miércoles, 17 de abril de 2019

Un pueblo y su rey (Pierre Schoeller, 2018)


Título original: Un peuple et son roi. Dirección: Pierre Schoeller. País: Francia. Año: 2018. Duración: 121 min. Género: Drama.  
Laurence Briaud (Montaje), Julien Hirsch (Fotografía), Pierre Schoeller (Guión), Philippe Schoeller (Música), Denis Freyd (Producción).
Presentada en el Festival de Venecia 2018 (fuera de concurso).
Estreno en Sevilla: 05 Abril 2019.

Reparto:
Gaspard Ulliel (Basile), Adèle Haenel (Françoise), Olivier Gourmet, Louis Garrel (Robespierre), Izïa Higelin (Margot), Noemie Lvovsky (Solange), Celine Sallette (Reine Audu), Denis Lavant (Marat), Johan Libereau (Tonin), Laurent Lafitte (Luis XVI), Stephane de Groodt (Norbert Pressac), Niels Schneider (Saint-Just).

Sinopsis:
Año 1789. El pueblo francés entra en revolución. La historia entrecruza los destinos de mujeres y hombres del pueblo con los de figuras históricas. Su lugar de encuentro es la recién creada Asamblea Nacional. En el centro de la historia, la suerte de un rey y el surgimiento de la República...

Fotograma de "Un pueblo y su rey"

Comentarios:
La Revolución Francesa, acontecimiento considerado por la historiografía clásica como el punto de partida de la Edad Contemporánea, ha sido abordada en lo cinematográfico por autores de toda época y condición. Pero lo habitual hasta ahora había sido escoger episodios, estamentos sociales o personajes concretos, para a partir de ellos lanzar un discurso alrededor del fin del Antiguo Régimen y el advenimiento de las bases de la democracia, sin tener que bifurcarse en multitud de ambientes, nombres, hechos y fases. Quizá por ello, independientemente de su resultado, desigual en todo caso, habría que valorar la ambición, quizá desmesurada, de Pierre Scholler, que en “Un pueblo y su rey” intenta aglutinar al pueblo, a la burguesía, a la aristocracia, a la monarquía, al clero y a la clase política en un relato que abarca desde los momentos inmediatamente posteriores a la Toma de la Bastilla, en julio de 1789, hasta la decapitación del rey Luis XVI, en enero de 1793.
Tres años y medio de vaivenes políticos y derrumbe social, de debate, muerte y lucha por la libertad, que están compuestos por Scholler con cierta capacidad didáctica, aunque con dudoso sentido cinematográfico. Aparte de la mastodóntica “Historia de una revolución” (Enrico, Heffron, 1989), mole de cinco horas y media de duración, solo Jean Renoir quiso abarcar tanto en una sola película: “La marsellesa” (1938). Porque lo más acostumbrado por el cine había sido centrarse en un determinado nombre o suceso para, a partir de ahí, englobar el sentido revolucionario en obras tan señeras como “Marat/Sade” (Peter Brook, 1967), “Danton” (Andrzej Wajda, 1982), “La noche de Varennes” (Ettore Scola, 1982) y “María Antonieta” (Sofia Coppola, 2006), donde, por ejemplo, el pueblo (casi) siempre se mantenía fuera de campo.
Por “Un pueblo y su rey”, aparte del monarca, desfilan en papeles secundarios levemente desarrollados personajes como, entre otros, Robespierre, Marat, María Antonieta, el cura Norbert Pressac, Danton y Louis de Saint-Just. Sin embargo, entre demasiadas canciones populares y mucho discurso pretendidamente histórico, el rigor se enfrenta a cada paso con lo plúmbeo, sin poder abrazar la emoción de la pequeña historia entre la gran Historia, con una única excepción: ese precioso y metafórico instante, quizá inspirado por el provocador episodio dirigido por Sean Penn en la película colectiva “11 de septiembre”, donde tras la toma de la Bastilla los revolucionarios comienzan a derribar las piedras más altas de las torres, dejando por fin pasar la luz del sol a ciertas calles y casas de París, hasta entonces en penumbra perpetua por culpa de la altura del poder, el físico, la prisión de la Bastilla, y el metafórico, con el aplastamiento político, social y económico.
Demasiado tediosa aunque con parte de lo mejor de la interpretación francesa actual al frente del reparto, la película se esfuerza por ser instructiva, pero Scholler, que en su anterior obra, “El ejercicio del poder” (2011), ambientada en un ministerio de Transportes contemporáneo, había resultado mucho más concreto, nunca acaba de aglutinar la lección y la emoción. Casi como un tocho impuesto por un férreo profesor de Bachillerato, sin aptitudes para hacer que los alumnos compartan la trascendencia de un vuelco histórico tan esencial. (Javier Ocaña)
No Recomendada.

