viernes, 8 de marzo de 2019

La mujer de la montaña (Benedikt Erlingsson, 2018)




Título original: Kona fer í stríð. Dirección: Benedikt Erlingsson. País: Islandia. Año: 2018. Duración: 101 min. Género: Drama.  
David Alexsander Corno (Montaje), Bergsteinn Björgulfsson (Fotografía), Benedikt Erlingsson, Ólafur Egill Egilsson (Guión), David Thor Jonsson (Música), Marianne Slot, Benedikt Erlingsson, Carine Leblanc (Producción), François De Morant, Raphaël Sohier, Vincent Cosson, Aymerick Devoldère (Sonido), Dominique Rabout (Maquillaje), Sylvia Dögg Halldorsdottir, Maria Kero (Vestuario).
Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla 2018. Premio a la Mejor Actriz (Halldóra Geirharðsdóttir) en  la Seminci de Valladolid 2018.
Estreno en Sevilla: 8 Marzo 2019.

Reparto:
Halldóra Geirharðsdóttir (Halla/Ása), Jóhann Sigurðarson (Sveinbjörn), Juan Camillo Roman Estrada (Juan Camillo), Jörundur Ragnarsson (Baldvin).

Sinopsis:
A sus cincuenta años, Halla, profesora de canto, declara la guerra a la industria local del aluminio, que está contaminando su país. Para ello, toma todo tipo de riesgos con el fin de proteger el medio ambiente en Islandia. Pero su situación podría cambiar con la llegada inesperada de una carta que da luz verde por fin a sus trámites de adopción de una niña.


Comentarios:

Una decisión fuera de norma, insólita y valiente, arriesgada y procaz, puede comerse literalmente una película, o al menos el relato que se pretende contar dentro de ella, o, en cambio, salvarla de la medianía, del olvido inmediato, gracias a un recurso a medio camino entre la forma y el tono que acabe englobando un espíritu artístico.
En “La mujer de la montaña”, tercer largometraje del islandés Benedikt Erlingsson, una fábula de activismo social que degenera en terrorismo ecológico, esa táctica de derribo, esa osadía narrativa, reside en una destrucción constante de la cuarta pared: la banda sonora, de corte disonante y matices estrambóticos, se hace carne dentro del plano con la presencia de los músicos que la tocan y sus instrumentos (percusiones variadas, principalmente una caja, además de una tuba y un acordeón), detrás o delante de su personaje principal y de sus secundarios, como un coro griego que, en lugar de recitar pasajes líricos sobre el contexto de la historia, expulsa notas conformando un estilo aglutinador. Y el estilo, de ese modo, muta con su presencia casi constante, junto a la de un coro de música tradicional ucraniana, hasta convertir a la película en un inclasificable musical social, tierno y singular.
Con ecos de las bandas gitanas de Emir Kusturica, sobre todo de “Gato negro, gato blanco”, donde los músicos acompañaban las peripecias de los personajes, pero a lo bestia, con mucha mayor presencia, Erlingsson explota el recurso de principio a fin en una obra que, de todos modos, va virando en cuanto a su género, mucho más interesante cuando circula en torno a la tragicomedia social que cuando deriva hacia la aventura de supervivencia.
Como en “De caballos y hombres” (2013), su ópera prima, un absurdo cercano al de las obras de Roy Andersson domina un conjunto de fuertes raíces simbólicas, donde su heroína no deja de ser una Artemisa del nuevo milenio, diosa de la caza, la naturaleza y los animales salvajes, reconvertida en agitadora por su defensa del ecosistema. Pero sin sus tres músicos de fondo y, sobre todo, sin la banda sonora de David Thor Jonsson, “La mujer de la montaña” solo sería una película social europea más, y no la feliz extravagancia que finalmente es. (Javier Ocaña)
Recomendada.

martes, 5 de marzo de 2019

Van Gogh, a las puertas de la eternidad (Julian Schnabel, 2018)


