viernes, 1 de septiembre de 2017

La seducción (Sofia Coppola, 2017)

 

Título original: The Beguiled. Dirección: Sofia Coppola. País: USA. Año: 2017. Duración: 91 min. Género: Drama.

Guión: Sofia Coppola (basado en una novela de Thomas Cullinan). Fotografía: Philippe Le Sourd. Música: Phoenix. Montaje: Sarah Flack. Producción: Youree Henley, Sofia Coppola (American Zoetrope, FR Productions).

Premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes 2017. Nominada a Mejor Vestuario en los Satellite Awards 2017.

Fecha del estreno: 18 Agosto 2017 (España).

 

Reparto: Colin Farrell (cabo John McBurney), Nicole Kidman (señorita Martha Farnsworth), Kirsten Dunst (Edwina Morrow), Elle Fanning (Alicia), Oona Laurence (Amelia «Amy» Dabney), Angourie Rice (Jane), Addison Riecke (Marie), Emma Howard (Emily).

 

Sinopsis:

Año 1864. Durante la guerra civil norteamericana, la tranquilidad de una escuela femenina de Virginia donde sólo viven mujeres se ve alterada con la llegada de un apuesto soldado yanqui herido...

 

Comentarios:

La fascinante película de Siegel, cuento gótico en torno a una escuela de señoritas en el sur de Estados Unidos que queda aislada durante la Guerra de Secesión y ve su supuesta armonía quebrada por la irrupción de un soldado herido, funciona como la representación perfecta de este miedo masculino a un mundo en que mandan las mujeres. El director caricaturizaba este microcosmos matriarcal como un espacio endogámico y estéril que el protagonista intentaba controlar utilizando las armas de la seducción, a falta de otros atributos habituales para ejercer el poder, desde las armas literales a las estructuras de dominación patriarcales que seguían imperando en el mundo exterior.

Como en todo proceso de estigmatización, las mujeres eran presentadas a la vez como incapaces (sus sexualidades respectivas respondían a algún tipo de patología) y peligrosas. Todo ello desembocaba en un cuento de hadas oscuro en torno al mayor fantasma de los hombres frente a unas mujeres que escapan a su control: el miedo a la castración.

Una mujer directora podía darle la vuelta a todo este material manteniendo la idea de venganza femenina explicitada en torno al ritual simbólico de la amputación del cuerpo masculino. Así, una nueva versión de 'The Beguiled' podía erigirse como una relectura de la original en forma de 'revenge movie' con conciencia histórica respecto a la violencia que habían sufrido las mujeres en el cine de los setenta. 'La seducción' de Sofia Coppola no ha tomado exactamente este camino, ya que no solo su punto de vista, también su tono, dista mucho de la virulencia y la carnalidad propia de 'El seductor'. Pero no por ello deja de ser una poderosa variante en femenino de la película de Siegel y uno de los títulos más interesantes de la temporada.

'El seductor' encajaba muy bien en la filmografía de Don Siegel, centrada en buena parte en protagonistas que sienten su masculinidad, entendida como una forma de poder, en crisis. Partiendo de la misma novela, una directora tan opuesta a Siegel como Sofia Coppola lleva a cabo un filme que también sintoniza a la perfección con el resto de su obra. La cineasta neoyorquina se centra en personajes, sobre todo mujeres, encerrados en un universo propio, un mundo ensimismado donde se sienten protegidos y reprimidos al mismo tiempo.

Como las hermanas de 'Las vírgenes suicidas' (1999), las protagonistas de 'La seducción' son un grupo de féminas que viven en parte aisladas del exterior en un entorno de aparente estabilidad que queda resquebrajada con el despertar de sus respectivas sexualidades. Como la reina de 'María Antonieta' (2006), también siguen sus rutinas ajenas al devenir de la Historia, aquí esa guerra de la que se oyen puntualmente ecos lejanos y que se inmiscuirá en su territorio a través de este soldado enemigo sin demasiada vocación militar.

Coppola ha llevado a cabo un proceso de depuración narrativa y estética respecto al primer filme. No solo ha eliminado la misoginia original, también a personajes como el hermano de la directora Miss Martha (Nicole Kidman) y la sirvienta Hallie junto a toda la subtrama racial. Todo ello redunda en una narración mucho más sobria y directa, sin circunloquios dramáticos ni preciosismos formales. La directora se aproxima a sus personajes femeninos respetando la ambigüedad de sus emociones, que contempla desde cierta perspectiva irónica. Así, inyecta una dosis de sutil humor a la hora de presentar las reacciones de las mujeres ante la llegada del soldado enemigo herido (Colin Farrell).

