sábado, 10 de febrero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 09-02-2018



4 películas se estrenan el 9 de febrero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Tres son producciones estadounidenses y una australiana. Segunda semana consecutiva sin ningún estreno español en la cartelera sevillana y se queda sin editar en nuestra ciudad el documental francés sobre la infancia “Ganar al viento” (Anne-Dauphine Julliand, 2016) y la película dramática argentina “Oculto el sol” (Fabricio D'Alessandro, 2016), sobre la vida de siete personas que no se conocen entre sí y su repercusión tras un eclipse solar. Nuestro repaso semanal a los estrenos en Sevilla es el siguiente:      


The Florida Project. (USA, 2017). Dir. Sean Baker. 
Drama sobre la crisis económica de 2008 interpretado por Willem Dafoe, Brooklynn Prince, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones y Mela Murder.
Nominada al Oscar al Mejor Actor de Reparto (William Dafoe).
En la zona de Florida que retrata el cineasta independiente Sean Baker hay dos tipos de parques temáticos. El que todos conocemos aunque no hayamos estado nunca, multitudinario, de colores chillones, repleto de atracciones, un sitio de paso para un día o un fin de semana a lo sumo. Y el lugar en el que vive la pequeña Moonee durante un verano, un motel con muchas habitaciones, pintado también con colores chillones, otro lugar de paso aunque varios personajes y familias enteras residan allí durante semanas porque no tienen dinero para pagarse un acomodo mejor.
El motel, una gran masa horizontal de ladrillo pintado de rosa, está cerca de Disneyworld, pero el universo Disney, al menos hasta la bellísima secuencia final, es algo prohibido y lejano para Moonee, sus dos amigos, su madre y el resto de personajes que pululan por el motel. Incluyendo al responsable del establecimiento, Bobby, magnífico Willem Dafoe. Porque 'The Florida Project' no es una película coral pese a los muchos personajes que intervienen, sino un relato con dos puntos de vista, el de Moonee, sus travesuras y la relación con su madre, y el del encargado del motel, del que vemos su día a día (el mantenimiento del lugar, cobrar los alquileres, repasar la pintura, echar a un posible pedófilo, poner paz entre disputas domésticas) y las interrelaciones que establece con alguno de los inquilinos.
Este lugar, este motel, desde el que se divisa el mundo de fantasía artificiosa del parque Disney, viene a ser un concentrado de la cara amarga del sueño americano. Pero Baker, que filma con un estilo directo, casi documental, no se regodea en sus miserias, que son muchas, y no solo económicas. Relata de forma casi costumbrista el tejido de relaciones del lugar, los trapicheos de la madre para salir adelante, el ecosistema de la convivencia forzada entre mujeres, hombres y niños que parecen estar de tránsito por el mundo, en un lugar en ninguna parte.
Vemos a la pequeña Moonee y al maduro Bobby, lo que hacen desde el amanecer hasta el anochecer. La cámara va equitativamente de una a otro contando, por el medio, pequeñas anécdotas. Algunos personajes, como el de la madre de la niña, están abocados a la autodestrucción. Pero siempre hay un curioso atisbo de luz, más que de esperanza, incluso cuando la historia deja la observación distendida para arrebolarse en el drama. Un filme magnífico y, sobre todo, muy personal. Recomendada.



15:17 Tren a París. (USA, 2018). Dir. Clint Eastwood.
Drama terrorista basado en hechos reales interpretado por Spencer Stone, Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Judy Greer y Jenna Fischer.
A estas alturas Clint Eastwood puede hacer lo que le apetezca. Y, a juzgar por sus películas más recientes, lo que ahora le apetece es hablar de hombres americanos, amantes de la patria y el ejército, que no dudan a la hora de hacer lo que tienen que hacer y se convierten en héroes. Es lógico, pues, que quisiera recrear la historia de los tres jóvenes estadounidenses que en agosto del 2015 contribuyeron a frustrar un ataque terrorista a bordo de un tren Thalys con destino a París.
Eastwood recrea lo que allí sucedió con crudeza e intensidad deslumbrantes, pero lo que le interesa no es eso sino relatar las anodinas vidas que los hombres vivieron hasta ese momento crucial. Esa decisión es solo uno de los motivos que explican por qué durante la inmensa mayoría de su metraje '15:17 Tren a París' resulta tan profundamente aburrida.
Eastwood decidió contratar a los héroes reales de esta historia para que se interpretaran a sí mismos, presumiblemente para enfatizar la verosimilitud de la película. Al parecer también decidió que, pese a la falta de experiencia, no hacía falta dirigirlos. Error. Y a los efectos de esa incapacidad interpretativa hay que añadir un guion que no ofrece reflexiones sobre el destino o los mecanismos del coraje ni sobre el contexto de terrorismo global en el que el suceso tuvo lugar ni nada que no sea el heroísmo de tres americanos devotos de Dios, las armas y la bandera. ¿El resultado? 80 minutos de escenas banales que carecen por completo de complejidades psicológicas y suspense y drama sucedidas por unos pocos minutos de acción impecablemente rodada. Un precio muy alto para una recompensa tan corta. No Recomendada.



