Chambliss. Vestuario: Mary Zophres. Producción:
Brian Grazer, Ron Howard, Alex Kurtzman, Damon Lindelof, Roberto Orci,
Scott Mitchell Rosenberg.
Fecha del estreno: 2 Septiembre 2011 (España).
Reparto:
Daniel Craig (Jake Lonergan), Harrison Ford
(coronel Woodrow Dolarhyde), Olivia Wilde (Ella), Sam Rockwell (Justin Hammer),
Clancy Brown (Meacham), Noah Ringer (Emmett), Adam Beach (Nat Colorado), Paul
Dano (Percy Dolarhyde), Abigail Spencer (Alice).
Sinopsis:
En 1873, en el viejo
Oeste, los colonos y los indios se enfrentan en una batalla salvaje por el
control de las tierras. Pero cuando la Tierra se ve amenazada por seres de otro
planeta, ambos bandos deberán colaborar para salvar a la humanidad.
Comentarios:
Unos platillos volantes
muy años cincuenta persiguen y disparan sus rayos mortíferos sobre un vaquero
que replica con su revólver. Al pie de la imagen se lee: "La tan a menudo
idealizada imagen de los cowboys y los aliens". Se trata de un chiste de
Gary Larson, uno de los grandes heterodoxos del humor gráfico, que, con su
longeva serie The far side, popularizó un estilo que se apropiaba de
referentes de la cultura popular para bañarlos de surrealismo y colocarles una
lacónica frase forrada de sutileza y hábil manejo del sobreentendido. La
ocurrencia de Larson debió de infectar el imaginario de Scott Mitchell
Rosenberg, fundador de Platinum Studios, compañía multimedia con un pie en el
mercado del comic-book y las ambiciones puestas en la industria audiovisual:
bajo la inspiración del chiste, Rosenberg diseñó una franquicia, Cowboys
& aliens, que quería ser al mismo tiempo cinematográfica y tebeística.
Finalmente, Cowboys & aliens se hizo (mediocre) historieta, pero
recorrió un camino sinuoso hasta caer en Paramount y transformarse en el último
blockbuster de esta abigarrada cartelera veraniega.
Quizá por todo este
pintoresco origen, el público parecía dar por sentado que esta película se iba
a tomar su premisa a chirigota. El toque de gracia de Jon Favreau -actor
reciclado en director sin detectable estilo, pero casi siempre excéntrica
intención- ha consistido en frustrar, con ingenio, tal horizonte de
expectativas. En los primeros minutos ya hay un toque de genio: si el Clint
Eastwood de El jinete pálido tuvo la intuición de darle un giro
sobrenatural al arquetipo leoniano del Hombre sin nombre, convirtiéndolo en un revenant,
Favreau y sus deslumbrantes guionistas de la escuela Abrams replican mutando la
enigmática figura en un abducido. Cowboys & aliens es como un mashup
casi perfecto, que se olvida de ironías, proporciona carne a todas sus
figuras -hacía tiempo que Harrison Ford no estaba tan bien- y, en sus mejores
momentos -el rescate de la chica sobre el caza alienígena-, parece el sueño
libidinal de un cinéfilo mutante hecho puro espectáculo. (Jordi Costa)
Recomendada (con reservas).
sábado, 3 de septiembre de 2011
Festival de Cine de Venecia 2011
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| Un été brulant |
Por otro lado, a los 71 años, el cineasta italiano Marco Bellocchio, realizador de Vincere, En el nombre del padre y Buenos días, noche, entre muchas otras, recibirá un León de Oro honorífico por toda su carrera.
viernes, 2 de septiembre de 2011
El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011)
Título
original: Rise of the planet of the apes. Dirección: Rupert Wyatt. País: USA. Año: 2011. Duración: 107
min. Género: Ciencia-Ficción.
Guión: Rick Jaffa, Amanda Silver
(basado en la novela “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle). Música: Patrick Doyle. Fotografía: Andrew
Lesnie. Montaje: Conrad Buff, Mark Goldblatt. Diseño de producción: Claude Paré. Vestuario: Renée April. Producción:
Peter Chernin, Dylan Clark, Rick Jaffa, Amanda Silver.