Un humor que se torna negro cuando se inicia la ceremonia de venganza. Y no simplifica la relación que algunas de ellas mantienen con el hombre. Miss Martha, por ejemplo, juega un doble rol, como directora del lugar que debe ante todo proteger al resto de residentes y como mujer que se siente atraída por el militar. Este doble posicionamiento se manifiesta de forma explícita en la relación con el cuerpo del hombre.

Es ella quien toma la decisión de no entregarlo a los soldados sudistas tras curarle las heridas, no sabemos si movida por la caridad o por el deseo. También es ella quien ejecuta la operación que lo mutila, una vez más sin que quede claro si actúa con el afán de salvarlo o desde el resentimiento. La profesora Edwina (Kirsten Dunst) no deja de estar enamorada de este tipo que espera que la salve de su destino de solterona, cosa que él no tiene ninguna intención de llevar a cabo, mientras que la alumna Alicia, a la que da vida Elle Fanning, no confiesa su evidente deseo activo hacia el soldado.

Coppola, por tanto, no fuerza que sus personajes del siglo XIX actúen desde una conciencia de género más propia del siglo XXI, lo que dota de coherencia interior al filme. A su manera, resulta mucho más potente que este grupo de 'southern belles' acabe utilizando aquellos mismos saberes tradicionalmente femeninos que les han inculcado para agasajar a un hombre (la cocina, los cuidados, la costura...) también para destruirlo. Por tanto, a Coppola tampoco le hace falta distanciarse de su imaginario de feminidad clásica para tejer un cuento oscuro en torno a un colectivo de mujeres que unen fuerzas para eliminar al hombre que pretendía controlarlas. (Eulàlia Iglesias)

Recomendada.




Los estrenos en Sevilla de 01-09-2017



6 películas se estrenan el 1 de septiembre 2017 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Una producción es estadounidense, dos españolas, una francesa, una argentina y una georgiana. Todas son de ficción excepto una que es documental. Poco que recomendar de momento, tendremos que esperar a que el otoño deje caer por aquí las primeras películas interesantes.  
 
Rehenes. (Georgia, 2017). Dir. Rezo Gigineishvili.
Los periódicos occidentales daban cuenta el 23 de noviembre de 1983 de un "extraño" suceso. Cinco chicos y tres chicas, que viajaban de vacaciones tras la boda de dos de ellos, habían secuestrado un avión georgiano con dramáticas consecuencias: siete muertos, entre ellos uno de los raptores, apenas veinteañeros, y la detención del resto de jóvenes, todos ellos hijos de la élite intelectual del país, cuya supuesta intención era huir a Turquía. Acallado durante días por las autoridades georgianas, y también por los medios de comunicación de la URSS, el ataque tiene una historia fascinante detrás, en lo individual y en lo colectivo. Un relato que ahora rescata otro joven, el director Rezo Gigineishvili, de 35 años (es decir, un año de edad cuando acaeció la masacre), con la intención de analizar tanto la situación social y política de esos insólitos criminales en su viaje de bodas, recluidos por el comunismo y su ausencia de libertad, como la lamentable gestión del suceso por parte de las autoridades de Tiflis. Gigineishvili divide claramente en tres partes su relato. En la primera, jugando de forma muy efectiva con la fotografía (tonos marrón, sepia y verde oscuro para las secuencias protagonizadas por los personajes mayores o las autoridades; modulaciones azules y blancas para los instantes de fugaz libertad de los protagonistas, entre los discos prohibidos de los Beatles y las puntuales evasiones de amor y sexo), narra su día a día y los preparativos del secuestro. La segunda, la del avión, es seca y brutal, de una desmañada violencia, representada por el director sin exhibicionismo alguno. Y la tercera, quizá la más débil, con el juicio y las consecuencias. "No me hables como si no tuvieses la oportunidad de ser feliz aquí", le viene a decir uno de los padres a su hijo, sin siquiera sospechar lo que preparaban para unos días después. Ser feliz aquí. En Georgia. En 1983. ¿Una cárcel o un paraíso? Gigineishvili no juzga, pero muestra la desesperación. También los efectos de esa angustia, los errores, la muerte de inocentes. Cine político para tiempos políticos. Recomendada (con reservas).

