domingo, 24 de mayo de 2015

Adiós a Manuel Molina




Manuel Molina (Ceuta, 1948), compositor, guitarrista y cantaor, impulsor del flamenco fusión con su inigualable pareja Lole, falleció recientemente en Sevilla.

El cantaor, al que le habían diagnosticado un cáncer hace apenas unos meses, se negó a recibir ningún tipo de tratamiento. Su última voluntad fue cantar y morir en un teatro. Hace apenas unas semanas su hija la cantante Alba Molina, con la que también formó pareja artística, preparó un concierto homenaje en el que estaba previsto que participara lo más granado del flamenco gitano, incluida su exesposa la cantaora Lole Montoya, pero tuvo que suspenderse al agravarse el estado de salud del músico. Con su muerte, desaparece una de las figuras fundamentales del flamenco.

El productor de Manuel Molina en los numerosos trabajos que realizaron Lole y Manuel o el cantaor en Smasch, Ricardo Pachón, señala: "Escuchar al Tío Manuel es aprender las claves más misteriosas del modo gitano de entender la vida y vivir la música. Sutiles mensajes de apertura pero, como dijo Paco de Lucía, sin apartarse del viejo tronco flamenco. Haber creado un “toque” personal por bulerías, como los Parrilla o los Moraos. Haber incorporado una nueva poesía al flamenco. Componer para la voz más sublime. Y sigue siendo una humilde fuente de verdad y sabiduría. Un ser querido dentro y fuera de la música".

Desde nuestra familia cinéfila, lo recordamos en su participación en la bellísima película que dirigió Carlos Saura hace 20 años, en 1995, titulada “Flamenco”. Hoy volvemos a recordar su bella actuación, junto a su compañera Lole. Descanse en paz. 


jueves, 21 de mayo de 2015

La belleza de... Ida, de Pawel Pawlikowski



Título original: Ida. Dirección: Pawel Pawlikowski. País: Polonia. Año: 2013. Duración: 80 minutos. Guión: Pawel Pawlikowski y Rebecca Lenkiewicz. Producción: Marcel Slawinski y Katarzyna Sobanska. Fotografía: Ryszard Lenczewski y Lukasz Zal. Montaje: Jaroslaw Kaminski. Dirección Artística: Jagna Dobesz. Diseño de Vestuario: Ola Staszko. Música: Kristian Eidnes Andersen.

Intérpretes: Agata Kulesza (Wanda), Agata Trzebuchowska (Anna/Ida), Dawid Ogrodnik (Lis), Jerzy Trela (Szymon), Adam Szyszkowski (Feliks), Halina Skoczynska (Madre Superiora).

Si en una película nos suele deslumbrar una decoración cuidada de potente colorido y original punto de vista, no es menos cierto que una belleza simple y desnuda también nos puede cautivar. Es el caso de Ida, que destaca por la belleza de su sobriedad y el magnetismo de sus personajes centrales: Anna, una joven novicia polaca, deberá conocer a su tía Wanda, su única pariente viva, antes de tomar los votos como monja; así descubrirá que es judía y que su verdadero nombre es Ida; juntas se embarcan en un viaje para encontrar los restos de sus padres.


La película se encuentra completamente alejada del preciosismo. No hay nada de artificio, nada superfluo. De hecho, el director, Pawel Pawlikowski, ha confesado haber eliminado los planos más ornamentales y, a tenor del resultado, podemos decir que ha acertado. También prescindió del abuso de diálogos explicativos: en los silencios el espectador construye las motivaciones y empatiza con los sentimientos.

Y la sobriedad alcanza además a las decisiones sobre la cámara: se opta por cámara fija con la excepción de algún travelling lateral (cámaras subjetivas en dos de los desplazamientos de Ida) y con la excepción de la inestable cámara que antecede a la protagonista en la secuencia final (no podía ser menos que inestable).

Esta cámara fija elige con frecuencia encuadres amplios y, aunque nos muestre planos medios o primeros planos, las figuras suelen aparecer ancladas a la parte inferior de la pantalla, descentradas e incluso con cortes del rostro poco ortodoxos.


Resultan curiosas las secuencias que transcurren en el interior del coche. Es verdad que las dos protagonistas comparten plano a lo largo de la película, pero dentro del automóvil aparecen en planos distintos y, en una única ocasión, en el mismo, si bien con posiciones divergentes (Ida acaba de descubrir qué papel desempeñó Wanda como fiscal del Estado), como si se quisiera dejar patente las diferencias entre ellas: diferencias entre la actitud vital de cada una y diferencias respecto a lo que buscan en el viaje que emprenden. 


Este viaje conllevará preguntas y respuestas, expresas algunas y otras implícitas en la acción,  no sólo dirigidas a sus orígenes sino también a sus luchas personales (identidad natal versus religión, por un lado, familia versus lucha política, por otro)  y al proceso de conocimiento mutuo.

