miércoles, 20 de abril de 2016

Recordando... El nacimiento de una nación, de David W. Griffith


Una de las películas más reverenciadas pero también más vilipendiadas, "El nacimiento de una nación" (1915), de D.W. Griffith, es importante por los mismos motivos que provocan reacciones tan divergentes. De hecho, pocas veces ha merecido una película tales alabanzas y menosprecio, lo cual aumenta en muchos sentidos el valor de la cinta, no solo en los anales del cine, sino como producto histórico esencial (algunos dirían reliquia).

Se sabe que Griffith, que basó su película en la obra explícitamente racista de Thomas Dixon "The Clansman: An Historical Romance of the Ku Klux Klan", era indiferente al sesgo racista del tema. Hasta qué punto fue cómplice de propagar un mensaje tan nefasto ha sido objeto de debate durante casi un siglo. Sin embargo, no se han discutido los méritos artísticos y técnicos de la obra. Griffith solía estar más interesado en las posibilidades del medio que en el mensaje, y en este sentido sentó las bases del Hollywood moderno.

"El nacimiento de una nación" fue el primer relato histórico, y demostró que incluso en la era del cine mudo, el público estaba dispuesto a permanecer sentado durante tres horas para ver un buen drama. Gracias a incontables innovaciones artísticas, Griffith creó el lenguaje cinematográfico moderno, y si bien algunos elementos de "El nacimiento de una nación" pueden parecer hoy anticuados o peregrinos, todas las películas posteriores están virtualmente en deuda con ella, sea en la forma o en la planificación. Griffith introdujo el uso de primeros planos dramáticos, tomas de persecución y otros movimientos de cámara expresivos, secuencias de acción paralelas, secuencias simultáneas que se van alternando y otras técnicas de montaje, además de la primera banda sonora orquestal. Es una pena que todos estos elementos innovadores estuvieran al servicio de una historia de tan dudoso valor.

Fotograma de "El nacimiento de una nación"

La primera mitad de la película transcurre antes de la guerra de Secesión y explica la introducción de la esclavitud en Estados Unidos. Presenta a dos familias, los Stoneman, del Norte y los Cameron, del Sur. La historia se narra a través de estas familias, y a menudo de sus criados, desplegando los peores estereotipos sociales. Cuando la nación queda dividida a causa de la guerra, se muestra a los esclavos y a los abolicionistas como la fuerza destructora que impulsa los acontecimientos.

El racismo de la película es aún peor en la segunda mitad, que se desarrolla durante la reconstrucción de la posguerra y narra el ascenso del Ku Klux Klan, cuyos miembros se consideran los héroes de la película. El hecho de que Griffith introdujera con calzador una historia de amor en el seno de su guerra de razas es absolutamente audaz. Es, con frecuencia, emocionante y perturbador al mismo tiempo.

No cabe duda de que "El nacimiento de una nación" es una potente herramienta de propaganda, aunque con un mensaje político que revuelve el estómago. Solo el puritano Ku Klux Klan puede mantener la unidad de la nación, parece decir, de modo que no es de extrañar que, incluso en aquella época, la película fuera recibida con indignación. Provocó protestas de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP), dio pie a disturbios y obligó al propio Griffith, tiempo después, a responder a las críticas con su todavía más ambiciosa "Intolerancia" (1916). De todos modos, el hecho de que "El nacimiento de una nación" siga siendo respetada y estudiada incluso en nuestros días revela su importancia intemporal a pesar de su temática.

Os dejamos con un curioso fragmento de la película, donde uno de sus protagonistas, fundador del KKK, le surge la inspiración de esta racista organización. Atención a los negros que salen en la película, no son negros de verdad, sino blancos abetunados. Esto nos hace pensar la posición sobre el tema del padre de la criatura, D.W. Griffith. Disfrutad con el fragmento, sin coñas.


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