domingo, 14 de abril de 2019

La profesora de parvulario (Sara Colangelo, 2018)


Título original: The Kindergarten Teacher. Dirección: Sara Colangelo. País: USA. Año: 2018. Duración: 96 min. Género: Drama.  
Marc Vives, Lee Percy (Montaje), Pepe Avila Del Pino (Fotografía), Sara Colangelo (Guión), Nadav Lapid (Guión adaptado), Asher Goldshmidt (Música), Talia Kleinhendler, Osnat Handelsman-Keren, Maggie Gyllenhaal, Celine Rattray, Trudie Styler (Producción), Tmira Yardeni, Carole Scotta, Nadav Lapid, Pia Getty, Jenny Halper, Nic Marshall, Dillon D Jordan, Christopher S. Burke, Chip Rosenbloom, Stephen Mao, Brendan Walsh, Bradley J. Ross, Gabriel Napora, Lee Broda, Jeff Rice (Producción ejecutiva), Gil Toren (Sonido), Vanessa Porter (Vestuario), Stephanie Holbrook, Henry Russel Bergstein (Casting).
Premio al Mejor Director de Drama en el Festival de Sundance 2018.
Estreno en Sevilla: 12 Abril 2019.

Reparto:
Maggie Gyllenhaal (Lisa Spinelli), Gael Garcia Bernal (Simon), Parker Sevak (Jimmy Roy), Anna Baryshnikov (Meghan), Rosa Salazar (Becca), Michael Chernus (Grant Spinelli).

Sinopsis:
Lisa Spinelli es una profesora de Staten Island que es inusualmente atenta con sus estudiantes. Cuando descubre que uno de ellos es un niño prodigio, se queda fascinada, y acabará arriesgando su vida familiar y su libertad para intentar que el niño desarrolle su talento...

Fotograma de "La profesora de parvulario"

Comentarios:
Como bien saben los poetas, un poema es una construcción tan frágil que basta la sustitución de una sola palabra para que la fortaleza de su construcción expresiva se desmorone. Por eso, un poema es una forma esencialmente intraducible que solo puede verterse a otra lengua asumiendo esa máxima según la cual toda traducción es una traición. Cierto es que algunas traiciones son mucho más respetables que otras.
Hace cinco años llegó discretamente a las carteleras una película israelí que hacía de la fragilidad de la voz poética su principal elemento de conflicto: se trataba de “La profesora de parvulario”, segundo largometraje de Nadav Lapid, ganador del Oso de Oro en la pasada edición de la Berlinale con su tercer trabajo, “Synonymes”, otra película que convierte el lenguaje en encarnizado campo de batalla. En ambos casos, el cineasta parte de su experiencia personal –fue precocísimo poeta y joven autoexiliado en la jungla de una cultura ajena- para proponer ficciones incómodas de alto calado alegórico. “La profesora de parvulario” contaba la historia de una maestra que convertía en cruzada personal la protección de un niño de cinco años extraña, casi sobrenaturalmente tocado por el genio poético: el enemigo a las puertas era la cultura neoliberal materialista encarnada en la figura del padre del muchacho, pero la supuesta heroína de la historia se sumergía por el camino en no pocas turbiedades morales. La película de Lapid no masajeaba a sus espectadores con un mensaje tranquilizador.
La homónima “La profesora de parvulario” de Sara Colangelo es el remake estadounidense de la anterior y, pese a responder a una fastidiosa mecánica de mercado –el público de allí rehúye la versión original como gato ante balde de agua fría-, su tono y sensibilidad delatan más un verdadero trabajo de amor que un impersonal encargo. Con todo, algo se pierde en la traducción, porque no solo la película de Lapid tenía raíz autobiográfica, sino que su feroz visión de una sociedad donde la palabra ha perdido su valor de belleza y comunicación era indisociable del entorno israelí. Colangelo sustituye los intrincados planos en continuidad de Lapid por cuidadosos juegos de foco bajo una fotografía opresiva en espacios claustrofóbicos. La directora no suaviza las aristas de su protagonista –notable Maggie Gyllenhaal-, pero, pese a concentrar el relato en menos metraje, no puede evitar cerrarlo todo colocando redundancia donde había una precisión capaz de no excluir la ambigüedad. (Jordi Costa)
Recomendada (con reservas).

jueves, 11 de abril de 2019

Dorothy Arzner, directora de cine en Hollywood


 

La presencia de mujeres detrás de las cámaras de cine no es algo reciente, podemos comprobar que desde el nacimiento del cinematógrafo, a finales del siglo XIX, encontramos muchos nombres de mujeres realizadoras (y también productoras y guionistas), aunque sus nombres no han formado parte de los manuales de Historia del Cine, o, en el mejor de los casos, aparecían de forma tangencial, como colaboradoras de sus maridos o jefes.