Barry Seal: El traficante. (USA, 2017). Dir. Doug Liman.
Basada en la vida real de Barry Seal, un expiloto que se convirtió en un importante narcotraficante en el cartel de Medellín y que acabó siendo reclutado por la CIA y el departamento de inteligencia de la DEA.Con Tom Cruise como formidable protagonista, Liman utiliza un montaje eléctrico, con cambios de texturas fotográficas y de formatos audiovisuales, insertos, recursos del documental (en algún pasaje, repleto de humor y de documentación de apoyo, parece una película de Michael Moore), y continuos vaivenes narrativos en el espacio y en el tiempo, que llevan a su relato hasta un espíritu disfrazado de superficialidad que, en cambio, esconde algo tan esencial como las maquinaciones de la política para enturbiar la división de poderes del país más poderoso del mundo.Estilosa hasta el brillante último plano, Barry Seal es la historia de un hombre improbable. Una figura que se desvanece porque, pese a todo, a pocos parece interesar. Salvo al cine estadounidense, demostrando una vez más su libertad de actuación con una superproducción política tan divertida como activista. Recomendada (con reservas).
 
La muerte y la doncella. (España, 2017). Dir. Andrés M. Koppel.
Presentada en la sección oficial del Festival de Málaga 2017.Andrés M. Koppel, guionista de “Intacto” (2001) y “Zona hostil” (2017), debuta en la dirección adaptando la tercera novela de Lorenzo Silva protagonizada por la pareja de la Guardia Civil formada por la cabo Virginia Chamorro y el brigada Rubén Bevilacqua, personajes con previas encarnaciones cinematográficas –“El alquimista impaciente” (2002)- y televisivas –“Un asunto conyugal” y “La reina sin espejo” (ambas de 2009)-. Los dos llegan a la isla de la Gomera para esclarecer el asesinato de un joven; caso que, en su día, fue objeto de una investigación insuficiente que no pudo demostrar la implicación de un político local.Koppel afronta el material como quien resuelve un expediente rutinario, delegando toda la carne en su sólido reparto. Y la sensación que prevalece es que esto no es más que cine negro entendido como ejercicio aplicado, sin nada que decir realmente sobre una realidad tan problemática como la de nuestro presente, donde tanta falta haría un buen estilete noir que desvelara la verdadera podredumbre que nos atraviesa. Recomendada (con reservas).
 
Un tango más. (Argentina, 2015). Dir. Germán Kral.
Historia de la vida y el amor de los famosos bailarines de tango argentinos, María Nieves Rego y Juan Carlos Copes, que se conocieron en la adolescencia y bailaron juntos durante casi cincuenta años, hasta que una situación dolorosa los separó.Es decir, una montaña rusa de atracción, desencuentro y cuentas pendientes acumuladas que, en muchos momentos difíciles, pudo ser trascendida y sublimada sobre el escenario, hasta que el arte no alcanzó para corregir la vida. La película de Germán Kral tiene su mayor fuerza en la voz de esta tanguera nata (Maria Nieves Rego) y en el estupendo material de archivo –explosivo el baile de la pareja sobre una mesa-, pero las reconstrucciones danzadas de la vida de los amantes caen en una cursilería de anuncio y nunca hacen justicia, en su puesta en escena, a la labor de los bailarines. No Recomendada.


Parada en el infierno. (España, 2016). Dir. Víctor Matellano.
Víctor Matellano, interesante escritor cinematográfico (El Hollywood español, Spanish horror, ¡Clint, dispara!, sobre la Trilogía del dólar, de Sergio Leone...), con obras excelentes en torno al cine de género y popular, a sus entresijos de producción y a sus secretos de estilo, ha venido practicando también, en su salto a la dirección, una suerte de modestísima serie B del nuevo milenio, con obras nacidas al amparo de su mitomanía. Posibilistas ejercicios de terror que emulaban un espíritu difícilmente reproducible, el de Jesús Franco, Paul Naschy y compañía, como un epígono imposible quizá más asentado en las lecturas que en las interioridades de la personalidad. Ahí se situaban “Wax” (2014) y “Vampyres” (2015), y en esa línea, aunque en un género distinto, el wéstern, hay que encuadrar “Parada en el infierno”, violentísima producción rodada en inglés donde solo se salva el paisaje.Marcada por los diálogos presuntuosos pero vacuos, la grandilocuencia de la banda sonora, las cámaras lentas como impacto de lo obvio, y un cierto regodeo en la violencia, marca del subgénero (amputaciones, crucifixiones, violaciones...), “Parada en el infierno” se rodea una vez más de la presencia referencial (el protagonista es Enzo G. Castellari, mito del spaguetti western y de la serie B), pero paradójicamente le sobra pulcritud en la imagen, mientras el guion se arrastra en la monotonía y la falta de ideas.Componer una película tan salvaje como “Los odiosos ocho”, en (casi) un escenario único y con un puñado de personajes, no depende tanto de la ferocidad como del perfecto manejo del tiempo. Y a Matellano, al que se le nota el peso del wéstern de Tarantino, le ha salido una del Oeste de bajo presupuesto que casi parece un amoral torture porn. No Recomendada.
 