Título original: At Eternity's Gate. Dirección: Julian Schnabel. País: USA. Año: 2018. Duración: 111 min. Género: Drama.  
Louise Kugelberg, Julian Schnabel (Montaje), Benoît Delhomme (Fotografía), Julian Schnabel, Jean-Claude Carrière, Louise Kugelberg (Guión), Tatiana Lisovkaia (Música), Jon Kilik (Producción), Charles-Marie Anthonioz, Mourad Belkeddar, Nik Bower, François-Xavier Decraene, Jean Duhamel, Nicolas Lhermitte, Deepak Nayar, Marc Schmidheiny, Thorsten Schumacher, Karl Spoerri (Producción ejecutiva), Karen Muller Serreau (Vestuario), Laurent Soulet (Casting).
Copa Volpi al Mejor Actor en el Festival de Venecia 2018. Nominada al Oscar a la Mejor Interpretación Protagonista Masculina 2018 (William Dafoe).
Estreno en Sevilla: 1 Marzo 2019.

Reparto:
Willem Dafoe (Vincent Van Gogh), Rupert Friend (Theo Van Gogh), Mads Mikkelsen (El cura), Oscar Isaac (Paul Gauguin), Anne Consigny (La profesora), Mathieu Amalric (Dr. Paul Gachet), Emmanuelle Seigner (Madame Ginoux), Niels Arestrup (Loco), Amira Casar (Johanna Van Gogh), Vincent Perez (El director).

Sinopsis:
1886, Arlés. El pintor holandés post-impresionista, Vincent van Gogh, huye del bullicio de París y se refugia en un pequeño pueblo de Francia. Allí es tratado amablemente por algunos y brutalmente por otros.
Madame Ginoux, la propietaria del restaurante del pueblo se apiada de su pobreza y le regala un libro de contabilidad, que Vincent llena de dibujos. Pero sus continuos cambios de humor hacen que varios vecinos le tengan miedo. Su mejor amigo Paul Gaugain le adora, pero acaba huyendo de su lado debido a la abrumadora personalidad de Vincent, y su hermano y comerciante de arte Theo le apoya incondicionalmente, pero no logra vender ni una sola de las pinturas del artista.
En esta tumultuosa época, Vincent pinta las obras maestras espectaculares que son reconocibles en todo el mundo hoy en día.

Fotograma de "Van Gogh, a las puertas de la eternidad"

Comentarios:
A Julian Schnabel se le puede considerar como a un artista respetado, y tiene obra que lo certifica como pintor y como cineasta, y tanto en su primera película, «Basquiat», como en esta última, dedicada a Van Gogh, funde su dualidad expresiva para acercarse y rodear al personaje. El cine y la literatura han intentado atrapar en varias ocasiones al pintor holandés, su indescifrable interior y su singularísima mirada (Minelli en «El loco del pelo rojo», Kurosawa en «Sueños» o el filme de animación «Loving Vincent»), y ahora la propuesta de Schnabel aporta escasas novedades a lo conocido de su biografía, pero sí contribuye con cierta originalidad a la fusión de su paisaje interior con el de su proceso creativo.
Lo mejor de la película es esta (con)fusión, la idea de soledad y dependencia del hombre (un pobre hombre, en realidad) junto a la de aislamiento e independencia del artista, además de la interpretación que hace Willem Dafoe de la lucidez y al tiempo simplicidad de alguien desterrado en su tiempo y nostálgico ya del éxito abrumador en los siglos venideros. Visualmente, Schnabel atrapa lo cromático de sus interiores y de su obra en muchos momentos, la angustia y la explosión en el lienzo.
Aunque deja en esbozo la relación que mantuvo con su hermano Theo y Paul Gauguin, tan bien recogidas por la literatura en «Cartas a Theo» o por la película de Minnelli (Anthony Quinn ganó un Oscar como Gauguin). Cuando más lejos llega el rastreo de Schnabel, al abismo de Van Gogh y del arte en general, es en esa conversación íntima del pintor con el cura que interpreta Mads Mikkelsen. Ideas, sentimientos, presagios, certezas. (Oti Rodríguez Marchante)
Recomendada (con reservas).


