sábado, 15 de agosto de 2015

Amy (La chica detrás del nombre) (Asif Kapadia, 2015)

Título original: Amy. Dirección: Asif Kapadia. País: Reino Unido. Año: 2015. Duración: 128 min. Género: Documental.

Guión: Asif Kapadia. Producción ejecutiva: David Joseph, Adam Barker. Producción de archivo: Paul Bell. Co-productor: George Pank. Jefe de producción: Raquel Álvarez. Música original: Antonio Pinto. Montaje: Chris King. Edición online: Jaime Leonard. Etalonaje: Paul Ensby. Producción: James Gay-Rees.

Oscar 2015 al Mejor Documental. Mejor Documental en los Premios BAFTA 2015. Mejor Documental en los Premios del Cine Europeo 2015.

Fecha del estreno: 17 Julio 2015 (España)

 

Reparto: Andrew Morris (Guardaespaldas), Blake Fielder (Ex Marido), Blake Wood (Amigo), Dales Davis (Director musical), Darcus Beese (A&R), Mitchel Winehouse (Padre de Amy).

 

Sinopsis:

Documental sobre la famosa cantante británica Amy Winehouse, que cuenta con imágenes inéditas de archivo y entrevistas con la malograda estrella, que murió en julio del 2011 a los 27 años de edad por parada cardíaca consecuencia de sus excesos con las drogas y el alcohol, adicciones agravadas por su bulimia. Amy Winehouse, ganadora de 6 Premios Grammys, se vio desde muy joven afectada por el divorcio de sus padres. Tenía un talento natural para el jazz y el soul y una voz prodigiosa que pronto la hizo una estrella mundial a pesar de lanzar sólo dos discos, pero la fama, la prensa sensacionalista, los intereses de la industria -y de su entorno- y su turbulento amor con el que fue su pareja Blake Fielder-Civil la condujeron finalmente a su trágico destino en su piso de Camden, Londres.

 

Comentarios:

Amy, el documental que triunfó en Cannes, nos plantea una pregunta inquietante: ¿qué se puede contar de nuevo sobre una celebridad del siglo XXI? Como la de tantos famosos de la actualidad, la vida pública de Amy Winehouse se desarrolló en prime time, con el mundo entero mirándola. De alguna manera, hasta su muerte trágica parecía prevista, predestinada, asumida con antelación.

En realidad, nuestra información era escasa e incorrecta. Cuando falleció, en julio de 2011, se pensó unánimemente que “la pobre Amy” había sufrido una sobredosis de drogas ilegales. Para sorpresa general, la investigación forense determinó que la causa inmediata fue una intoxicación aguda con una droga legal: había consumido una enorme cantidad de vodka.

Asif Kapadia, el director de Amy, se encontró con un dilema muy propio del tiempo presente: disponía de demasiados documentos audiovisuales de la cantante, incluyendo mucho material nunca exhibido. El primer montaje de Amy duraba tres horas y los pocos que lo vieron aseguran que resultaba desolador. En su forma definitiva, son 128 minutos y, de todas maneras, todavía deja un sabor amargo.

Técnicamente, Kapadia tenía suficientes imágenes y sonidos de Amy para que ella pudiera contar sus vivencias en primera persona. Pero no bastaba: aquello fue muy rápido y ella misma no entendía la aterradora experiencia que fue su profesionalización, coincidiendo con su entrada en la edad adulta. La película necesitaba otras voces: amigos, familiares, asociados, doctores. Y todos ellos intervienen: la abundancia de filmaciones de Amy Winehouse permite que el realizador evite ese tópico de los documentales que es la sucesión de bustos parlantes.

 

 

Esa opción narrativa por parte de Kapadia también tiene sus peligros. Amy nos sumerge en una vida tumultuosa sin permitirnos ni reposo ni reflexión. Kapadia incluso refleja lo que pudo sentir la Winehouse cuando salía a la calle, fusilada por los flases de los paparazis y los focos de los equipos de TV. Aunque se menciona la posibilidad de que su teléfono pudiera estar intervenido, no se explora la relación —en su caso, más parasitaria que simbiótica— entre los medios y los famosos a los que dan caza. Sí se retrata la crueldad gratuita de los presentadores de televisión, esos héroes del talk show que escenificaban las maldades de sus fabricantes de gags.