Los casos de Victoria. (Francia, 2016). Dir. Justine Triet.
Cuesta reconocer en “Los casos de Victoria” a la misma Justine Triet que, tan solo tres años antes, había debutado en la frenética, fresca e inesperada “La bataille de Solférino” (2013). En su ópera prima, la directora sacó sus cámaras a la calle el 6 de mayo de 2012, día de la victoria electoral de François Hollande, para convertir a todos los parisienses que atestaban la calle Solférino, frente a la sede del partido socialista, en extras involuntarios de una comedia donde chocaban lo público y lo privado. Las tensiones entre una reportera televisiva, destinada a cubrir la jornada electoral, y un insistente exmarido empeñado en visitar a sus hijas centraba esta película que tenía mucho de arriesgado tour de force y que no revelaba parentescos evidentes en el panorama de la comedia francesa contemporánea: si acaso, una cierta afinidad con los trabajos coetáneos de Sébastien Bedbeder y Antonin Peretjatko por su común impulso de recoger, lejos de la reverencia mitómana, algunos tonos y estrategias de la herencia de la Nouvelle Vague. Si algo vincula a “La bataille de Solférino” con “Los casos de Victoria” es su foco sobre una protagonista desbordada por sus obligaciones profesionales y entregada a la caótica gestión de maternidad, vida privada y adicción al trabajo. La referencia lejana parece ser aquí esa screwball comedy que encontró su vector de ingenio y velocidad en hiperactivas figuras femeninas, comúnmente rodeadas de hombres inmaduros. El problema es que el segundo largometraje de la Triet recuerda más a una comedia (del montón) protagonizada por Katherine Heigl –o sea, más “La cruda realidad” (2009) o “Como la vida misma” (2010) que “Lío embarazoso” (2007)-, vínculo reforzado asimismo por el cierto parecido físico entre Virginie Efira y la actriz estadounidense. Ojalá en su siguiente trabajo Justine Triet recuerde cómo empezó. No Recomendada.

jueves, 31 de agosto de 2017

La música en el Cine: El erotismo en el Cine.


Programa nº 15 de "La música en el Cine".
Fecha de emisión: 1 de septiembre de 2017. 22,00 horas.
Radiopolis (88.0 FM)


"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radiopolis

miércoles, 30 de agosto de 2017

Los estrenos en Sevilla de Agosto 2017


Finaliza el caluroso agosto sevillano y es tiempo ya, con las pilas cargadas, de continuar informando sobre los estrenos que se produzcan en nuestra ciudad. Antes de que nos caigan los primeros estrenos de septiembre, sería conveniente resaltar aquellas películas que se han estrenado en nuestra ciudad durante el mes de agosto de 2017 y que merecen nuestra especial atención, a fin de que podamos pillarlas aún en la cartelera o próximamente en el mercado del DVD. Hemos seleccionado solo 8 películas, pero ni siquiera todas son recomendables.

 

 

La decisión del rey. (Noruega, 2016). Dir. Erik Poppe.

Seleccionada por Noruega como su representante en los Oscars.

"Un pueblo que cede ante un agresor extranjero no merece vivir". La frase es de Adolf Hitler, pero la adoptaron como propia el Parlamento noruego, el 9 de abril de 1940, y posteriormente su rey, Haakon VII, para no plegarse ante las exigencias de la Alemania nazi, invasora de su país. El monarca, uno de los pocos que había sido elegido por sus propios ciudadanos, con una mayoría aplastante de apoyo a la monarquía en un referéndum del año 1905, ni siquiera era noruego, sino danés. Pero las convicciones democráticas y de soberanía popular del rey se impusieron a la decisión más fácil: rendirse ante el poderío militar alemán y evitar una guerra con muchos muertos.

Unas jornadas clave para la historia del país escandinavo que el director Eric Poppe narra con convicción en la muy interesante La decisión del rey, crónica minuciosa de los apenas tres días que llevaron desde la amenaza nazi y los inicios de la invasión hasta la declaración de guerra. Un relato fundamentalmente de corte político, que también se adentra por momentos en el cine bélico, que siempre está pendiente de la precisión histórica, y que tampoco abandona el drama de una familia real, con niños incluidos, que tuvo que correr, literalmente, bajo las bombas alemanas.

