sábado, 9 de febrero de 2019

María, reina de Escocia (Josie Rourke, 2018)


Título original: Mary Queen of Scots. Dirección: Josie Rourke. País: Reino Unido. Año: 2018. Duración: 124 min. Género: Drama.  
Chris Dickens (Montaje), John Mathieson (Fotografía), Beau Willimon (Guión), John Guy (Guión adaptado), Max Richter (Música), Tim Bevan, Eric Fellner, Debra Hayward (Producción), Jenny Shircore (Maquillaje), Alexandra Byrne (Vestuario), Alastair Coomer (Casting), Jenny Shircore (Peluquería).
Nominada a Mejor Vestuario y Maquillaje/Peluquería en los Premios Oscars 2018.
Estreno en Sevilla: 8 Febrero 2019.

Reparto:
Saoirse Ronan (María Estuardo), Margot Robbie (Isabel I), Jack Lowden (Lord Darnley), Joe Alwyn (Robert Dudley), David Tennant (John Knox), Guy Pearce (Sir William Cecil), Gemma Chan (Bess De Hardwick), Martin Compston (Conde De Bothwell), Ismael Cruz Cordova (Rizzio), Brendan Coyle (Conde De Lennox), Ian Hart (Lord Maitland), Adrian Lester (Lord Randolph), James Mcardle (Conde De Moray).

Sinopsis:
Relato biográfico de una etapa de la vida de la reina María Estuardo de Escocia, que se enfrentó a su prima Isabel I cuando, al volver de Francia tras haber enviudado, reclamaba su derecho a la corona de Inglaterra.

Fotograma de "María, reina de Escocia"

Comentarios:
Ya se decía en el primer minuto de la versión de sus vidas filmada por John Ford en 1936: María Estuardo, reina de Escocia, e Isabel I de Inglaterra, enemigas implacables, ejecutada la primera por orden de la segunda, estaban condenadas a entenderse, aunque fuera después de muertas, y hoy ambas yacen una junta a la otra en la Abadía de Westminster. Un entendimiento en forma de, al menos, comprensión mutua, a la que se llega en la última visión de sus existencias: “María, reina de Escocia”, debut en el cine de la reputada directora teatral Josie Rourke, que incluso llega a elucubrar con una cita secreta conjunta entre dos personalidades que con toda probabilidad nunca se vieron cara a cara en vida.
La película de Rourke, quizá desequilibrada en sus formas pero siempre interesante por la magnitud de su historia y de los vigentes conflictos que plantea alrededor de la crueldad del poder, se configura como un innegable producto de un tiempo de necesaria reivindicación feminista y de revisionismo histórico. Y no tanto porque por primera vez sea una directora la que dirija esa mirada hacia dos mujeres fundamentales en el devenir del Reino Unido y su orden político y religioso hasta nuestros días, sino sobre todo porque ahora hay más libertad para abordar determinadas materias, básicamente el sexo, su condición y su esencialidad en las relaciones de poder, que cuando hace 80 años el maestro Ford dirigió su María Estuardo.
Así, como ya apuntó la versión de 1971 dirigida por Charles Jarrott, de título homónimo a esta de 2018, se presenta a Lord Darnley, marido de la reina escocesa, como un personaje abiertamente homosexual, que se acuesta con otro de los esenciales personajes del relato, David Rizzio, secretario y confidente de la monarca. Dos roles que en la versión de Ford eran representados como estereotipos gais nunca verbalizados (pendiente, maquillaje, grandilocuencia), y que aquí adquieren una entidad que, en tiempos de hijos ilegítimos y subterfugios varios, no resultan en modo alguno forzados. Y más dentro de ese volcán de intrigas palaciegas en el que su guionista, el experimentado en el tema Beau Billimon (Los idus de marzo, House of Cards), parece sentirse tan a gusto, demostrando que las traiciones políticas del siglo XVI pueden estar muy cerca de las contemporáneas, aunque ya no se acuchille físicamente sino metafóricamente.
“María, reina de Escocia” arranca de un modo algo farragoso en cuanto a información, y la cámara de Rourke nunca llega a conformar un estilo sólido e identificable, aspecto en el que igual parece valer una toma con dron de acercamiento a la protagonista en la almena de un castillo que unas secuencias de batalla abiertamente mejorables en supuesta en escena y montaje. Pero en lo fundamental, las magníficas interpretaciones de Saoirse Ronan y Margot Robbie, y las concomitancias entre ambas reinas, la película acaba haciéndose fuerte. En el enfrentamiento entre dos mujeres que parecen condenadas a (no) entenderse frente al desalmado imperio de los hombres que pretendieron manejarlas. (Javier Ocaña)
Recomendada (con reservas).