50 sombras liberadas. (USA, 2018). Dir. James Foley.
Drama romático con elementos eróticos interpretado por Dakota Johnson, Jamie Dornan, Eric Johnson, Eloise Mumford y Rita Ora.
Tercera entrega de la saga “Cincuenta sombras”.
El score está compuesto por Danny Elfman.
Entre los conceptos que maneja el título de esta película, sin duda el más relevante es la idea de liberación. Es posible que estemos ante la peor entrega de la saga 'Cincuenta sombras', pero verla proporciona un gustito que no es el tipo de orgasmo que su cartel promocional sugiere pero sí, al menos, alivia profundamente: gracias a ella, una de las peores trilogías de la historia del cine por fin se acaba.
'Cincuenta sombras liberadas' arranca con la boda y la luna de miel de Anastasia Steele y Christian Grey, y acto seguido construye dos conflictos a su alrededor: uno está relacionado con la posibilidad de ser padres; el otro es una intriga criminal increíblemente estúpida a la que el director James Foley, eso sí, presta una atención residual. Prefiere dedicarse a dar a los fans lo que esperan: escenas que convierten el sadomaso en algo parecido a un anuncio de perfume, imágenes de coches deportivos y yates gigantes y mansiones lujosas y, entretanto, algún que otro intento vano de hacer que una pareja carente por completo de química logre despertar nuestro interés.
A esos problemas hay que añadir otro relacionado con el 'zeitgeist': la historia de una joven sometida voluntariamente al control sexual y afectivo de su pareja simplemente no encaja en el clima social actual. Cierto que en esta tercera entrega Anastasia finalmente toma las riendas de la relación, pero ese proceso se fundamenta en actitudes retrógradas: porque asume que un intercambio sexual que juguetee con conceptos como la dominación es algo a corregir; por otro, porque asume que casarse es lo mejor que una mujer puede hacer para domar a su hombre. No Recomendada.


La abeja Maya: los juegos de la miel.  (Australia, 2017). Dir. Noel Cleary, Alexs Stadermann y Sergio Delfino.
Película de animación.
La canción, al menos en su versión española, ya lo decía todo: un país multicolor, la alegría, la bondad y el mundo sin maldad. Los que éramos niños en 1978, fecha de estreno en nuestro país, recordamos la serie de televisión japonesa “La abeja Maya” como una apoteosis del buen rollo, magníficamente doblada, que solo se podía ver de pequeños, o de mayores con nostalgia, porque, pasada cierta edad, el asunto se ponía demasiado blandengue.
Justo lo que le puede ocurrir también a su serie renacimiento, y a las dos posteriores películas para cines, producidas por estudios australianos, y en las que se vira de la animación tradicional a la digital: la inicial “La abeja Maya, la película” (2014), y ésta “La abeja Maya: los juegos de la miel. Un producto blanco para los más pequeños, con el que seguramente sus padres acompañantes jueguen a la morriña, que se presenta con un convencionalismo narrativo, temático y de diálogo un poco cargante, pero que sin embargo mantiene algunas de las mejores esencias de aquella serie nipona.
En el relato, su toque de arbitraria recaudación de impuestos, al estilo de “Los siete samuráis” y, naturalmente, de su remake encubierto producido por Pixar, “Bichos”, suena a visto y oído demasiadas veces. A lo que hay que unir una estructura de película deportiva —la segunda en cartelera, coincidiendo con “Cavernícola”, de los estudios Aardman—, con todos sus marcadísimos mecanismos en el tratamiento de los personajes y de sus giros narrativos, que acaba completando un cansino panorama donde el riesgo no es más que una leyenda urbana, dentro de una puesta en escena académica pero profesional, y unos diseños y volúmenes sin sorpresas.
Sin embargo, en esa colmena sin orden ni reglas —“¡Abejitas libres que hablan fuera de lugar!”, grita la villana de la película, una dictadora—, donde la anarquía se abre paso a golpe de cucharada de miel y azúcar biempensante, reina también un interesante panorama para los críos. Maya, chica de rompe y rasga en su espíritu dionisíaco, y su amigo Willy, chico indolente y conservador —“Es que a mí no me gusta probar cosas nuevas…” — forman una pareja de un espíritu sutil y aleccionador bien encantador. Y la película recupera, en boca de la malvada de la función, un insulto clásico dirigido a los niños, y sobre todo a las niñas, quizá en vías de desaparición: aquel “¡Mocosa!” que siempre endilgaban a las rebeldes, en tono añejo y machista, cuando hacían algo que supuestamente no les correspondía. No Recomendada.