A medida que el cine se fue industrializando, las pequeñas compañías (muchas de ellas fundadas por mujeres como Alice Guy o Lois Weber) acabaron desapareciendo, ya que no podían competir con las cada vez más grandes productoras de Hollywood, y menos aún tras la llegada del cine sonoro, que requería cuantiosas inversiones económicas.


En este panorama, Dorothy Arzner (1897-1979) representa una importante excepción, al ser la única mujer directora en el Hollywood en los años 30. Un caso excepcional en la historia del cine americano, siendo mujer, consiguió hacer una carrera profesional como directora en la época dorada de Hollywood, con un estilo y una personalidad propia, gozando de gran prestigio dentro del sistema de estudios. En 1933 fue la primera mujer que ingresó en el Sindicato de Directores de América y fue su único miembro femenino durante varias décadas; hoy se la considera todo un referente de la integración de la mujer en la industria cinematográfica.

Trabajó como camarera en un pequeño restaurante que tenía su padre en Hollywood, por el que diariamente pasaban actores, directores y guionistas. Después de servir en el Cuerpo de Ambulancias durante la Primera Guerra Mundial, Arzner entró en el mundo del cine como secretaria del departamento de guiones, como mecanógrafa y correctora, de la Compañía Famous Players-Lasky, a las órdenes del director William C. DeMille, hermano de Cecil B. DeMille. Gracias a su talento e inteligencia progresó e hizo de script, recortadora de negativos y finalmente montadora, destacando en este campo su trabajo de montaje de las secuencias de tiroteo de Sangre y arena (1922), de Fred Niblo, asimismo fue la montadora del épico western La caravana de Oregón (1923), de James Cruze.

Fotograma de "No lo dejes escapar" (1927)

Demostrada su valía, la Paramount le encargó la dirección de su primera película muda, La reina de la moda (1927), que fue un éxito comercial y de crítica, que le permitió consolidar su éxito con otros dos títulos de cine silente, realizados el mismo año 1927: Un beso a media luz, y No lo dejes escapar,  con Clara Bow, que es la única películas muda suya que se ha conservado.

Con Manhattan Cocktail (1928), se convirtió en la primera mujer de la historia que dirigió una película sonora. Su prestigio como cineasta creció con sus siguientes películas, sobre todo La loca orgía (1929) con Clara Bow, y el drama Hacia las alturas (1933), con una jovencísima Katharine Hepburn. Pero quizá su mayor éxito fue La mujer sin alma (1936) con una también joven Rosalind Russell.

Los recientes estudios con perspectiva feminista la recuerdan, sobre todo, por la cinta Baila, muchacha, baila (1940), protagonizada por Lucille Ball y Maureeen O´Hara, en la que se denuncia del lado oscuro del mundo del music-hall.

"Baila, muchacha", balia (1940)

 Arzner dirigió 15 películas más a lo largo de la década de los treinta y comienzos de los 40, trabajó con estrellas de Hollywood como Clara Bow, Katharine Hepburn, Fredric March, Rosalind Russell, Claudette Colbert, Maureen O’Hara o Joan Crawford, en comedias y melodramas que prestaban una especial atención a los personajes femeninos, que encarnaban generalmente a mujeres fuertes y valientes.

Arzner dirigiendo a Joan Crawford

En 1943 Arzner dejó Hollywood para recuperarse de una enfermedad y no volvió más. Después de su carrera en Hollywood dirigió películas de entretenimiento para las mujeres de la armada, así como algunos anuncios publicitarios para la empresa Pepsi-Cola, a petición de su amiga Joan Crawford, ejecutiva de esa empresa. También fue profesora de cine en la Universidad de California, sede Los Ángeles. 

Aunque su nombre cayó progresivamente en el olvido, la carrera de Arzner fue reivindicada en la década de los 60 por los movimientos feministas y fue objeto de varios homenajes, como el del Sindicato de Directores de América en 1975. Hoy su filmografía no sólo se valora por su excepcional condición de mujer directora, sino por el valor intrínseco de su obra.