La potencia del montaje de Amy esconde, sin embargo, un claro reparto de héroes y villanos. Mitch Winehouse no sale bien parado: el padre de la artista se presentó en la isla caribeña donde ella estaba intentando recomponerse… acompañado por un equipo de filmación, dispuesto a rodar un documental que se titularía finalmente Saving Amy (Salvando a Amy). Fue Mitch quién decidió que su hija no necesitaba acudir a rehabilitación, inspirando de rebote la memorable canción Rehab, pero también facilitando que sus problemas crecieran.

 

 

Blake Fielder-Civil, el gran amor de la vocalista, queda retratado como un macarra, en todos los sentidos de la palabra: el dinero de su enamorada serviría para pagar el silencio del propietario de un pub al que Fielder-Civil y otros amigotes agredieron, un soborno que le ganaría una severa condena de cárcel.

No hay que olvidar a Raye Cosbert, el segundo manager, que tomó la decisión fatal de mandarla de gira cuando Amy estaba frágil, como si creyera que la carretera tiene virtudes salvíficas para artistas quebradizos. Ella se defendía perfectamente en directo pero sus actuaciones masivas coincidieron con sus momentos de debilidad; le tocó lidiar con públicos envenenados, que tal vez esperaban secretamente verla hacer el ridículo.

 


Por el contrario, el papel de guardián paternal recae en Nick Shymanksy, primer representante de Amy. Aunque, a toro pasado, cualquiera puede señalar los errores. También queda bien su discográfica Universal Music, lo que era previsible: la multinacional ha financiado el proyecto del documental.

Sensible a su mala reputación, la industria musical se ha movido con pies de plomo alrededor de Amy: el actual jefe de Universal Music en el Reino Unido, David Joseph, aseguraba haber destruido las maquetas y demás material inédito suyo, para evitar que en el futuro salgan discos flojos o los llamados desenterrados, donde se pone nuevos fondos instrumentales a pistas de voz. Con todos los respetos, cuesta creerlo; además, de todo lo grabado por una figura importante se hacen múltiples copias.

En general, se podría afirmar que Universal no cedió a sus peores impulsos a la hora de vender la música de Amy. Aceptó que ella no tenía suficientes energías para intentar conquistar el mercado discográfico más importante, el de Estados Unidos. Sacó correctas ediciones ampliadas de los dos álbumes que publicó en vida, Frank y Back to black. Como discos póstumos, solo ha editado Lioness: hidden treasures (2011) y Amy Winehouse at the BBC (2012).

Lo que no se llega a explicar en Amy es la compleja naturaleza del juego en el que ella destacó. Sin menospreciar su inmenso talento natural, era un producto de la prodigiosa cantera pop británica, con sus academias especializadas y sus hábiles mecanismos para cultivar proyectos vendibles.

 

 

A los 19 años, sin haber grabado, Amy recibió 250.000 libras en concepto de adelanto de derechos de autor por sus canciones presentes y futuras. Se desenvolvió seguidamente en la primera división del negocio musical, trabajando con productores basados en Estados Unidos, a la vez que se beneficiaba del clima creativo del barrio londinense de Camden, donde participaba en jam sessions sin llamar la atención.

Sin embargo, a pesar de toda su potencia económica, la industria musical no tiene un Departamento de Salud. Era evidente que algo no iba bien en Amy. Aunque los disqueros nada supieran de los antidepresivos o de los episodios de bulimia juvenil, a simple vista resultaba aberrante su adelgazamiento, su transformación física: aquella chica angulosa parecía empeñada en encarnar la versión 2.0 de las integrantes de las exuberantes Ronnettes. Seguía practicando la dieta romana: comer hasta hartarse y luego vomitar.

