lunes, 3 de abril de 2017

Tócala otra vez, Sam (Hal Wallis, el productor)

75 aniversario de una de las películas más icónicas de la historia: Casablanca


Harold Brent Wallis fue el productor y artífice de Casablanca. En aquellos tiempos, él (y siempre era “él”, pues por entonces no había mujeres productoras) elegía al director, al guionista, a los actores principales, al director de fotografía e incluso al ayudante de dirección. Bajo el sistema de los estudios, los ejecutivos barajaban a guionistas, directores, estrellas e incluso productores como si fueran piezas de un rompecabezas. Casablanca podría haber sido muy diferente; a Harold Brent Wallis le debemos eterno agradecimiento. A los cuarenta y tres años, Wallis decidió que quería mayor autonomía y formó su propia productora, Hal Wallis Productions, con la misión de realizar cuatro películas al año para la Warner. Podría quedarse con algunos de sus proyectos preferidos. Entre ellos eligió Casablanca.
Jack Warner, Michael Curtiz y Hal B. Wallis

Wallis había recibido una copia del fiasco teatral Everybody comes to Rick´s en diciembre de 1941, justo después de que los japoneses bombardearan Pearl Harbor. El estudio pagó 20.000 dólares por la obra de Murray Burnett y Joan Alison. Si la obra  hubiera llegado a la mesa de Wallis en agosto de 1941 y no en diciembre, habría habido muchas posibilidades de que no la hubiera comprado. El antagonismo entre Rick y los representantes de los nazis  no habría tenido tanto significado. Y de haber llegado en 1939, el guión antinazi se habría considerado propaganda. Pero ahora, de pronto, las películas americanas tenían que cambiar para encajar con la nueva imagen bélica de América.

Es notable que durante la mayor parte de la película Rick se enorgullezca de ser neutral en cuestiones políticas y de situación mundial, fanfarroneando: “Yo no me juego el cuello por nadie”. Por supuesto al final se involucra. Rick, como América, decide comprometerse. En noviembre de 1942, el mes del estreno de la película en Nueva York, los americanos eran relativamente optimistas respecto a esta reciente implicación: Las tropas de los Estados Unidos y el Reino Unido habían invadido el norte de África, mientras la marina de Estados Unidos hundía veintitrés barcos japoneses en las islas Salomón. Casablanca iba a ayudar a que la gente se convenciera de que las decisiones tomadas eran correctas.

El don de la oportunidad de la película continuó con el estreno a nivel nacional el 23 de enero de 1943. En ese mismo momento, los periódicos publicaban la noticia de que Roosevelt y Churchill habían mantenido una reunión secreta de estrategia en… la ciudad de Casablanca.

Conferencia de Casablanca, 1943

El director: La primera opción como director fue William Wyler, que había trabajado con Bette Davis en Jezabel para Warner Bros. Pero Wyler acababa de alistarse en el ejército, de modo que Wallis recurrió a Michael Curtiz, que había sido nominado al Oscar por Ángeles con cara sucia. Curtiz aceptó el empleo, director a sueldo.

Los guionistas: Para adaptar la obra Wallis contrató a Julius J. y Philip G. Epstein, unos hermanos gemelos famosos por sus brillantes diálogos. Los ocupadísimos Epstein sólo consiguieron completar el primer tercio del guión de Casablanca antes de ser requeridos por Frank Capra para escribir documentales de adiestramiento patriótico. Frustrado, Wallis contrató a Howard E. Koch, un guionista recién llegado a la Warner, que se había ganado una reputación trabajando en las obras radiofónicas de Orson Welles, incluyendo La guerra de los mundos. No hubo intrigas profesionales entre los tres, y todos aceptaron su papel como escritores a sueldo. A Koch se le atribuye el mérito de agudizar el punto de vista político de la película. Él ideó el pasado de Rick como combatiente por la República en España y contrabandista de armas en Etiopía.

Los hermanos Julius y Philip Epstein, y Howard Koch

Los actores: Wallis, mientras tanto, estaba concentrado en el casting. La lucha de egos entre Wallis y su jefe superior, Jack Warner, se tornó cada vez más difícil. El estudio publicó una nota de prensa diciendo que Ronald Reagan y Ann Sheridan iban a protagonizar Casablanca. En aquella época los estudios tenían la costumbre de enviar notas de prensa semanales, promocionando a sus actores en nómina. Wallis quería a  Bogart que también estaba en la nómina de la Warner. Jack Warner no veía a Bogart como protagonista romántico, “¿quién demonios querría besar a Bogart?”, gritaba... ¡Wallis ganó el pulso!


También quería a una actriz europea, y pensó en Ingrid Bergman, que en 1936 había causado tal impresión con Intermezzo que David O. Selznick se la había llevado a Estados Unidos. Selznick la había cedido para algunas películas americanas, ya que  era plenamente consciente de que todavía no había alcanzado el estatus de estrella.  Wallis pagó a Selznick 25.000 dólares por el privilegio.

La primera opción de Wallis para interpretar al luchador por la libertad Victor Laszlo  fue Philip Dorn, pero este tenía problemas con las fechas. Paul Henreid era su segunda opción, pero Henreid rechazó el papel, cuando leyó el guión le pareció un cuento de hadas ridículo. Además él quería papeles de primera, acababa de protagonizar La extraña pasajera. Lew Wesserman, el agente de Henreid, lo convenció de que dado su origen austríaco, haría bien en bajar la cabeza y seguir trabajando.