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viernes, 8 de febrero de 2019

La clase de piano (Ludovic Bernard, 2018)


Título original: Au bout des doigts. Dirección: Ludovic Bernard. País: Francia. Año: 2018. Duración: 106 min. Género: Comedia dramática.  
Romain Rioult (Montaje), Thomas Hardmeier (Fotografía), Ludovic Bernard, Johanne Bernard (Guión), Harry Allouche (Música), Mathias Rubin, Éric Juherian (Producción), Amaury De Nexon (Sonido), Marylin Fitoussi (Vestuario), Nathalie Cheron, Guillaume Moulin, David Baranes (Casting).
Estreno en Sevilla: 8 Febrero 2019.

Reparto:
Kristin Scott Thomas (La condesa), Lambert Wilson (Pierre Geithner), Julies Benchetrit (Mathieu Malinski), Karidja Toure (Anna), Elsa Lepoivre (Mathilde Geithner), Andre Marcon (André Ressigeac), Michel Jonasz (Monsieur Jacques), Xavier Guelfi (Kevin), Telesphore Teunou (Driss), Vanessa David (Krista Malinski), Milo Maze (David Malinski), Louise Labeque (Marion Malinski), Gaspard Meier-Chaurand (Sébastien Michelet), Alexandre Brik (Alexandre Delaunay).

Sinopsis:
Cuando Pierre, director del Conservatorio de Música de París, escucha a Mathieu tocar el piano en una estación de tren, enseguida reconoce su excepcional talento. Un día, Mathieu acaba en la cárcel por un robo menor y solo Pierre consigue sacarle a cambio de que haga servicios comunitarios en el Conservatorio. Sin embargo, el director tiene otra idea en mente para el joven: quiere que perfeccione su técnica y participe en la competición nacional de piano. El nuevo alumno tendrá entonces que lidiar con las clases de la intransigente "Condesa", mientras se enamora de su compañera Anna.

Fotograma de "La clase de piano"

Comentarios:
Las películas de superación personal, de alumno brillante pero rebelde, de talento extraordinario y circunstancias sociales adversas, conforman un subgénero tan recorrido en el cine contemporáneo que todo lo que no sea salirse del estereotipo suena a mil veces visto y oído. Puede que ese tipo de trabajo encuentre al público que busca, al que persigue en la sala el confort físico y el rigor espiritual, la convención ética y el optimismo vital, sin que nada le resquebraje o moleste o le haga dudar hasta ese desenlace de inevitable peliculeo. Pero obras como “La clase de piano”, tercer largometraje del francés Ludovic Bernard, suelen ser un engorro para el verdadero cinéfilo, que (casi) todo lo sabe. Sobre todo, si el director parece haber estudiado al dedillo su modelo, y este no es una joya oculta sino una película archiconocida: “El indomable Will Hunting”, de Gus Van Sant.
Si cambiamos las matemáticas de la película que le dio el Oscar al mejor guion a Matt Damon y Ben Affleck por la música clásica, ya tenemos “La clase de piano”, de estructura y sentido de los personajes exactos. Joven del extrarradio ajeno al mundo universitario y del conservatorio, de carácter casi autodidacta, que gracias al encuentro fortuito con un director de departamento encuentra una posible salida a su situación social; una ayuda a la que es reacio por una rebeldía mal entendida, y en la que tendrá mucho que ver un(a) profesor(a) particular que le ayudará a entender la importancia del trabajo y del método, independientemente del talento, y una chica procedente del mundo de la intelectualidad, al que el protagonista es refractario, y de la que se enamora. Todo ello con la influencia y el amparo final de sus amigos del lumpen. Estoy contando “El indomable Will Hunting”, ya lo saben. Pero también “La clase de piano”.
Independientemente de los paralelismos con la película de Van Sant, Damon y Affleck, que evidentemente son demasiados, Bernard, también coguionista, y que comenzó su carrera en 2017 con “Misión País Vasco”, otra estereotipada mezcla entre “Ocho apellidos vascos” y “Bienvenidos al Norte”, no alcanza a tener un estilo propio en la puesta en escena, que da bandazos entre el academicismo y un impulso creativo un tanto hortera en las secuencias de amor y sexo. (Javier Ocaña)
No Recomendada.