Podemos aceptar que Amy Winehouse fuera víctima de los modelos dominantes de belleza, que quedara damnificada por una relación tóxica. Viendo el documental, nos asombra aún más saber que su baja autoestima se aplicaba incluso a sus extraordinarios poderes para componer y cantar. Es lo único que hoy nadie pone en duda. (Diego A. Manrique)

Recomendada.



jueves, 13 de agosto de 2015

Globo de Cristal 2015 a la Mejor Película del Festival de Karlovy Vary: Bob y los árboles, de Diego Ongaro



"Si hay alguien interesado en la distribución de la película que hable con nosotros", cerró su discurso de agradecimiento el realizador Diego Ongaro premiado por el gran jurado con el Globo de Cristal por Bob and the Trees como la mejor película de la edición número 50 del Festival de Cine de Karlovy Vary, que dirigió su poderosa influencia a revalidar lo mejor del cine independiente norteamericano.
Este primer largo de Ongaro, realizador francés afincando en Massachusetts, tuvo hace unos meses su premiere mundial en el Festival de Sundance y del mismo universo indie norteamericano procede Sleeping with Other People, de Leslye Headland, film con el cual el festival se despidió hasta el año que viene. "Me sentí instantáneamente atraído por su personalidad magnética y sus fascinantes historias", confesó Diego Ongaro al referirse a la vida del carismático Bob Tarasuk, un trabajador que se interpreta a sí mismo en el film ganador. "Bob, el héroe irresistible de Ongaro, es sutilmente y poderosamente estudiado en su carácter, rodeado por un paisaje tan majestuoso como inescrutable", fueron los considerandos de Karel Och, director artístico del festival.
La ceremonia fue conducida como desde hace años por el presentador Marek Eben con su habitual, y generalmente poco entendible para los extranjeros, juego de palabras: "Espero que esta celebración de los cincuenta años haya sido de lo mejor para ustedes. Son las estrellas del festival y yo soy sólo un manager, así que buenas noches", dijo instantes antes de presentar el premio del público y depositarlo en manos de Harvey Keitel, protagonista de La giovinezza, de Paolo Sorrentino. El premio especial del Jurado fue para el film austríaco Jeder der fällt hat Flügel, en tanto que muy merecidamente fueron reconocidas Babai y Antonia, alzándose con el Globo de Cristal al mejor director y la mención especial del jurado respectivamente. Otra mención especial del jurado recibió el logrado film de animación La montaña mágica, de Anca Damián, que recoge las memorias de Adam Jacker Winkler. Pesn pesney, en tanto, obtuvo la mención especial del jurado ecuménico cuyo premio principal también fue para Bob and the Trees.
Las dos películas checas presentadas dentro de la competencia oficial no tuvieron ni la calidad y la jerarquía de Fair Play, de Andrea Sedlácková (presentada el año último y de próximo estreno comercial en Buenos Aires), pero sí potentes actuaciones. Alena Mihulová por Domácí péce y Krystof Hádek por Kobry a Uzovky, festejaron los premios a la mejor actriz y mejor actor. También se añadió el reconocimiento a la mítica Helena Trestíková por Mallory como mejor documental de largometraje.
El KVIFF cierra con 12.857 visitantes y una organización ejemplar. Ahora toca pensar en la número 51. 
Y nosotros nos preguntaremos si en alguna ocasión nos llegará esta película a las salas de Sevilla. Ojala!

Diego Ongaro con su Globo de Cristal

martes, 11 de agosto de 2015

Misericordia: Los casos del Departamento Q, de Mikkel Nørgaard



Título original: Kvinden i buret. Dirección: Mikkel Nørgaard. Países: Dinamarca, Alemania y Suecia. Año: 2013. Duración: 97 min. Género: Thriller, policiaco. Guion: Nikolaj Arcel; basado en la novela de Jussi Adler-Olsen. Productor: Peter Aalbæk Jensen y Louise Vesth. Música: Patrik Andrén, Uno Helmersson y Johan Söderqvist. Fotografía: Eric Kress. Montaje: Morten Egholm y Martin Schade. Estreno en España: 5 Junio 2015.
Intérpretes: Nikolaj Lie Kaas (Carl Mørck), Fares Fares (Hafez al-Assad), Sonja Richter (Marete Lyngaard), Søren Pilmark, Troels Lyby, Eric Ericson, Marijana Jankovic, Claes Ljungmark.

