domingo, 6 de mayo de 2012

Recordando... La carreta fantasma, de Victor Sjöström




Un celebrado éxito mundial en su estreno, "La carreta fantasma" (1921) no solo cimentó la fama del director, guionista y actor Victor Sjöström y el cine mudo sueco, sino que también tuvo una influencia artística bien documentada en muchos grandes directores y productores. El elemento mejor conocido de la película es sin duda la representación del mundo espiritual como un limbo atormentado entre el cielo y la tierra. La escena en que el protagonista -el odioso y autodestructivo alcohólico David Holm (Sjöström)- despierta al oír las campanas de la Nochevieja y contempla su propio cadáver, sabiendo que está condenado al infierno, es una de las más citadas de la historia del cine.

Realizada en una serie de dobles exposiciones sencillas y meticulosamente organizadas, que exigieron mucho tiempo, el director, su fotógrafo y un experto en técnicas de laboratorio crearon la ilusión tridimensional de un mundo fantasmal que jamás se había visto en el cine. Tal vez más importante fue la complicada aunque asequible narración vista a través de una serie de flashbacks (incluso flashbacks dentro de otros), que elevaron este duro relato de pobreza y degradación a la excelencia poética.


 


Si retrocedemos en la carrera de Sjöström, "La carreta fantasma" es una extensión teológica y filosófica de los temas sociales introducidos en su controvertida "Ingeborg Holm" (1913). Ambas películas describen la progresiva destrucción de la dignidad humana en una sociedad fría e implacable, que empuja a sus víctimas hacia la brutalidad y la locura. La relación entre las dos se ve reforzada por la presencia de Hilda Borgström, inolvidable como Ingeborg Holm y ahora en el papel de una esposa torturada, otra señora Holm desesperada. Interpreta de nuevo a una madre compasiva pero pobre, condenada al suicidio o a la vida en un manicomio.

La ingenuidad religiosa que subyace en el seno de la novela de Selma Lagerlöf, adaptada con fidelidad, podría provocar carcajadas ocasionales en un público seglar ochenta años después, pero la interpretación "realista" y el oscuro destino de los personajes principales, que casi llega a su conclusión lógica si no fuese por un final melodramático, nunca deja de impresionar.

Nos quedamos con la célebre secuencia antes aludida, donde David Holm ve acercarse a la Carreta Fantasma y con ella, la Muerte.



No hay comentarios:

Publicar un comentario