domingo, 3 de febrero de 2019

Mug (Malgorzata Szumowska, 2018)


Título original: Twarz. Dirección: Malgorzata Szumowska. País: Polonia. Año: 2018. Duración: 91 min. Género: Comedia dramática.  
Michal Englert (Fotografía), Malgorzata Szumowska, Michal Englert (Guión), Adam Walicki (Música), Jacek Drosio, Malgorzata Szumowska, Michal Englert (Producción), Inga Kruk (Producción ejecutiva), Kacper Habisiak, Marcin Kasinski, Marcin Jachyra (Sonido), Waldemar Pokromski (Maquillaje), Katarzyna Lewinska, Julia Jarza-Brataniec (Vestuario), Marek Zawierucha (Dirección Artística).
Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín 2018.
Estreno en Sevilla: 1 Febrero 2019.

Reparto:
Mateusz Kosciukiewicz (Jacek), Agnieszka Podsiadlik (Hermana de Jacek), Malgorzata Gorol (Dagmara), Anna Tomaszewska (Madre de Jacek), Dariusz Chojnacki (Hermano de Jacek), Robert Talarczyk (Cuñado de Jacek), Roman Gancarczyk (Cura), Iwona Bielska (Madre de Dagmara), Martyna Krzysztofik (Pareja de Jacek), Krzysztof Czeczot (Hombre de negocios), Krzysztof Ibisz (Periodista).

Sinopsis:
Jacek ama a su novia, a su perro y el heavy metal. Su familia, su pequeña ciudad natal y sus compañeros lo ven como un friki divertido y trabaja en la construcción de la que, se supone, se convertirá en la estatua más alta de Jesús del planeta. Pero un día, cuando un accidente severo desfigura su cara al completo, su vida cambiará. Todas las miradas se volverán hacia él mientras se somete al primer trasplante facial de emergencia del mundo.

Fotograma "Mug"

Comentarios:
Aunque no existe una unidad de medida para determinar cuánta fe (religiosa) tiene una comunidad, las fuerzas vivas de la ciudad polaca de Świebodzin debieron de pensar que erigir el monumento más grande del mundo en honor de Cristo Rey podía aportar una buena imagen simbólica del devoto talante de sus habitantes. Antes de su inauguración en noviembre de 2010 fue necesario rematar la estatua de ese Mesías de 33 metros de altura con una inmensa corona capaz de ganarle unos metros de altura a ese Cristo de la Concordia de Cochabamba que las miradas de los polacos, centradas en la imponencia del Cristo de Corcovado, habían pasado por alto. En “Mug”, Malgorzata Szumowska parte de la construcción del polémico monumento para proponer otra manera de poner a prueba la madera piadosa de sus compatriotas: Jacek, el protagonista de este cuento cruel, apasionado del heavy metal y vitalista perro verde en su desolador entorno de vidas claudicantes, sufre un accidente que desfigura su rostro durante el laborioso proceso de construcción de la estatua de Cristo Rey. Tras someterse a la primera operación quirúrgica de trasplante de cara realizada en Polonia, el castigado antihéroe descubrirá algo que quizá no sea más que una obviedad: que para levantar a un Redentor imponente quizá no haga falta más que la suma de un buen puñado de corazones mezquinos.
Lo intangible y lo tristemente carnal mantienen aquí un pulso tan encarnizado como en el anterior trabajo de la directora: “Body” (2015), amarga comedia donde un fiscal nihilista, su hija anoréxica y una terapeuta-médium castigaban sus cuerpos o sus almas en sus respectivos intentos de aliviar el dolor de la pérdida. “Mug” lanza sus dardos en direcciones bastante más lineales y obvias, pero Szumowska sigue depurando su mirada incisiva con eficaces soluciones de estilo: la película parece sostener la teoría de que basta dejar la cámara fija frente a una escena cotidiana para que la domesticidad y el afecto estallen en hiperbólico conflicto; y el modo en que postergados contraplanos otorgan nuevos y sorprendentes sentidos a los planos que los preceden electriza periódicamente la pantalla. (Jordi Costa)
Recomendada (con reservas).

sábado, 2 de febrero de 2019

Green Book (Peter Farrelly, 2018)


Título original: Green book. Dirección: Peter Farrelly. País: USA. Año: 2018. Duración: 130 min. Género: Drama.  
Patrick J. Don Vito (Montaje), Sean Porter (Fotografía), Peter Farrelly, Nick Vallelonga, Nick Vallelonga, Brian Currie (Guión), Kris Bowers (Música), Peter Farrelly, Brian Currie (Producción), Octavia Spencer (Producción ejecutiva), Betsy Heimann (Vestuario).
Globo de Oro 2018 a la Mejor Película de Comedia. 5 nominaciones a los Oscars 2018, incluida Mejor Película.
Estreno en Sevilla: 1 Febrero 2019.