 

viernes, 9 de febrero de 2018

La música en el Cine: Paco Martín-Romo

Programa nº 26 de "La música en el Cine".
9 de febrero de 2018.  Radiopolis (88.0 FM)

"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica para Radiopolis

sábado, 3 de febrero de 2018

Legend (Ridley Scott, 1985), en Caixa Forum Sevilla



El sábado 3 de febrero de 2018, a las 18,00 horas, tendrá lugar en Caixa Forum Sevilla la proyección de la película estadounidense “Legend” (1985), del prestigioso director Ridley Scott. La proyección será en versión original en inglés con subtítulos en castellano.

Juan Pedro Delgado, editor de la revista “Fila Siete”, periodista y escritor, será el encargado de hacer la presentación de la citada proyección.

Tom Cruise
Genio como pocos, número uno como escasos, uno de los mejores directores de cine que han visto estas últimas décadas, hablamos del maestro Ridley Scott. Muchas han sido las películas que ha dirigido a lo largo de su increíble carrera y ninguna ha pasado desapercibida, cuales más o cuales menos todas han llamado la atención. No obstante si hay que nombrar a las tres películas que suben a su podio en la actualidad, esa selecta lista está ocupada por “Alien: El Octavo Pasajero”, “Blade Runner” y “Gladiator”.

Sin embargo, escondida entre esas películas que han logrado tener un reconocimiento a escala mundial, pasando totalmente desapercibida al lado de ellas y caminando a sus sombras, se encuentra una película con una belleza sin igual, como diría Samsagaz Gamyi  «un regalo para la vista sin duda». Se encuentra “Legend”.

Pareciera que Ridley Scott predijo en aquel entonces nuestra época actual y cualquiera que conozca este precioso film podría decir que logró adelantarse a ella. No así las personas que asistieron a su estreno en el año 1985, pues en líneas generales no fue acogida como una película triunfal aunque hubiese gente con pensamiento opuesto. Sea como sea “Legend”, pese a su nominación a los Óscar a mejor maquillaje, fue catalogada como película del montón.

De 1985 a 2018 hay nada menos que un trecho de 33 años y la verdad como se nota que el tiempo hace su faena de una manera u otra y se encarga de impartir su particular justicia en el Séptimo Arte. ¿Por qué? Porque “Legend” ha pasado durante ese trecho de tiempo de ser considerada una película del montón, a ser considerada “una obra maestra a la que nunca se le hizo justicia” por muchas personas que se han convertido en fervientes amantes de este film tan fantástico.

“Legend” es fantasía, es magia, te atrapa de principio a fin. No importa que escenario o quien del reparto aparezca, da lo mismo si el ritmo es pausado o rápido, su historia te cautiva de tal manera que permaneces a merced de un hechizo cercano a los 100 minutos de duración. Algo que solo te lo pueden ofrecer aquellas películas que son dignas de ser consideradas excelentes, aquellas que visual y artísticamente te lleguen muy adentro y eso lo consigue.
 