Sinopsis:
Después de un error que le costó la vida de uno de sus colegas y que deja paralizado a su mejor amigo, el inspector Carl Mørck atraviesa una de las peores épocas de su vida. Su sentimiento de culpabilidad aumenta cuando su jefe y la prensa dudan de su actuación. Relegado a un nuevo departamento dedicado a casos no resueltos, Carl, junto a su nuevo compañero de origen sirio Hafez al-Assad, ve la oportunidad de demostrar su valía al descubrir las numerosas irregularidades cometidas en el caso de Marete Lyngaard. Cuando en 2002, esta joven promesa de la política danesa desapareció mientras realizaba un viaje en ferry, la policía decidió cerrar el caso por falta de pruebas. Sin embargo Marete Lyngaard sigue viva aunque sometida a un terrible cautiverio. Encerrada y expuesta a los caprichos de su secuestrador, sabe que morirá el 15 de mayo de 2007. Este es el nacimiento del Departamento Q y su primer caso por resolver...

Nikolaj Lie Kaas

Comentarios:
Intriga policíaca a la moda nórdica, es decir que traduce los clichés del género a una temperatura fría, una atmósfera sórdida y una luz deprimente.
Está basada en una serie de narraciones de Jussi Adler-Olsen sobre los casos del departamento Q, o de casos no resueltos.
El aspecto, el clima, la narrativa parece un cruce de Larsson con Fincher y algo del «True Detective» de Pizzolatto, en la creación del suspense sucio y del policía atormentado.
Hay varias elecciones sustanciales por parte del director, Mikkel Norgaard, y especialmente la de conducir la trama en dos hilos narrativos paralelos, las pesquisas del detective y los sucesos que rodean a la víctima, otorgándole al espectador la ventaja de saber de antemano mucho más que los investigadores; y otra elección narrativa arriesgada es la de encajar en ese doble presente, «flashback» imaginativos o reales del tiempo pasado cuando ocurrieron los hechos. Un montaje complicado, pero explícito, que le permite a la película no flaquear ni siquiera en sus momentos cliché, los más típicos del género, la tormenta familiar y vital del detective, el compañero impuesto a regañadientes que se va abriendo hueco en el corazón gélido del protagonista, las continuas broncas con los jefes por sus métodos ingobernables y una descripción del villano más bien saltarina y caprichosa. 
Oti Rodríguez Merchante afirma que el caso que se resuelve es sumamente angustioso, de una obscenidad moral aplastante, lo que contribuye a esa especie de indignación permanente en el espectador que puede falsear o sublimar la calidad real del producto, que es bueno, peor y mejor que muchos otros similares. Tal vez el mayor acierto sea la rara pulsión entre esa extraña pareja de detectives, que interpretan Nikolaj Lie Kaas y Fares Fares y que le ponen algo de personalidad a la fórmula.


domingo, 9 de agosto de 2015

Sinatra: Nunca volveré a este maldito país, un libro de Francisco Reyero



El Cine también se lee y todo ello gracias a los libros de cine que se publican cada día. Celebramos esta interesante publicación y recomendamos su lectura, especialmente para aquellos mitómanos que desean saber curiosidades de sus estrellas, sobre todo, las más oscuras. La periodista Pilar Ruiz nos descubre sus claves.

Cien años cumpliría La Voz este diciembre si no fuese por aquel ataque al corazón que sufrió en mayo de 1998. Diecisiete años después, con motivo del centenario, la Fundación José Manuel Lara ha querido rendirle un homenaje publicando un volumen que recoge las huellas que dejó Sinatra a su paso por España. Sinatra. Nunca volveré a este maldito país es el título de este libro documentado y escrito por el periodista Francisco Reyero.