Humphrey Bogart, Claude Rains, Ingrid Bergman y Paul Henreid

El resto del reparto de Casablanca se completó con excelentes inperpretes de la nómina de la Warner, como Claude Reins, Sydney Greenstreet y Peter Lorre. Para el personaje de Sam, el pianista, Wallis quiso contratar a una mujer. Comprobó la disponibilidad de Lena Horne y de Hazel Scott, pero luego volvió a cambiar de opinión. Finalmente el papel fue a parar a Dooley Wilson, un bateria capaz de actuar pero incapaz de tocar el piano.

Wilson, Bogart y Bergman

La banda sonora: Se podía erigir como el verdadero as en la manga, por lo menos la más inmortal de sus canciones. En la obra teatral Everybody comes to Rick´s el coautor Burnett había especificado que quería utilizar la canción As time goes by en el espectáculo. Wallis respetó la propuesta de Burnett, pero cuando Max Steiner se incorporó al proyecto, para componer la banda sonora, decidió cortar la canción y usar una de sus propias composiciones. Acababa de cosechar un gran éxito con It can´t be wrong, basada en un tema que había escrito para La extraña pasajera. Steiner no tardó en darse cuenta, sin embargo, de que no tendría más remedio que incluir la canción, pues ya se había rodado la escena en que Bergman pide a Sam que toque As time goes by. Era imposible volver a rodar otra escena, pues a Bergman ya le habián cortado radicalmente el pelo para el rodaje de Por quién doblan las campanas.El tema As time goes by permaneció durante cuatro semanas en el número uno de las listas de éxito, en la primavera de 1943. Steiner también tuvo que resignarse a aceptar otro momento musical, la escena en la que los clientes del café Rick cantan La marsellesa, para contrarrestar a los alemanes que cantan Die watch am Rheim. Mientras cantaban La marsellesa, la mitad del reparto estaba llorando. La razón: todos eran refugiados de verdad. Tanto dentro como fuera de la pantalla, Casablanca fue una de las primeras películas verdaderamente internacionales de Hollywood. El reparto incluía 75 actores, en pequeños papeles, casi todos ellos inmigrantes de 24 nacionalidades diferentes. Ocho de los diez actores principales habían nacido fuera de Estados Unidos, Bergman, Reins, Henreid,Conrad Veit, Lorre, Greenstreet, S.Z. Sakall y Madeleine LeBeau. Además Curtiz y gran parte del equipo nacieron en el extranjero, igual que dos de los cuatro hermanos Warner.

Victor Laszlo entona "La Marsellesa"

Como quiera que Casablanca no se estrenó en Los Ángeles hasta 1943, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas obligó que optara a los premios Oscars de aquel año. Fue otro golpe de suerte para la película, de haberse estrenado en 1942, hubiera competido con La señora Miniver, otra inteligente película de Hollywood sobre la necesidad urgente de implicarse en la guerra. Casablanca obtuvo ocho nominaciones; la ceremonia tuvo lugar el 2 de marzo de 1944 en el teatro chino de Grauman, el primer año que se celebraba en esa sala.  La Academia invitó a hombres y mujeres de las fuerzas armadas a asistir a la velada, con Jack Benny como presentador. Cuando Casablanca ganó la primera de sus estatuillas, por el mejor guión, Koch aceptó el trofeo en nombre de los Epstein, que se encontraban en Nueva York trabajando en una obra de teatro. Curtiz había preparado su discurso los dos años anteriores en que había sido nominado, pero no en esta ocasión. Cuando el productor Sidney Franklin anunció la ganadora a la mejor película, el público soltó una exclamación de sorpresa, y luego aplaudió calurosamente el inesperado resultado. A Wallis le pilló por sorpresa no sólo el resultado, sino también ver quien se apresuraba a recogerlo; en su biografía recordaba: “Eché a andar por el pasillo para recoger mi premio. Para mi asombro, Jack Warner se puso de pie como un resorte, corrió hacía al escenario y lo recibió antes que yo”. La mayoria de los especialistas estuvieron de acuerdo en que Wallis, como productor y fuerza motora merecia el trofeo, pero Warner no estaba haciendo nada extraño. En aquella época, el trofeo a la mejor película se entregaba al estudio, hasta 1951 no se incluyó a los productores independientes, el primero fue Arthur Freed por Un americano en París. La indignación de Wallis disminuyó un poco cuando le fue entregado el premio Thalberg “por la más alta y consistente calidad de producción a cargo de un productor individual”.

El coste final de la película fue de 1.039.000 dólares y reportó al estudio 3.015.000 dólares durante el primer estreno en Estados Unidos, ocupando la séptima posición en beneficios brutos de 1943.

Parece apropiado que Hal Wallis sea recordado como la fuerza motora que impulsó Casablanca, una película de estudio perfectamente realizada. En 2001, el Instituto Norteamericano del Cine llevó a cabo una encuesta entre cineastas y educadores pidiéndoles que eligieran su historia de amor favorita: ganó Casablanca, por delante de Lo que el viento se llevó, un recordatorio más del afecto que tantas personas, tanto de dentro como de fuera de la industria, sienten por la notable película de Hal Wallis.

Os dejamos con la música de Max Steiner para Casablanca:



  
Ana Márquez






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