Tim Curry
La película nos sitúa en una época de oscuridad en donde las fuerzas de las tinieblas, bajo el mandato del hijo del demonio Mammon (interpretado magistralmente por el gran Tim Curry), están a punto de hacerse con el control del mundo. Solamente les separa de ello dos Unicornios, el macho y la hembra, que representan y simbolizan las fuerzas de la luz. Sin embargo Mammon ordena a su brazo diestro Blix (Alice Playten) acabar con ellos y de esta manera el mundo se sumirá en la noche eterna. Al mismo tiempo Lily (Mia Sara) una bella Princesa a la que le encanta pasear por los bosques, acude a reunirse con su pretendiente número uno, Jack (Tom Cruise) un habitante del bosque con un noble y aguerrido corazón. Jack tiene reservada una sorpresa para Lily, mostrarle a los Unicornios, pero esta rompe la regla sagrada: Está prohibido tocarlos. Al hacerlo Lily provoca accidentalmente que la luz vaya desapareciendo y que la oscuridad cobre aún más fuerza. Lily proclama que se casará con el valiente que encuentre y rescate su anillo que ella misma arroja al fondo del agua. Sin embargo Jack no logra dar con él, pues Blix ha herido de gravedad al unicornio macho rematando así la faena de la inocente princesa, a quien acto seguido secuestra junto con la hembra unicornio. Jack asume la responsabilidad de rescatar a su amada y acabar con las fuerzas de las tinieblas. No estará solo en tan complicado cometido. Le acompañara un valiente grupo de duendes guardianes del bosque liderado por Gump (David Bennent) y completado por los simpáticos Brown Tom (Cork Hubbert) y Screwball (Billy Barty) y también por la Hada Oona (Annabelle Lanyon).

Tom Cruise y Mia Sara
Una auténtico joya, como nos ilustra Miguel Ávalos, en su artículo sobre la película. El comentarista nos dice que no está solo en este barco, “Legend” reúne a un gran número de personas tan amantes como él de ella, de manera que gracias a esto se puede decir que el tiempo ha hecho justicia y ha colocado a esta obra de arte en su sitio. Pues para quienes la adoramos, “Legend” es eso mismo, una leyenda.

Gracias a Caixa Forum Sevilla por proyectar en pantalla grande este auténtico clásico de aventuras que fascinará de nuevo a sus espectadores.

viernes, 2 de febrero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 02-02-2018



6 películas se estrenan el 2 de febrero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones son estadounidenses, dos españolas, una británica y una italiana. De las seis películas estrenadas sorprende que dos huelan desde lejos a “cine familiar” con el objetivo de atraer un público fácil “comedor de palomitas”. Visto lo visto, sólo nos arriesgamos por recomendar el visionado de un estreno. Este es nuestro repaso semanal a los estrenos en Sevilla.      


El hilo invisible. (USA, 2017). Dir. Paul Thomas Anderson.   
Drama ubicado en los años 50, protagonizado por Daniel Day-Lewis, Lesley Manville, Vicky Krieps y Richard Graham.
6 nominaciones a los Oscars (incluido Mejor Película, Mejor Director y Actor Protagonista).
El score está compuesto por Jonny Greenwood.
Ese hilo fantasma, invisible, al que hace referencia el título se refiere sin duda al que utiliza ese notable director, Paul Thomas Anderson, para coser la relación entre los tres personajes de este relato, un hombre dedicado a su obsesión por la elegancia femenina, su hermana dedicada a limpiarle el camino de impurezas y una mujer que llega al camino para alicatárselo de mundo, demonio y carne. Aparentemente, Anderson propone una panorámica visualmente espectacular sobre la moda de mediados del siglo pasado y sobre los rituales para adornarse por fuera, pero lo esencial, lo mejor de la película, es el modo en que este director tan sumamente malicioso engalana por dentro a sus personajes, y muy profundamente al protagonista, Reynolds Woodcock, de quien conocemos hasta el menor detalle de su personalidad tras el apoteósico retrato que la cámara de Anderson nos brinda como si fuera un pincel: cómo se viste, cómo se peina, cómo mira a «sus» mujeres, cómo persigue lo que quiere y cómo alterna con maestría la distancia larga y corta…, y todo ello volcado sobre la interpretación de Daniel Day Lewis, un actor sublime que vive incrustado en sus personajes como un caracol en su concha y le otorga a este diseñador obsesivo una complejidad y un alma laberíntica que no es nada fácil detectar, entender, con una cabeza en reposo, sin oleajes, y tanto produce irritación, como admiración, como incluso amargor y pena. Pero estamos en una película de Paul Thomas Anderson, ese tipo malicioso que hizo «Magnolia», «Boogie Nights», «Pozos de ambición» o «The Master», y hay que esperar, por lo tanto, que su historia nos provea de al menos una gota de colirio sulfuroso que pique a rabiar y utiliza para ello a los dos personajes femeninos (la hermana, Lesley Manville, tiene un peliculón ella sola), y especialmente el que interpreta Vicky Krieps, la amante, el adorado tormento, ese punto de perversidad, de veneno, que necesita el cine de Thomas Anderson, el ardor entre el frío… Lo justo para voltear todo lo que creíamos haber visto. Mentira: «El hilo invisible» nos cuenta otra cosa, más profunda, más oscura, más temible. Recomendada.



