sábado, 24 de septiembre de 2022

X (Ti West, 2022)

 

Título original: X. Dirección: Ti West. País: USA. Año: 2022. Duración: 105 min. Género: Terror.

Guión: Ti West. Música: Tyler Bates, Chelsea Wolfe. Fotografía: Eliot Rockett. Producción: A24, Bron Studios, MAD SOLAR.

Fecha del estreno: 29 Abril 2022 (España).

 

Reparto: Mia Goth, Jenna Ortega, Brittany Snow, Kid Cudi, Martin Henderson, Owen Campbell, Stephen Ure, Geoff Dolan, James Gaylyn, Simon Prast.

 

Sinopsis:

En 1979, un grupo de jóvenes cineastas se propusieron hacer una película para adultos en la zona rural de Texas, pero cuando sus anfitriones solitarios y ancianos los atrapan en el acto, el elenco pronto se encuentra en una lucha desesperada por sus vidas.

 

Comentarios: 

Hay una secuencia en X, la nueva incursión en el género del terror de Ti West, director de La casa del diablo, que concentra todo el poder visual de una película cuyas ideas metafílmicas se evocan desde el humor, el sexo y la sangre. Se trata de un momento tan cautivador como aterrador en el que la protagonista del filme, la magnética Mia Goth, se baña desnuda en un pantano cercano a la granja donde ella y un grupo de conocidos ruedan una película porno low cost. Como en el icónico cuadro prerrafaelita Ofelia, de John Everett Millais, el cuerpo de Goth flota desafiando a la naturaleza y la oscuridad. El espectador sabe que un cocodrilo enorme la observa y va a por ella. Con sus peculiares cejas transparentes y sus ojos pintados con una sombra azul eléctrico, uno de tantos detalles que apelan a su belleza algo perversa y siempre contemporánea, Ti West muestra la doble cara de un personaje tan inocente como fuerte y salvaje. El ojo pintado frente al poder de un animal de otro tiempo.

X es un filme-homenaje a las carreteras secundarias del cine de los años setenta, con especial atención a dos películas de culto como La matanza de Texas y Garganta profunda. Con esos mimbres, ofrece una original y muy desatada inmersión en los peores miedos de la América profunda y sus enrevesadas formas de paganismo puritano. La película consigue dar verdadero mal rollo gracias a una ambientación especialmente afinada y a un humor que hace digerible su banquete de vísceras.

La historia arranca en un burdel del que salen dos strippers dispuestas a rodar una película porno de autor. Goth, Brittany Snow y Jenna Ortega bordan sus papeles, especialmente la primera, que compone ese personaje gélido y de fuego que se pasea por una granja polvorienta y llena de secretos repulsivos en topless y con peto.

Ti West se adentra en la típica carnicería de cuerpos jóvenes desde una perspectiva cada vez más explorada en el cine de terror actual, la vejez. Esta vez, llevado al extremo del voraz apetito sexual de una anciana. Es la parte menos convincente de una película que, por el contrario, sí logra hacer metacine fresco e inteligente sin caer en guiños fatuos. (Elsa Fernández-Santos)

Recomendada.




viernes, 23 de septiembre de 2022

Nicolas Roeg (1928-2018)

 


Cuando un cineasta muere, es muy fácil escribir sobre lo rompedor de sus películas y lo avanzado que fue a su tiempo. Pero en el caso de Nicolas Roeg, fallecido el 23 de noviembre de 2018, a los 90 años, fue absolutamente cierto. Durante los años setenta e inicios de los ochenta conformó un corpus autoral creativo, distinto, que ha marcado las obras de cineastas posteriores como Paul Thomas Anderson o Christopher Nolan, que impulsó lo visual por encima de lo narrativo -influencia de su anterior labor como director de fotografía, en el que incidía en el sexo, el terror o la locura, y que provocó enfrentamientos apasionados entre detractores y fans de su trabajo. Como nota curiosa, en sus películas actuaron músicos como Art Garfunkel, Mick Jagger y David Bowie.

 

Roeg nació en 1928 en Londres. Al otro lado de su calle había un estudio de cine, y allí empezó en 1947, tras hacer la mili, a trabajar como chico para todo. En su escala en el cine pasó por operador de cámara hasta la dirección de fotografía. En esas labores participó en Cruce de destinos, Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, Fahrenheit 451, La venus de la ira, Lejos del mundanal ruido, Petulia o incluso en un Bond: Casino Royale.