sábado, 2 de marzo de 2019

Oso de Oro en Berlín 2019: Synonymes, de Nadav Lapid


El jurado del festival, presidido por la actriz francesa Juliette Binoche y con el director chileno Sebastián Lelio entre sus miembros, ha dado su máxima distinción al director israelí Nadav Lapid por su película “Synonymes”, en la que recrea con un tono muy sardónico sus experiencias juveniles en París. 

Cartel original de "Synonymes"
En su tercer largometraje, el director de “Policía en Israel” (2011) y de “La profesora de parvulario” (2014), que obtuvo tanto éxito que hasta se hizo una versión hollywoodiense, sigue los pasos de Yoav, recién llegado a la capital francesa, a quien en su primera noche roban hasta la ropa. El joven israelí llega a la capital francesa con grandes expectativas, decidido a deshacerse de su nacionalidad lo más rápido posible. Para él, ser israelí es como un tumor que debe ser extirpado. Convertirse en francés, por otra parte, simplemente significaría su salvación. Para borrar sus orígenes, Yoav primero decide no hablar una sola palabra de hebreo. El diccionario se convierte en su mejor compañero. Las visitas a la embajada israelí le molestan. Pero el proceso también tiene sus trampas. Y la joven pareja francesa de la que se hace amigo tiene algunas ideas bastante extrañas sobre cómo ayudarlo... 

Coproducción franco-israelí interpretada por Tom Mercier, Quentin Dolmaire, Louise Chevillotte, John Sehil, Chris Zastera, Jonathan Boudina y  Gaël Raes.   

La competición oficial, a juicio de los críticos, ha sido este año bastante  mortecina. Y la película ganadora, no era probablemente la mejor película, pero tampoco la peor: la crítica internacional le concedió su premio a mejor largometraje, con lo que periodistas y jurado han coincidido.

Enhorabuena a Nadav Lapid por el Oso de Oro de la Berlinale 2019 y esperemos que pronto se estrene en la cartelera sevillana.

Fotograma de "Synonymes"

viernes, 1 de marzo de 2019

Adiós a Bruno Ganz


El actor suizo Bruno Ganz, conocido por sus papeles en “El cielo sobre Berlín” o en la polémica “El hundimiento”, donde interpretaba a un Adolf Hitler encerrado en su búnker y enfrentado a un inexorable final, murió el pasado 15 de febrero de 2019 a los 77 años en su domicilio de Zúrich a causa de un cáncer. Es el desenlace de una larga trayectoria sin igual en el cine y el teatro europeos, en los que Ganz ha brillado a través de un abanico casi infinito de papeles y matices interpretativos. Actor de físico ordinario pero magnético, fue capaz de encarnar la bondad y la vileza, la dulzura y la perversidad. Hizo de galán y de patán, oponiéndose a la tradicional división entre protagonistas y secundarios. Y ejerció de estrella de un cine europeo y transnacional, actuando en todas las latitudes del continente, cuya negra historia parecía impregnar sus mejores interpretaciones.

Ganz nació en 1941 en Zúrich, hijo de un mecánico suizo y de un ama de casa italiana. Pese a crecer en una ciudad de fuerte tradición teatral, descubrió el escenario de manera tardía. “El teatro no pertenecía a mi clase social. Vivíamos en la periferia. Mi padre solo se interesaba por las cosas técnicas”, dijo a Le Monde en 2012. A los 16 años, un amigo que trabajaba como técnico de iluminación en la Schauspielhaus de Zúrich, uno de los escenarios más prestigiosos del teatro en alemán, le invitó a ver una obra entre bambalinas. Le fascinó tanto que empezó a acudir cada noche. Decía que lo aprendió todo observando a aquellos actores, en su mayoría judíos y comunistas que habían abandonado Alemania durante la guerra. “Viéndolos pensé: ‘Estoy seguro de que soy actor. Ahora debo hacer que los demás lo sepan’”, relataba Ganz.