Cuando su periplo concluya y se vayan a separar, la cámara sí las recoge juntas, apenas las siluetas desde atrás, con el oscuro pasado a las espaldas y saliendo a la luz, aunque el final del trayecto signifique cosas muy distintas para ambas, “contaminada” cada una con la personalidad de la otra.



El silencio termina por apoderarse de la película, ya que muy poco se habla en su último tercio. Ida, en el convento: miradas, risas y pensamientos son transparentes. Wanda, con su soledad, más gravosa que nunca. Las palabras que más resuenan son las últimas de Ida, “¿Y luego? (…) ¿Y luego?”, planteando así, con toda sencillez, su conflicto y, por extensión, el conflicto existencial.




lunes, 18 de mayo de 2015

Antoine Doinel, la evolución del álter ego de François Truffaut

Un artículo de VIRGINIA RIVAS ROSA




El personaje cinematográfico de ficción llamado “Antoine Doinel” fue creado por el director francés François Truffaut. Estaba interpretado por el actor Jean-Pierre Léaud.
Se considera en cierto modo un posible “álter ego” del propio director, ya que parece ser que el devenir de la vida del personaje tiene mucho de autobiográfico de la propia vida de Truffaut.
Antoine Doinel aparece por primera vez en la película “Los cuatrocientos golpes” (1959) y después vinieron “Antoine et Colette”, un cortometraje enmarcado dentro de la película  “El amor a los veinte años” (1962); “Besos robados” (1968); después llegó “Domicilio conyugal” (1970) y finalizó con la película “El amor en fuga” (1979). Todas ellas dirigidas por Truffaut.



Toda la evolución del personaje Antoine Doinel se nos muestra de forma progresiva. En la primera cinta ”Los cuatrocientos golpes” (1959) se nos presenta en su etapa como más infantil, como un niño que no es querido ni por su madre ni por su padrastro. Parece ser que su madre lo tuvo de soltera y que el padrastro lo adoptó y le dio sus apellidos. Antoine no se siente querido por sus padres, ya que en verdad no recibe ninguna muestra de cariño por parte de ellos; más bien le da la sensación de que es un estorbo para ellos. Su madre no se muestra maternal, ni cariñosa ni comprensiva con su propio hijo, sino al contrario, todo son riñas y normas que debe cumplir sin rechistar, gasta mucha severidad hacia él. Su padrastro parece que simplemente lo tolera, sin muestras de cariño. Por lo tanto, desde el principio de la historia se percibe el sufrimiento de Antoine al convivir en una familia donde su propia madre inventa excusas para desplazar su amargura, mientras su padrastro adopta un carácter más estricto pero a la vez comprensivo, aunque sin embargo descuidado, ya que parece como un personaje más bien secundario en la trama de la película.
Antoine, ante la falta de atención de su familia, se vuelve un alumno díscolo en el colegio, pero sus travesuras y la mala suerte que tiene al descubrir a su madre con un amante, hacen que se vaya encaminando progresivamente hacia el delito, lo cual dará pie para que su madre junto a su padrastro puedan buscar deshacerse del muchacho con mayor ímpetu, mientras él sufre todos los golpes que le da la vida a tan corta edad.
De ahí el título del film “Los cuatrocientos golpes”, relacionado intrínsecamente con la enorme cantidad de golpes que la vida le propina injustamente al pobre protagonista. Al probar las malas artes del robo es castigado con severidad por sus actos delictivos, es tratado como un adulto siendo tan joven.
El protagonista pretendía buscar una renuncia a ese funesto pasado y conseguir la libertad deseada. En casi todas las escenas del film se le ve corriendo, incluso hasta el final, cuando tras escapar del reformatorio llega al mar. Allí, mira fijamente a la cámara. ¿Qué hará a partir de ahora? El futuro puede ser esperanzador.
 
Antoine Doinel en "Los 400 golpes"
En la siguiente aventura Antoine Doinel está en el cortometraje “Antoine et Colette”(1962), ya mucho más crecidito el actor Jean-Pierre Leaud. Aquí Antoine vive su primer amor platónico con una muchacha llamada Colette.

Antoine Doinel y Colette

En 1968 protagoniza “Besos robados” junto a la actriz Claude Jade. En esta película Antoine es licenciado del servicio militar y se reencuentra con su novia Christine (Claude Jade), una chica formal violinista. Ahora, en la vida civil, Antoine busca un trabajo para sobrevivir. Encuentra uno de vigilante nocturno, pero tiene mala suerte y es despedido. Consigue otro de detective privado, desemboca seduciendo a la mujer de un cliente. La relación con Christine se deteriora y, además pierde su empleo. Trabaja como reparador de electrodomésticos, se reencuentra con Christine y se compromete con ella.
 