 


Pero Roeg quería dirigir. Se coaligó con otro realizador, Donald Cammell, para levantar Perfomance, protagonizada por Mick Jagger en un momento álgido de la fama del cantante... lo que no impidió que la película estuviera sin estrenarse dos años, de 1968, cuando se filmó, a 1970. El guion de Cammell, que describe el encuentro entre una estrella del rock y un gánster ultraviolento (encarnado por James Fox), y el estilo visual de Roeg atascaron la película en algún almacén. Eso sí, cuando se estrenó, se convirtió en un título abanderado de la contracultura inglesa. "Las películas no son guiones, las películas son cine", contaba en una entrevista en The Guardian en 2006, y defendió ese principio toda su vida.

 


En 1971 estrenó su siguiente trabajo, un thriller desarrollado en Australia, Walkabout, que incrementó su fama en círculos reducidos, pero que no encontró espectadores. Por fin, con su tercera película, Roeg dio la campanada: Amenaza en la sombra (Don't Look Now), con Donald Sutherland y Julie Christie, un filme de terror psicológico basado en un cuento de Daphne Du Maurier. Fue calificada X en Reino Unido, aunque en esta ocasión al menos le dejaron mostrar el sexo que él quería en pantalla; en Perfomance, un técnico del laboratorio, escandalizado, tiró a la basura las secuencias de mayor contenido erótico. Así llegaron sus mejores trabajos: El hombre que cayó a la Tierra (1976) -con David Bowie en su faceta más pop-, Contratiempo (1980) -otro thriller erótico con músico, en este caso Art Garfunkel, y Theresa Russell. Russell se casó años después con Roeg y juntos hicieron seis películas.

 


Su carrera siguió con Eureka (1983), con Gene Hackman; Insignificancia (1985), en la que cuatro iconos de los años cincuenta se reúnen en la habitación de un hotel -por motivos legales no se podían nombrar, pero Russell, por ejemplo, encarnó a Marilyn Monroe, y decayó con Robinson Crusoe por un año (1986). En Ruta 29 (1988) llevó a la pantalla un guion de Dennis Potter con Russell y Gary Oldman.

 


Mucho más rara es en su filmografía La maldición de las brujas (1995), que versionó un cuento de Roald Dahl con criaturas creadas por Jim Henson. El resto de sus trabajos acabaron siendo thrillers de alto contenido erótico pero poca sustancia y películas para televisión, entre las que destaca su adaptación canónica de El corazón en las tinieblas, de Joseph Conrad, con Tim Roth y John Malkovich. En 2007 llegó su último largometraje, Puffball, una historia de brujería en la Irlanda rural. (Gregorio Belinchón)






jueves, 22 de septiembre de 2022

Il buco (Michelangelo Frammartino, 2021)

 


Título original: Il buco. Dirección: Michelangelo Frammartino. País: Italia. Año: 2021. Duración: 125 min. Género: Drama.

Guión: Michelangelo Frammartino, Giovanna Giuliani. Fotografía: Renato Berta. Montaje: Benni Atria. Sonido: Simone Paolo Olivero. Dirección de Arte: Giliano Carli. Producción: Marco Serrecchia, Michelangelo Frammartino, Philippe Bober.

Premio Especial del Jurado del Festival de Cine de Venecia 2021. Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2021).

Fecha del estreno: 9 Septiembre 2022 (España).

 

Reparto: Leonardo Larocca, Claudia Candusso, Mila Costi, Carlos José Crespo, Antonio Lanza, Nicola Lanza.

 

Sinopsis:

En agosto de 1961, los espeleólogos del floreciente norte de Italia llegan a una meseta de Calabria donde el tiempo parece haberse detenido. Los intrusos descubren una de las cuevas más profundas del mundo, el Abismo de Bifurto, bajo la mirada de un viejo pastor, único testigo del territorio virgen.

 

Comentarios:

En el año 1961, un equipo de espeleólogos del norte de Italia emprendió la exploración del abismo del Bifurto, en el interior calabrés del monte Pollino, en busca de algo tan hermoso como lo nunca visto. Un viaje al centro de la tierra, a través de una sima indescifrable, que tras interminables días de inmersión alcanzó los 687 metros. Hacia abajo, claro. Y una aventura con la que el muy original director Michelangelo Frammartino ha creado Il buco, libérrima aproximación a lo sentido aquellos días, ganadora del premio especial del jurado en el festival de Venecia de 2021.

Frammartino no es un cineasta convencional. El italiano experimenta con los formatos articulando relatos que sin ser documentales están asentados en buena parte de sus técnicas, y siendo ficciones apenas se alimentan de diálogos o imágenes que aspiren a doblegar de algún modo la realidad. Sus docudramas, término en desuso que quizá sea el que mejor encaje con su obra, calan desde dentro de sus ilustraciones para introducir al espectador en una realidad completamente ajena, de la que pasa a formar parte como el más privilegiado de sus observadores.

