jueves, 16 de junio de 2011

Mitomanía... Judy Garland


Nací a los doce años en los estudios de la Metro Goldwyn Mayer”, solía bromear Judy Garland. Pero era cierto. Nunca tuvo infancia. Creció y vivió demasiado aprisa.
Nacida en Grand Rapids, Minnesota, el 10 de junio de 1922, Frances Gumm (éste era su verdadero nombre) debutó a los tres años en un espectáculo de music-hall en el que intervenían sus padres y hermanas. A los cinco años formaba parte del trío Gumm Sisters y a los siete años recorría toda California con la troupe de los Meglin Kiddies.
En 1934 el trio familiar, que se había convertido en Garland Sisters, se disuelve, y Judy (el nombre lo tomó de una popular canción de Haogy Carmichael) emprende una carrera como solista, por consejo y casi imposición de su dominante madre.
Contratada por la Metro Goldwyn Mayer gracias a su excepcional voz, cuando ya estaba pasada de edad vendría su gran éxito de El mago de Oz, celebrado como “la mejor actuación juvenil del año” y merecedor de un Óscar especial.
Convertida en gran estrella musical, su carrera prosiguió triunfante, contando siempre con los mejores músicos y letristas (Cole Porter, Irving Berling, los hermanos Gershwin), los más afamados bailarines (Fred Astaire y Gene Kelly) y los más prestigiosos técnicos (los directores Busby Berkely, Vicente Minelli y Charles Walters, y el productor Arthur Freed).
Para sobrellevar el vértigo de su acelerada existencia, Judy se había aficionado desde los trece años a los barbitúricos. Insegura y vulnerable, su vida de adulta atravesó grandes crisis emocionales, numerosos intentos de suicidio y escandalosos internamientos en hospitales, que provocaron su despido de la Metro.
Pero Judy se rehízo y emprendió una nueva carrera de cantante que reverdeció e incluso superó pasados laureles. Ninguna otra estrella de Hollywood había sido capaz de pasar del cine a la canción con similar respuesta popular.
Su muerte, a los 47 años de edad, todavía rodeada de misterio, significó el ocaso de todo un tipo de cine musical y el final de un estilo personal de “estar sobre un escenario” que ya no era compatible con los nuevos tiempos.
Hoy la recordamos cantando esa canción estupenda, convertida en un himno, de la película El mago de Oz, titulada “Somewhere over the rainbow”. A disfrutar, cinéfilos.

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