Antoine Doinel en "Besos robados"
En 1970  se rueda “Domicilio conyugal” que es la continuación de la historia del personaje Antoine Doinel, que comenzó con “Los 400 golpes” (1959). Ya en este film Antoine y Christine son una pareja de recién casados que esperan un hijo. Cuando Antoine conoce a otra mujer en su nuevo trabajo, inicia una relación con ella que pone en crisis su matrimonio.

Antoine Doinel en "Domicilio conyugal"

Y, por fín, en 1979, parece que termina la saga del personaje Antoine Doinel en “El amor en fuga”. Tras cinco años de vida de matrimonio y con un hijo, Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud) y Christine (Claude Jade) se divorcian. Antoine trabaja ahora como corrector en una imprenta y está enamorado de Sabine, vendedora en una tienda de discos. Su caso constituye el primero de la nueva legislación que permite el divorcio de mutuo acuerdo, por lo que a la salida del tribunal se ven asediados por los periodistas.

Antoine Doinel en "El amor en fuga"





La impresión que me transmite estas películas es que el personaje de Antoine Doinel no ha crecido a pesar de sus aventuras amorosas y laborales. Pese a tener ya un hijo, no se le ve una suficiente madurez personal para afrontar un futuro tan incierto. 

domingo, 17 de mayo de 2015

Hipócrates, de Thomas Lilti



Título original: Hippocrate. Dirección: Thomas Lilti. País: Francia. Año: 2014. Duración: 102 min. Género: Comedia dramática. Guión: Pierre Chosson, Baya Kasmi, Julien Lilti y Thomas Lilti. Productores: Agnes Vallée y Emmanuel Barraux. Diseño de producción: Alexandre Isodoro. Productora: 31 Juin Films. Director de fotografía: Nicolas Gaurin. Música: Jérôme Bensoussan y Nicolas Weil. Montaje: Christele DeWinter. Sonido: François Guillaume. Diseño de Vestuario: Cyril Fontaine. Estreno en España: 8 Mayo 2015.
Intérpretes: Vincent Lacoste (Benjamin), Reda Kateb (Abdel), Félix Moati (Stéphani), Jacques Gamblin (Profesor Barois), Marianne Denicourt (Denomandy), Carole Franck (Myriam), Philippe Rebbot (Guy), Julie Brochen (Madame Lemoine), Jeanne Cellard (Madame Richard), Thierry Levaret (Monsieur Lemoine), Rafik Ben Mebarek (Aide, camillero), Zohra Benali (Koka).

Sinopsis:
Benjamin está destinado a ser un gran doctor, pero su primera experiencia como médico residente en el hospital donde trabaja su padre no sale como él esperaba. La práctica se revela mucho más compleja que la teoría y la responsabilidad es aplastante. Además, su compañero de trabajo Abdel, un médico extranjero, tiene mucha más experiencia que él. Benjamin tendrá que enfrentarse cara a cara con sus límites y sus miedos, así como los de sus pacientes y sus familiares, los médicos y sus compañeros residentes.

Fotograma de Hipócrates

Comentarios:
Con un triunfo millonario en espectadores en Francia nos llega a Sevilla una película que pasó por la sección oficial del último Festival de Gijón y que obtuvo 7 nominaciones en los Premios César, alcanzando uno de ellos (Mejor Actor Secundario: Reda Kateb).
Su título, Hipócrates, hace referencia a un médico de la Antigua Grecia que ejerció durante el llamado siglo de Pericles. Es considerado una de las figuras más destacadas de la historia de la medicina y muchos autores se refieren a él como el «padre de la medicina».
La película nos puede hacer recordar algunos de los pasajes de la muchas series de televisión ambientadas en hospitales, tan habituales en todo el mundo tras el éxito de Urgencias, pero nos resulta muy atractivo este acercamiento a la condición laboral de la medicina, a sus dimensiones científica, ética y social, protagonizada por dos médicos residentes.
En uno de los momentos iniciales de la película uno de los jóvenes residentes entra en el hospital, pide una bata y éste observa como está llena de manchas. La encargada del departamento de material le dice al joven médico que la bata “está lavada, que son manchas limpias", la realidad es que la bata está muy lejos de lo impoluto y, parafraseando al crítico cinematográfico Javier Ocaña, ésta no es una frase intrascendente. Estamos ante la auténtica metáfora de todo lo que va a ocurrir después, donde las manchas, morales y laborales, ejercerán de hilo conductor de una película donde Thomas Lilti, su director y coguionista, utiliza la urgencia de los hermanos Dardenne en la puesta en escena, cámara en el cogote por los interminables laberintos emocionales del hospital, para narrar con convicción los desastres de ciertas decisiones administrativas en algo esencial: nuestras vidas.