La utilización del sonido ambiente ya resultaba descomunal en Le quattro volte (2010), estrenada en la Quincena de Realizadores de Cannes y más tarde en los cines españoles, película suicida en lo comercial e interesantísima en lo artístico acerca del ciclo de la vida del animal, del vegetal y del mineral (y del ser humano), que se centraba en un anciano, un abeto, una cabra y trozo de carbón. Para algunos sonará delirante, pero seguro que hay lectores a los que les parecerá apasionante. Lo era en buena parte, en una pieza artística sin una sola palabra. La parsimonia se convertía en aventura, y era inolvidable el segmento del viejo que para curarse la tos bebía cada noche un vaso de agua con polvos recién recogidos del suelo de una iglesia por la señora de la limpieza. Se moría, claro, pero qué muerte.

En Il buco, entre la brisa, la niebla y la lluvia, otro anciano es el único personaje de una película austera y rigurosa en la que también reina la ausencia de diálogos, solo escuchados de fondo. Y él es el único al que Frammartino rueda de cerca, en planos cortos, filmando los surcos de su rostro como el que retrata el paisaje físico de la naturaleza en el abismo de la edad, al borde de la muerte. El abismo, la palabra que domina las imágenes de un trabajo a contracorriente e insólito, listo para el deleite o el suplicio, según se logre entrar (o no) en su dinámica. Aunque el que esto escribe lo haya vivido con la pasión de un relato de aventuras de Julio Verne destilado por el cine etnográfico de Jean Rouch.

Con una bella fotografía de exteriores y de interiores apenas iluminados por una pequeña llama o la luz del casco de un espeleólogo, Frammartino conmueve con algo tan sencillo como la naturaleza. Tan sencillo y tan misterioso. Una sima física que apela a lo atávico y a lo cósmico, pero que no deja de ser plenamente contemporánea y terrenal, como en esa mágica imagen de los dos hombres que juegan al fútbol, lanzándose pases de un extremo a otro de la apertura de la gruta, como dos niños felices incapaces de conocer los más oscuros secretos del universo. (Javier Ocaña)

Recomendada.




miércoles, 21 de septiembre de 2022

Yo confieso (Alfred Hitchcock, 1953)


 

Título original: I Confess. Dirección: Alfred Hitchcock. País: USA. Año: 1953. Duración: 95 min. Género: Suspense.

Guión: George Tabori, William Archibald (Novela: Paul Anthelme). Fotografía: Robert Burks. Música: Dimitri Tiomkin. Montaje: Rudi Fehr. Sonido: Oliver S Garretson. Ayudante de dirección: Don Page. Vestuario: Orry-Kelly. Producción: Alfred Hitchcock (Warner Bros.).

Sección Oficial del Festival de Cannes 1953.

Fecha del estreno: 12 Febrero 1953 (USA).

 

Reparto: Montgomery Clift (Padre Michael William Logan), Anne Baxter (Ruth Grandfort), Karl Malden (inspector Larrue), Brian Aherne (Willy Robertson), O.E. Hasse (Otto Keller), Dolly Haas (Alma Keller), Roger Dann (Pierre Grandfort), Charles André (padre Millars), Judson Pratt.

 

Sinopsis:

Un sacerdote escucha la confesión de un criminal. Cuando las circunstancias implican al cura, y las sospechas de la policía recaen sobre él, entonces tendrá que afrontar una espinosa situación: no puede contar lo que sabe; tiene, pues, que encubrir al culpable porque está obligado a respetar el secreto de confesión.

 

Comentarios:

‘Yo confieso’ (I Confess’, Alfred Hitchcock, 1953) es otra de esas películas con las que el maestro del suspense no estaba contento, incluso llegó a declarar que nunca debió filmarse. Fueron muchos los problemas con los que tuvo que lidiar en la producción de un film que adapta la obra teatral de Paul Anthelme de principios de siglo, obra que no interesaba demasiado a Hitchcock y que alguien le vendió con la idea de que tendría buen material para una de sus películas.

El film pretendía ser mucho más atrevido de lo que finalmente vimos en pantalla. Debido a la historia de un cura implicado en un asesinato por secreto de confesión, éste pasa a ser el principal sospechoso, descubriéndose ciertos factores de su vida privada pasada en la que consta un hijo con una mujer casada. La censura logró meter la mano para anular dicho detalle, que sin duda habría sido muy polémico en la trama. Hitchcok era católico y con razón, eso le habría dado igual. Sus preocupaciones eran otras.

Para empezar quería que el papel principal, el del cura, recayese en manos de actores como Cary Grant o James Stewart, pero ambos lo rechazaron, no llevándose muy bien con Montgomery Clift, ya que no le gustaban los actores de método. El actor se pasó buena parte del rodaje borracho —en alguna secuencia incluso puede apreciarse, como la del ferry—, y Hitchcock, que no era amigo de los enfrentamientos, pedía a otros que hablasen con Clift al respecto de su estado.