A través de variados puntos de vista (el poder y la cotidianidad de la familia real; las labores diplomáticas del embajador alemán, Curt Bräuer; las conversaciones del gobierno y el parlamento noruego; las tropas alemanas, y el ejército escandinavo), Poppe se adentra en la historia con pulso de narrador, capturando con notable trascendencia los dos grandes subtextos de un tiempo crucial: la levedad del poder, y el imposible dictamen de un ser humano que, ante una situación trágica, debe firmar (o no) un papel que, de un modo u otro, supondrá muertes, dolor y degradación. Poppe, al que solo se le puede achacar su obstinación por los innecesarios reencuadres con el zoom en su puesta en escena, sabe encontrar la gama de grises en un suceso en el que, a simple vista, únicamente hay héroes y villanos. Y lo hace a través de las figuras de los fascinantes personajes de Bräuer y del príncipe heredero, Olaf V, más enérgico e impulsivo que el siempre templado Haakon.

Todo ello sin perder de vista, dentro del guion y de los diálogos pero fuera de la visualización, la tentativa de golpe de estado del líder nazi noruego Vidkun Quisling, y mostrando la heladora espera de los chavales del esquelético ejército noruego, como un silencio en la nieve que ejerce de metáfora de los tres días de duda y honra de un país de estratégica importancia militar y económica para el salvajismo nazi. Cine de la política, cine de la humanidad. Para aprender, entender y recordar. Recomendada.

 

 

Abracadabra. (España, 2017). Dir. Pablo Berger.

Preseleccionada (junto a otras dos películas más) por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España para representarnos en los Oscars.

Sobre “Un espíritu burlón” de Noel Coward —obra teatral estrenada en 1941 y llevada al cine por David Lean en 1945— siempre ha planeado una sospecha: su más que evidente parecido con “Un marido de ida y vuelta” de Enrique Jardiel Poncela, estrenada en 1939, ¿fue un puro azar o un flagrante caso de plagio? En la obra de Coward, un escritor requiere los servicios de una médium con el fin de recabar información para su próximo libro y, como consecuencia indeseada de la sesión espiritista, se manifiesta el espectro de su antigua esposa, dispuesta a recuperar a su amor y, de paso, destrozarle el matrimonio. En “Un marido de ida y vuelta”, una muerte súbita en una fiesta de disfraces propicia que, en ese caso, el espectro empeñado en reconquistar a su amor comparezca en extemporáneo traje de torero. Como si hubiera amasado la energía ectoplásmica que fue de Jardiel a Coward y la hubiese aderezado con las recurrentes incursiones en lo mágico, hipnosis mediante, de las comedias de Woody Allen, Pablo Berger propone en “Abracadabra” algo que, a primera vista, puede sonar a arbitraria excentricidad, pero que merece reivindicarse como enérgica puesta al día del legado de esa Otra Generación del 27 que propuso que observación costumbrista y vuelo imaginativo no eran necesariamente dos estrategias reñidas. “Abracadabra” tiene algo de elegante comedia sobrenatural británica, pero, al mismo tiempo, no sería más castiza si en ella se escuchasen las psicofonías de un millar de toreros muertos.

En el tercer largometraje de Berger, un modesto número de hipnosis ejecutado, durante una celebración de boda, por un desastrado pariente convierte a un españolísimo marido indeseable en su reverso, ante los perplejos ojos de una castigada esposa de clase media. La película tiene que bregar con el peso de la excelencia de la precedente, impecable “Blancanieves” (2012), pero también refuerza la coherencia de una concisa carrera que no ha dejado de preguntarse sobre los claroscuros de la españolidad desde su fundacional corto “Mama” (1988). En este universo de salones de boda, misterios de barrio, dentistas con misterio, profesionales de la construcción y partidos de fútbol escuchados en plena misa, Berger nunca mira por encima del hombro a sus personajes. Y lo más importante: cada corte de plano, cada encuadre parecen minuciosamente pensados en una película que, bajo su voluntad de juego, elige ser una pertinente historia de emancipación en un infierno cipotudo. Recomendada.

 

 

Atómica. (USA, 2017). Dir. David Leitch.

Berlín, año 1989. Era un tiempo de espanto en una ciudad asolada por la división. Pero, en el fondo, si el cine se empeña, también era un tiempo estiloso: lo falsamente nostálgico como símbolo de distinción. El poder de fascinación de una ciudad de hielo pero en realidad en llamas, en un cine distanciado, alejado de la trascendencia y que impone una representación estilizada de la mugre política y moral. Es “Atómica”, película de espías al estilo siglo XXI, una espectacular pompa de jabón sin relleno (o muy poco), basada en la serie de novelas gráficas “La ciudad más fría”, creada por Antony Johnson y Sam Hart, y editada en España por Planeta.