Sinatra en España
Ava Gardner es el inicio y el fin de esta historia, el motivo que trajo al cantante norteamericano hasta cinco ocasiones al sur de Europa. Tras el fallecimiento de su manager y hombre de confianza, George Evans, y después de que la Metro Goldwyn Mayer decidiera no renovar contratos con el cantante, su carrera echa el freno. A su vez, los múltiples líos extramatrimoniales de Sinatra empiezan a filtrarse, lo que provoca el inicio del fin de su matrimonio con Nancy Barbato. Pero todo eso ya daba igual: Sinatra se había enamorado, no de su mujer, sino de la mitificada Ava Gardner. Una joven con ganas de comerse el mundo.

La actriz, cuando aterrizó en Tossa del Mar en 1950 para el rodaje de Pandora y el holandés errante, "encontró en España, paradójicamente, la libertad que no tenía en Estados Unidos", dice Reyero. El español de Gardner no era bueno, pero eso no le puso trabas a su integración en la España de los 50, donde comenzó una aventura con el torero Mario Cabré.

Los rumores del romance de la pareja de moda no tardaron en filtrarse a la prensa, lo que motivó que Sinatra, "quien siempre tuvo una pasión enfermiza con Ava", viajara por primera vez a España. Es así como llega a coincidir en el Hotel Peninsular de Gerona con Gardner, quien ya se había preocupado de que Sinatra no se cruzara con el torero, "aunque la prensa española ya había tomado partido en contra del intérprete", aclara el autor del libro. "En el affaire de Ava con Mario Cabré, la afición estuvo en contra del intérprete de My Way, como si fuera a usurpar una gran conquista patriótica".

A pesar de que los celos dominaban los movimientos de Sinatra, al cantante aún le sobraba tiempo para rodearse de otras compañías. O cuanto menos, lo intentaba, como los públicos intentos de conquistar a la actriz Carmen Sevilla.

Gardner y Sinatra eran iguales, tan semejantes que no tuvieron futuro. Se casaron en 1951 -después de conseguir el cantante el divorcio oficial de Nancy- y firmaron los papeles de separación en 1953. Su matrimonio no llegó ni a los tres años. "Si fuera hombre, nunca me casaría con alguien como yo", dijo públicamente una vez Ava Gardner.

Ava y Frank en España
A finales de 1953, después de que se anunciara públicamente la separación del matrimonio Sinatra-Gardner, "ella fue a Madrid para escapar del alboroto mediático y celebrar su cumpleaños", continúa Reyero. Esas navidades, el cantante tomó un vuelo para buscarla de nuevo. Durante su estancia en la capital, "los dos compartieron noches de fiesta con el torero Luis Miguel Dominguín", con quien ella empezó una nueva relación. Ava había pedido expresamente conocer al diestro, algo a lo que ayudó el célebre coctelero Chicote. Y así, entre idas y venidas, amantes, divorcios y matrimonios, el artista estadounidense llegó a viajar a España hasta en dos ocasiones más, añadiendo capítulos a esta convulsa novela de amor y celos.

Una historia que ve su fin en 1964 cuando el vocalista, "contestatario en Hollywood" y fuera de él, tuvo un altercado en el Hotel Pez Espada de Torremolinos con un fotógrafo y la actriz cubana Ondina Canibano, al creer el norteamericano que intentaban tomarle una foto malintencionada. Sinatra, "emblema de la conquista de la cultura popular americana", según Reyero, siempre mostró una fuerte animadversión a la dictadura franquista. Este incidente acabó por causarle, además de una multa, la expulsión de España tras una detención por desacato a la autoridad. Fue ahí cuando Sinatra, que había pisado por primera vez el país 14 años atrás durante el peor período de su carrera, verbalizó la frase "I'll never go back to this fucking country again" ("Nunca volveré a este maldito país") que, desde la Costa del Sol, acabó popularizándose en todo el mundo.