Escogió la interpretación sin un plan b. Fue el gran director alemán Kurt Hübner quien le dio su primera oportunidad. En 1970, se convirtió en miembro fundador de la Schaubühne, el nuevo teatro berlinés que aspiraba a romper con las normas vigentes en el teatro europeo. De espíritu izquierdista y cooperativo, aspiraba a acercar las obras a la clase obrera y llegó a interpretarlas delante de las fábricas. No alcanzaron ese objetivo, pero transformaron el teatro de una época en que los jóvenes alemanes empezaban a preguntar a sus padres qué habían hecho durante la guerra. “Esa fue mi Heimat”, diría Ganz, aludiendo a la intraducible patria íntima a la que se refieren los alemanes.

Ganz en "El cielo sobre Berlín"
El actor se quedó allí durante seis años, interpretando a Kleist o a Ibsen, hasta que llegó la llamada del cine. Un joven y ambicioso director, Wim Wenders, le había propuesto protagonizar “El amigo americano” y las normas de la compañía impedían trabajar en el séptimo arte, por lo que se vio obligado a escoger. Después repitió con Wenders en “El cielo sobre Berlín” y su continuación, “Tan lejos, tan cerca”, donde Ganz interpretaba a Cassiel, ángel de la soledad dispuesto a renunciar a su condición al descubrir la insospechada belleza de la vida de los mortales.

Ganz en "La eternidad y un día"
Ganz trabajó con otros renovadores del cine alemán, como Werner Herzog (Nosferatu, el vampiro de la noche) y Volker Schlöndorff (Círculo de engaño), pero en 1978 ya saltó al cine anglófono con “Los niños del Brasil”, sobre los experimentos de Mengele. Después, la industria hollywoodiense acudió a él con frecuencia para proyectos de todo tipo. Trabajó con Francis Ford Coppola (El hombre sin edad), Jonathan Demme (El mensajero del miedo), Stephen Daldry (El lector), Ridley Scott (El consejero) o Atom Egoyan (Remember). En el cine europeo, se puso a las órdenes de Theo Angelopoulos en “La eternidad y un día”, o de Jaime Chávarri, con quien rodó “El río de oro” cerca del monasterio de El Paular (Segovia). En los últimos años su actividad había sido frenética. Hizo de viejo hippy en la reciente “The Party”, de Sally Potter; de abuelo de Heidi en una producción familiar suiza, y de Sigmund Freud en la aún inédita “The Tobacconist”, además de participar en lo nuevo de Terrence Malick, Radegund. Ganz tiene en cartelera La casa de Jack, de Lars von Trier, donde ejerce de voz de la conciencia.

Ganz en "El hundimiento"
Pese a ese largo historial, su gran interpretación ha sido el Hitler de “El hundimiento”, papel que le costó años aceptar y que reprobó parte de su entorno, incluido su amigo Wenders. “Se dijo que no podíamos mostrar a un Hitler tan humano. Pero, ¿qué significa humano?”, se preguntó Ganz. “Hubiera preferido interpretar el ascenso de Hitler, pero nadie toca esa sustancia”, explicó en 2010 a Die Tageszeitung. Para encarnar al dictador, Ganz estudió el acento de la provincia austriaca donde nació y se internó en un centro de enfermos de Parkinson para estudiar sus movimientos. Reflejo de la desesperación tardía del personaje, pero también de la banalidad cotidiana durante sus últimos 12 días de vida, la interpretación de Ganz hizo historia. Para Ganz, que había interpretado a Hamlet y a Macbeth en el teatro, ese habrá sido su particular Rey Lear. Ganz era el portador del Anillo de Iffland, que ostenta el mejor actor en lengua alemana de forma vitalicia. Desde hace unos días, busca un nuevo propietario. (Álex Vicente)