En su primera película como director, lo primero que ha hecho David Leitch, hasta ahora en el departamento de especialistas de múltiples superproducciones, es convertir el helador cómic (dibujo en blanco y negro, sutil y de trazos sencillos) en un estallido de color y sensaciones que, además, viene acompañado de un carismático reparto de intérpretes. Y la novedad quizá esté en que el habitual personaje florero romántico de las películas de espías, con James Bond a la cabeza, siempre mujer, lleve a la película hasta una nueva dimensión: la del lesbianismo expuesto con total naturalidad, al quedar armado frente a una protagonista también mujer, el personaje de Charlize Theron.

Leitch, criado en el oficio de la lucha y la acción, sucumbe al hartazgo de la pelea de artes marciales cada cuarto de hora, pero, a cambio, muestra un sorprendente estilo, sobre todo en un debutante, para filmarlas de un modo extraordinario sin apenas cortes de montaje, culminando en el espléndido plano secuencia de la lucha en las escaleras. Desigual, aunque nunca desdeñable, “Atómica” ofrece aspectos interesantes y al momento se derrumba, como una montaña rusa de sensaciones a favor y en contra difícil de tratar. Frente a un relato cojitranco, con hilo conductor de una entrevista de la que se entra y se sale con demasiada frecuencia, como buena película de espionaje, contiene un mcguffin interesante y bien expuesto. Y frente a una lista de canciones de exquisito gusto y potencia, Leitch las utiliza sin criterio, como si las introdujera para tapar agujeros de talento y elevar instantes sin el fuste necesario.

Como las dobles y hasta triples personalidades de los personajes, disfrazados de lo que no son, la película también ofrece múltiples apariencias. Pero al final domina solamente la fachada. Dentro, el conjunto vacío. No Recomendada.

 

 

Cezanne y yo. (Francia, 2015). Dir. Danièle Thompson.

Paul Cézanne era una anomalía de objetividad dentro de la subjetividad del impresionismo. Mientras sus compañeros de generación, con los que solía andar a la gresca, optaron por la impresión de la obra única, él aspiraba a la ausencia de mediación, a la eternidad del objeto. Émile Zola, observador y experimentador, era el capitán del naturalismo, y concebía que "las únicas obras grandes y morales son las obras de la verdad". Cada uno en una vertiente artística, venían a decir lo mismo. Quizá porque eran grandes amigos, quizá porque habían crecido juntos, vivido lo mismo, amado lo mismo, incluida una mujer: Alexandrine Gabrielle Meley, modelo del pintor, esposa del escritor. Hasta que un libro los separó.

La película francesa “Cézanne y yo” se adentra en esa amistad, poderosa, volcánica y sincera, desde su encuentro apenas siendo unos críos de batalla colegial en el recreo, hasta (casi) su muerte. Una obra que, a pesar de la esencia de ambos artistas, apenas raya la superficie de su genio, de sus pasionales existencias, más por un problema de forma que de fondo. A la película de Danièle Thompson le sobran academicismo y limpieza, y le faltan valentía, crueldad, tremendismo. Los de sus personajes protagonistas. Es una película curiosa porque presenta aspectos puede que desconocidos de dos genios siempre interesantes. Pero apenas roza. Nunca duele.

"Ya no lees mis libros, los juzgas", dice Zola a Cézanne cuando éste se ve a sí mismo en el fracasado pintor Paul Lantier, el ambiguo personaje protagonista de “La obra” (1886). Los escritores, demasiadas veces, vampiros de las vidas que los rodean. "La literatura no es la verdad. Una novela no es verdad", se defiende Zola, contradiciendo en cierto sentido sus postulados básicos. Thompson, de carrera desigual como directora, aunque con una película formidable como coguionista, “La reina Margot” (Patrice Chéreau, 1994), apunta asuntos interesantes en los textos, con la presencia de las citas reales de ambos en su relación epistolar, expuestas con voces en off, pero la crudeza queda siempre en la superficie: el egoísmo autodestructivo de Cézanne, las dudas de Zola en su última etapa sobre su capacidad para recuperar la inspiración.

Con una banda sonora de Éric Neveux que marca demasiado el tono meloso, cuando estamos ante una película esencialmente dolorosa, y unos espantosos interludios entre secuencias subrayando el paso del tiempo, “Cézanne y yo” tiene, sin embargo, a dos excelentes intérpretes, Guillaume Gallienne y Guillaume Canet, estos sí, capaces de penetrar con energía en la rabiosa existencia de dos amigos que desfilaron por la fina línea que separa la victoria de la derrota. En la vida y en el arte. No Recomendada.

 

 

La seducción. (USA, 2017). Dir. Sofia Coppola.

Ganadora en el Festival de Cannes 2017 del premio a la Mejor Dirección (Sofia Coppola).