Arzner dejó su huella en una serie de películas de refinado estilo visual, que cuestionan los tradicionales roles de género y el papel de la mujer en la sociedad, como el sexo extramarital, parejas de extracción social diferentes, prostitución, o que, según algunos críticos, introducían velados subtextos homosexuales en la rígida estructura moralista del Hollywood de la época. Cuenta con una estrella en el Paseo de la fama de Hollywood.

El Festival de Cine de San Sebastián, en su 62 edición (2014), le dedicó una retrospectiva a Dorothy Arzner, en la que se proyectaron los doce títulos de su filmografía que se conservan de su etapa sonora. José Luis Rebordinos, director del Festival la presentó como "Una mujer feminista, lesbiana, que sin romper las reglas del cine de Hollywood que era, en general bastante conservador, consigue introducir en sus películas retratos de mujeres que tienen mucho que contar, solitarias, que pueden vivir sin los hombres".



martes, 9 de abril de 2019

Identidad borrada (Joel Edgerton, 2018)



Título original: Boy Erased. Dirección: Joel Edgerton. País: USA. Año: 2018. Duración: 115 min. Género: Drama.  
Jay Rabinowitz (Montaje), Eduard Grau (Fotografía), Joel Edgerton (Guión), Garrard Conley (Guión adaptado), Danny Bensi, Saunder Jurriaans (Música), Kerry Kohansky-Roberts, Steve Golin, Joel Edgerton (Producción), Kim Hodgert, Tony Lipp, Ann Ruark, Rebecca Yeldham, Nash Edgerton (Producción ejecutiva), Trish Summerville (Vestuario), Carmen Cuba (Casting).
Dos nominaciones a los Globos de Oro 2018: Mejor Actor de Drama (Lucas Hedge) y Mejor Canción.
Estreno en Sevilla: 05 Abril 2019.

Reparto:
Lucas Hedge (Jared Eamons), Nicole Kidman (Nancy Eamons), Joel Edgerton (Victor Sykes), Russell Crowe (Marshall Eamons), Flea (Brandon), Joe Alwyn (Henry), Xavier Dolan (Jon), Troye Sivan (Gary), Theodro Pellerin (Xavier), Cherry Jones (Dra. Muldoon), David Joseph Craig (Michael), Britton Sear (Cameron), Jesse Latourette (Sarah).

Sinopsis:
Jared Eamons es el hijo de un pastor baptista de un pueblo de Estados Unidos, que a los 19 años les confiesa a sus padres que es gay. Por temor a perder a su familia, amigos y su fe, acepta ingresar en un programa de terapia de conversión para gays. En el centro se enfrenta con el terapeuta jefe y decide seguir el camino que le llevará a encontrar su propia voz y aceptarse tal como es.

Fotograma de "Identidad borrada"

Comentarios:
En su segundo largometraje, el cineasta Joel Edgerton aborda un espinoso drama familiar en el que mezcla y agita tres ingredientes que al juntarse suelen resultar explosivos, la homosexualidad, la terapéutica y la religión. La historia está basada en el libro autobiográfico de Garrard Conlay, dedicado a sus padres con agradecimiento a pesar de que lo obligaron a someterse a programas «educativos» para reconducir sus tendencias sexuales.
Edgerton sitúa su cámara, su punto de vista, en el mejor lugar posible, muy cerca del personaje del hijo, pero sin alejarse ni cegar la perspectiva de los padres, y en especial la de la madre, que interpreta Nicole Kidman con enorme contención y un repentino y apasionado desenfreno. La descripción familiar es tan sutil como precisa, y se le encomienda al personaje del padre, Russell Crowe, el remarcado de líneas que contiene el dibujo, tan padre y patrón, tan predicador baptista y tan presionado por su Biblia y «biblieros» como por su pulsión emocional hacia el hijo.
Los frente a frente entre los tres personajes son palpitantes, húmedos, estremecedores y transmiten toda la fuerza y fragilidad de tres actores (Lucas Hedges interpreta al hijo) que saben convertir cada gesto, cada instante, en la caligrafía de sus sentimientos. Y todo este tapiz familiar delicado, tenue, Edgerton lo estruja para que supure en el tratamiento del «tratamiento», su estancia en un psiquiátrico regentado por un fulano visionario y ultraortodoxo que interpreta el propio director, cosa que también hizo con el mismo perfil sórdido en su anterior película, «El regalo».
Además de lo obvio, es decir, de su denuncia a esos lugares inmundos que machacan y borran la identidad, Edgerton habla en susurros de esas invasiones bárbaras de los padres en el corazón (y demás órganos) de sus hijos, en ese sospechoso y habitual «si lo hacemos por ti, tonto». (Oti Rodríguez Marchante)
Recomendada (con reservas).