Con todo hay que decir que Clift, uno de los actores de moda en aquel entonces, está fantástico en el personaje de cura que conoce la identidad de un asesino cuyo nombre no puede desvelar por el secreto de confesión. El rostro del actor refleja a la perfección el estado de ánimo de un personaje recto, justo y que prefiere sufrir un calvario antes que traicionar sus principios y creencias. Son dos los instantes en los que Hitchcock enlaza a Clift con una imagen de Jesucristo, comparando ambos sufrimientos.

 

 

Para el papel femenino de Ruth, la única persona que puede demostrar la inocencia del padre Logan (Clift), el director británico quería a toda costa a la actriz sueca Anita Björk, pues le había impresionado mucho con su interpretación en ‘La señorita Julie’ (‘Fröken Julie’, Alf Sjöberg, 1951), pero el estudio no estaba dispuesto a respaldar a una madre soltera —eran otros tiempos, y cierta historia con Roberto Rossellini e Ingrid Bergman ya había sido un sonado escándalo—, así que Hitchcock tuvo que conformarse con Anne Baxter, aprovechando el reciente éxito de ‘Eva al desnudo’ (‘All About Eve’, Joseph L. Mankiewicz, 1950).

Tal vez la actriz no esté a la altura de Clift, quien no necesita un solo diálogo para transmitir, pero al menos posee cierto feeling. Al lado brilla como el asesino que se esconde tras una confesión, O.E. Hasse, alguien de quien en un principio uno se apiada, pero poco a poco, remordido por la conciencia y por la sospecha de que el padre Logan contará todo a la policía, va envenenándose como ser humano hasta terminar siendo maldad pura. Karl Malden, otro actor muy de moda en aquellos años, es el policía que sospecha de Logan y hace todo lo posible por inculparlo; un personaje ciertamente tópico, pero que gracias al gran actor logra apartarse del cliché.

 

 

Toda la película navega alrededor de un hecho que para muchos, incluido el propio director, es insostenible: el padre Logan aguantando ser acusado y juzgado de asesinato cuando sabe perfectamente quién es el asesino. El público no católico de la época, por razones obvias, no se creyó lo del secreto de confesión, y si lo pensamos bien es un poco ridículo. Pero ahí está la película más de cincuenta años después, ganando con el paso del tiempo y fortaleciéndose en muchos aspectos.

Para empezar, el relato es de lo más oscuro, aunque por el medio nos introduzcan un largo flashback —filmado con claro tono onírico en alguno de sus momentos— que supone la historia de amor entre Logan y Ruth. El inicio, de claro carácter expresionista, con una impecable fotografía de Robert Burks, que desde el trabajo anterior de Hitchcock se convertiría en habitual de éste, con un marcado blanco y negro adelanta lo terrible de la premisa y cómo se precipitarán los acontecimientos hasta un punto en el que no parece haber salida.

En ‘Yo confieso’ la máxima del suspense que practicaba el orondo director es llevada hasta sus últimas consecuencias. Un asesinato, un asesino y un falso culpable que lo pasará muy mal, el espectador sabe desde el inicio lo sucedido, pero por una vez va por detrás de los personajes al desconocer su pasado y relación. Este tratamiento del suspense fue explotado hasta la extenuación en series de televisión como ‘Lost’ (2004-2010), y que aquí alcanza el paroxismo a raíz del silencio del padre Logan.

 

 

La puesta en escena de Hitchcock esta vez se centra en las reacciones de los personajes. Abundan los primeros planos de los rostros de los actores, sobre todo Clift, y consigue momentos prodigiosos con la cámara, la composición del plano y los rostros. Por ejemplo, el instante en el que la mujer del asesino sirve el desayuno al padre Logan y dos curas más, sin quitarle ojo al hombre que ha oído en confesión a su marido y que desconoce su posible reacción ante tal secreto. O sin ir más lejos, ese instante de Karl Malden mirando por encima del hombro para ver al padre Logan cerca y empezar a sospechar —años más tarde Steven Spielberg rindió un sentido homenaje en ‘Tiburón’ (‘Jaws’, 1975)—.

Hitchcok siempre se quejó de que esta película tuviese muy poco humor, más bien nada —salvo por el personaje del fiscal, interpretado por Brian Aherne, que en sociedad aparece jugando con tenedores y vasos, siempre riendo y divirtiéndose, y en la sala de juicios no muestra la más mínima piedad ni con sus amigos más cercanos—, pero creo precisamente que ese es otro de sus puntos fuertes. Además existe una gran ironía, muy típica de su director, en el hecho del padre Logan confesando al asesino que le librará de un chantajista. Una coincidencia de lo más malsana e incluso divertida sobre el papel, pero trágica y triste en imágenes. (Alberto Abuín)

Recomendada.