Tras su proyección en el pasado Festival de Cannes, donde los críticos pudieron sacar sus primeras impresiones, se vio claramente que la primera de ellas es que de la novela de Thomas Cullinan no podían hacer una versión parecida Don Siegel y Clint Eastwood, durísima, terrorífica y macha, y Sofia Coppola y su elenco de féminas comandado por una imperial Nicole Kidman, que también es durísima, pero ataviada con un gusto cinematográfico extremo y una perversión oscilante entre lo femenino y lo masculino.

La directora de “Las vírgenes suicidas”, de “María Antonieta”, “Somewhere” y “Lost in traslation” aboga desde el arranque por un relato entre el cuento gótico, el de hadas y el psicológico, de tal modo que la historia en sí, la de un soldado yanqui herido y camuflado en una residencia de señoritas del Sur se convierte, más que en una historia de terror calculado, en un estudio del comportamiento humano, y especialmente desde una perspectiva de la mujer. Ya en el título se ve la alteración: desde «El seductor», que era lógicamente Eastwood, a «La seducción», o sea el arte y la maquinación que en esta mirada de Coppola está tanto o más en los roles de ellas que en el del hombre, un Colin Farrell incapaz de encarnar por sí solo el control o las riendas de la empresa seductora.

No es un problema de interpretación, pues Farrell le introduce a su personaje las “debilidades” que busca Coppola, sino que la mayor complejidad la asumen los que interpretan Nicole Kidman, una primorosa Kirsten Dunst y una esquinada y potente Elle Fanning.

Ahora no es exactamente la historia de un soldado que atisba la posibilidad de cambiar su estado de víctima en el de depredador, sino exactamente sus antípodas, la de unas mujeres que ven la posibilidad de alterar su jaula dorada en un espacio abierto a la “libertad”… En el fondo, tal vez consiga Coppola lo contrario de lo que pretende y apresa al hombre entre los barrotes y la capacidad de maquinación femenina (le aplica una sutil lija al comportamiento, la solidaridad, la ética y la frondosidad del deseo de la mujer).

Aunque con independencia del poso masculino-femenino que quede en el relato, la película de Coppola es un prodigio de sutileza, de visualidad y de lírica bélica que a los ojos, pongamos del Eastwood en esencia, no le produzca más que un salivazo de tabaco mascado. Pero tiene mucho mérito. Recomendada.

 

 

Ana, mon amour. (Rumania, 2017). Dir. Calin Peter Netzer.

Ganadora en el Festival de Berlín 2017 del Premio a Mejor contribución artística (Dana Bunescu).

Cuando cineastas como Lars Von Trier o Gaspar Noé han jugado a insertar en sus películas lo que, en términos legales, se considera una imagen pornográfica, su gesto dejaba bastante claro que el móvil era esencialmente provocador y buscaba poner en cuestión los vigentes límites de la representación. En “Ana, mon amour”, cuarto largometraje del rumano Cãlin Peter Netzer, la pareja protagonista hace el amor y la cámara no titubea en registrar un tipo de imagen que, de nuevo en términos legales, habría que clasificar como pornográfica. Todo sucede con tal naturalidad, se ajusta de manera tan orgánica a una situación que es esencialmente tan vitalista y luminosa, que se tarda algunos segundos en reaccionar, en darse cuenta de lo que se había visto. La decisión de mostrar una eyaculación sin trampa, ni cartón no obedece a ningún afán provocador: en Netzer las claves de representación no parecen estar al servicio de otra cosa que de una verdad orgánica, que convierte esta disección de los claroscuros de una problemática relación amorosa en una directa negociación con jirones de pura vida.

Si en su anterior “Madre e hijo” (2013), ganadora del Oso de Oro en el festival de Berlín, el director proponía el seguimiento del viacrucis de una madre, protectora aunque escasamente modélica, en el intento de fijar la inocencia de un hijo culpable, aquí su estrategia narrativa coloca al espectador frente a las ruinas y recuerdos, servidos sin orden cronológico, de la historia de amor entre el, en principio, protector y sereno Toma y la frágil Ana, asaltada por periódicos ataques de pánico y condicionada por una turbia carga familiar. La confesión de Toma ante un sacerdote y sus conversaciones con un psicoanalista son los asideros para la reconstrucción de una cronología que acaba presentando la estructura profunda de toda relación amorosa como un juego de interdependencias que en raras ocasiones alcanza su equilibrio. Basada en la novela Luminita, mon amour de Cezar Paul-Badescu, la película, con sus tensos encuentros familiares y el desplazamiento de fragilidades que experimentan sus protagonistas, golpea duro, pero ninguna de las magulladuras que deja es gratuita. Recomendada.