Nominada a Mejores Efectos
Visuales en los Premios Oscar 2011.
Fecha del estreno: 5 Agosto 2011 (España).
Reparto:
James Franco (Will Rodman), Freida Pinto
(Caroline Aranha), Brian Cox (John Landon), Tom Felton (Dodge Landon), Andy
Serkis (César), John Lithgow (Charles Rodman), David Hewlett (Hunsiker), David
Oyelowo (Steven Jacobs), Tyler Labine (Robert Franklin), Jamie Harris (Rodney).
Sinopsis:
Precuela del ya mítico
largometraje "El planeta de los simios". Will Rodman es un joven
científico que está investigando con monos para obtener un tratamiento contra
el alzheimer, una enfermedad que afecta a su padre. Uno de esos primates,
César, un chimpancé recién nacido al que Will se llevó a casa para protegerlo,
experimenta una evolución en su inteligencia verdaderamente sorprendente. En el
estudio del simio le ayudará una bella primatóloga llamada Caroline.
Comentarios:
Películas con finales tan
memorables, infalibles, demoledores y acordes con lo que se ha estado contando
a lo largo del metraje anterior como el de El planeta de los simios
(Franklin J. Schaffner, 1968) invalidan por sí mismos cualquier retoque, continuación
o revisión. La Estatua de la Libertad. La destrucción. El apocalipsis. Nada de
puntos y aparte. Punto y final.
Quizá por ello todas las
tentativas de regreso a la temática iniciada con la novela original de Pierre
Boulle (cuatro insistentes películas cada vez más folletinescas, una serie de
televisión que nos alegró la infancia pero que no admite una visión madura, y
aquel nefasto remake de Tim Burton, con la selva creada en estudio más cutre de
la historia de las superproducciones) resultaban meros ejercicios de nostalgia
más o menos cochambrosos. Sin embargo, aquel dantesco desenlace dejaba un
resquicio para acercarse al relato desde una perspectiva con inmensas
posibilidades: la revelación de la raíz de esa sociedad distópica que
encontraba el astronauta Charlton Heston tras el aterrizaje de su nave. Y ahí
se adentra El origen del planeta de los simios, sorprendentemente
interesante germen de la película de Schaffner, ambientada en un futurible
presente en el que las compañías farmacéuticas parecen dispuestas a todo con
tal de, por ejemplo, encontrar un remedio contra el alzhéimer y, sobre todo, de
forrarse de dinero aun a costa de la seguridad. Así, el guion construido
alrededor de las investigaciones sobre la recuperación de la memoria en los seres
humanos permite al padre enfermo del científico protagonista ejercer de
elemento dramático detonador de sentimientos, sensaciones y problemáticas.
Mientras, la perfección a
la que ha llegado la técnica de la captura de movimientos (almacenamiento de
las acciones de actores humanos para su posterior animación digital) permite
que el mono protagonista sea un prodigio de expresividad facial (aún queda un
paso para que saltos y vuelos sean del todo realistas), como ya lo eran los
anteriores trabajos del actor elegido para la tarea, el felizmente encasillado
Andy Serkis, que no era nadie antes de inspirar los movimientos de Gollum y de
King Kong, y que ahora es poco menos que una estrella.
De modo que a la película
solo se le pueden echar en cara un par de desperfectos, y no de base, sino
colaterales. El primero, de guion, porque el giro desde el doctor loco
dispuesto a todo hasta el buen científico que no quiere arriesgar es demasiado
rápido y contraproducente. Y el segundo, de dirección, porque a la puesta en
escena del poco conocido Rupert Wyatt le sobran unos cuantos movimientos de
cámara construidos en el ordenador, en teoría virtuosos pero en realidad
bastante más falsos que los saltos de los monos. Algo que se olvida con la
doblemente espectacular media hora final, contagiosa para el entretenimiento e
infecciosa en su perversidad social. (Javier Ocaña)
Recomendada.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Adiós, preciosas vacaciones
martes, 2 de agosto de 2011
¡Vacaciones!
Linterna Mágica
