Reparto:
Viggo Mortensen (Tony Lip), Mahershala Ali (Dr. Don Shirley), Linda Cardellini (Dolores), Joe Cortese (Gio Loscudo), Sebastian Maniscalco (Johnny Venere), Dimiter D. Marinov (Oleg), Mike Hatton (George).

Sinopsis:
Cuando Frank Anthony Vallelonga, alias Tony Lip, un portero de club de Nueva York de un barrio italoamericano del Bronx, es contratado para hacer de chófer y proteger al Dr. Don Shirley, un pianista negro de talla mundial, en una gira de conciertos que los va a llevar de Manhattan hasta el Sur profundo, deberán confiar en el "Libro Verde" una guía de viaje con opciones seguras de alojamiento, comidas y negocios para afroamericanos durante la época de la segregación y de las leyes racistas de Jim Crow, para dirigirlos a lugares en los que a Shirley no se negarán a atenderlo, ni lo humillarán o lo amenazarán con violencia.
Sobre el telón de fondo de un país que se encuentra lidiando con el valor y la volatilidad del movimiento por los derechos civiles, dos hombres tendrán que afrontar el racismo y numerosos peligros, y reconfortarse con generosidad, amabilidad y humor. Juntos, pondrán en entredicho suposiciones mantenidas desde hace tiempo, superarán sus diferencias aparentemente insalvables y aceptarán su común humanidad. Lo que comienza como un viaje de dos meses de pura necesidad acabará forjando una amistad que perdurará el resto de sus vidas.

Fotograma de "Green Book"

Comentarios:
Uno no va a ver una película de Peter Farrelly para que le correteen por dentro sentimientos; el director de «Algo pasa con Mary» o «Dos tontos muy tontos» es (o fue) un imán para aquellos que buscan en el cine soluciones grandes, explosivas y desvergonzadas para problemas pequeños, que es justo lo contrario de lo que utiliza aquí para contar la historia de Tony Lip, un italoamericano bruto y zafio, y su relación con Don Shirley, un pianista negro, solitario y cultivado: pequeñas y emotivas soluciones para grandes problemas. El primero y mayor que aborda es que Shirley pretende hacer una gira de conciertos por lo más profundo del Sur de los Estados Unidos; son los años sesenta y los prejuicios raciales no son solo un lugar común, transitado y cómodo, sino también un lugar muy peligroso e incontrolado.
El viaje y las circunstancias por ese lugar es el envoltorio de «Green Book», pero en su interior, Farrelly alberga un cóctel enriquecido con otros ingredientes aún más complejos y difíciles de maridar que los de lo negro y lo blanco, como lo ordinario y lo extraordinario, lo grosero y lo elegante, el arte y el talento, lo vitalista y lo destructivo, el recelo y la fidelidad, el derecho y el deber… Con enorme astucia cinematográfica y un sentido del humor sin cohetería, abre las ventanas hasta lo íntimo de sus personajes (reales, por cierto), el tipo con labia, con recursos, que conoce la línea del hampa y sus rayas discontinuas, y con un impresionante doctorado en Incultura y Asociología. Y el hombre desarraigado, despreciado por aquellos que lo admiran y con una cultura y una educación que lo convierten en sospechoso entre «los suyos», que ni conoce a Aretha Franklin ni come hamburguesas. Los refugios de este hombre con clase y desclasado, como la soledad y otras sustancias, es la moneda suelta que intercambian para su relación estas dos personas tan lejanas entre sí. Las interpretaciones de Viggo Mortensen y Mahershala Ali tienen todos los componentes, matices y temperaturas, desde lo más jocoso a lo más digno, como para atiborrar de emociones la historia. Si hay alguien capaz de alterar el rumbo previsto de los próximos Oscar son ellos y «Green Book». (Oti Rodríguez Marchante)
Recomendada.