 

 

Una cita en el parque. (Reno Unido, 2017). Dir. Joel Hopkins.

Si hay un subgénero cinematográfico que en los últimos tiempos haya visto elevada exponencialmente su presencia en las salas españolas ése es el de las comedias dramáticas otoñales de trasfondo romántico. Películas destinadas, en principio, al público femenino (por desgracia, no se ven pandillas de jubilados haciendo cola en los cines, y sí de mujeres) y que, con acierto o yerro, se asientan en relatos con los que ese espectador objetivo pueda identificarse: de corte sentimental, leve crítica social, apuntes de autoayuda de género y escenarios con los que soñar. Unos requisitos que cumple con cierta dignidad la película británica “Una cita en el parque”, ambientada en una bellísima Londres, y dirigida por el experto en la materia Joel Hopkins, autor de “Nunca es tarde para enamorarse” (2008).

El matonismo inmobiliario, la convivencia vecinal, la necesidad de encontrar una distracción apasionada y personal a una edad en la que cada minuto cae como una losa si el tedio gana la batalla, la relativa importancia del dinero, y el calmoso enfoque de una existencia en la que quizá hubo tiempos mejores, pero en la que con seguridad hubo tiempos peores, son los subtextos que se van apuntando en el guion de Robert Festinger, fundamentalmente cómico pero con ramalazos dramáticos.

Sin embargo, el tratamiento de Festinger prefiere la pluma al aguijón: dirige sus más aceradas punzadas críticas contra el mundo exterior que envuelve a la pareja protagonista, los formidables Diane Keaton y Brendan Gleeson, sobre todo contra una burguesía malvada y quejumbrosa pese a su privilegiada situación, pero nunca incide en los aspectos más personales, sobrevolando los temas más peligrosos para sus presumibles espectadores, y sin entrar demasiado en sus recovecos más complejos. De hecho, se le escapa vivo uno de los subtextos más interesantes de la función: la reflexión sobre ciertas mujeres que parecen vivir la vida de sus maridos, y no la propia, con exquisito gozo exterior.

Consciente de que el aspecto artístico que más calidad posee en la producción es el interpretativo, Hopkins se aplica en filmar el trabajo de Keaton y Gleeson con reverencial respeto académico, pero, a cambio, es el principal responsable de haber dado vía libre a una espantosa banda sonora de Stephen Warbeck, con apenas un tema de piano que se reitera hasta la extenuación y se pega como el algodón dulce que, en muchos aspectos, la película no llega a ser. No Recomendada.

 

 

Verónica. (España, 2017). Dir. Paco Plaza.

La última película de Paco Plaza, cineasta que ha hecho diversas probaturas en el fantástico (de 'Romasanta, la caza de la bestia' a los tres primeros '[.REC]', de un episodio de 'Películas para no dormir' a otro de 'El ministerio del tiempo'), está basada en el único caso real en el que un policía español redactó en su informe que había asistido a fenómenos paranormales. Los hechos ocurrieron en Vallecas, Madrid, a principios de los años 90, y tuvieron como protagonista a una adolescente y una sesión con ouija incluida.

Que esté inspirada en un caso documentado, del que además se nos informa que el comisario encargado de las investigaciones acabó pidiendo un traslado, no quiere decir que sea más o menos realista que otros filmes de terror con fenómenos sobrenaturales. Plaza toma ese caso concreto, pero junto a su guionista lo libera de los matices estrictos de la realidad para convertirlo en una pesadilla libre y en progresión, acorde con los elementos característicos del género. Creer o no creer en lo que pasó y ahora recrean las imágenes cinematográficas ya es cuestión de cada uno. 

Las cosas van convenientemente lentas en esta película con sobresaltos pero sin sustos gratuitos ni parafernalia terrorífica extrema, que además reconstruye muy bien aquella vida de barrio con familias numerosas de clase obrera y banda sonora de Héroes del Silencio. Es más un relato de atmósfera, como una mecha de inquietud que prende poco a poco: sombras vislumbradas de una ventana a otra de la casa en la que vive la adolescente con sus hermanos pequeños, un reflejo en el espejo, un niño que surge de donde no debería estar, siluetas diabólicas que parecen deslizarse entre el cemento de las paredes, una monja ciega que se refugia en un desván y sueños horribles e intensos que al despertar no se desvanecen. Recomendada (con reservas).

martes, 1 de agosto de 2017

¡Felices vacaciones!


Los colaborades del blog "Linterna Mágica" nos tomamos unos días de vacaciones, no sin antes desear a todos nuestros socios, amigos y seguidores un merecido descanso y un feliz verano.


 ¡Felices vacaciones. Nos vemos en septiembre!