El cuaderno de Sara. (España, 2018). Dir. Norberto López Amado.
Película de aventuras protagonizada por Belén Rueda, Manolo Cardona, Enrico Lo Verso, Marián Álvarez y Florín Opritescu.
Ha llegado un momento en el que cierto cine español debe empezar a decidir si quiere ser toro o torero. Si lo único que pretende es conquistar al público, una opción tan digna como poco infalible, o quiere intentar alcanzar también otras cotas. Y no hablamos del esforzado cine independiente y de autor, el de película con apariencia pequeña pero que con talento y trabajo se puede convertir en grande. Hablamos de las producciones por encima de la media, las de mayor capacidad financiera, las que se acercan a temas mayores con recursos industriales, y que pueden ir acompañadas (o no) de ambiciones artísticas, narrativas y visuales.
Viendo “El cuaderno de Sara”, al igual que ocurrió con, por ejemplo, “Palmeras en la nieve”, la respuesta parece clara: hemos decidido ser el toro. Ir a verlas venir y no a dominar. Buscar al público, con sencillez, casi con simpleza, sin intentar atrapar la complejidad ni la trascendencia de sus temáticas. Ponerlo fácil, conquistar con recursos melodramáticos a la mayoría, a esa que ve la televisión cada noche y se retroalimenta con la loable maquinaria publicitaria de sus propios productos.
Ambientada en el Congo —aunque rodada en Uganda—, centrada en las entrañas de la Guerra del Coltán, y protagonizada por una mujer que busca en plena selva a su hermana desaparecida, doctora de una ONG, la película escrita por Jorge Guerricaecheverria y dirigida por Norberto López Amado —de amplia experiencia en productos televisivos: “Tierra de lobos, El tiempo entre costuras, Mar de plástico”— vendría a ser la versión cinematográfica de la exitosa literatura de aeropuertos, best sellers sobre asuntos sustanciales que no dejan huella ni en el interior ni en las letras. Una visión de África destinada a un público no demasiado exigente, con una mirada superficial que, en algún momento, gracias a la buena labor de producción e interpretativa, podría apuntar incluso a una (fallida) producción de Hollywood con empaque formal y dimensión narrativa más bien meliflua: “Diamantes de sangre”, por ejemplo. Pero no llega.
Independientemente de que el periplo del personaje de Belén Rueda esté narrado con una mecánica alimentada de demasiados requerimientos a la contingencia —siempre se encuentran con alguien en el momento justo, incluso con una fila de carros de cascos azules de la ONU por un camino perdido—, lo que acaba fallando es el tono, personificado en el relato final en off, flácido y retórico, y en la huida de la ambigüedad del personaje de la doctora, interpretado por Marian Álvarez, al que nunca se decide examinar. Con oportunidades perdidas como “El cuaderno de Sara” se puede ganar dinero (o no). Fenomenal, pero luego no nos quejemos de que no nos seleccionan en Cannes o en la mayoría de festivales. No Recomendada.



Amityville: El despertar. (USA, 2017). Dir. Franck Khalfoun.
Film de terror protagonizado por Bella Thorne, Cameron Monaghan, Mckenna Grace y Jennifer Jason Leigh.
La casa sigue allí plantada, tan hermosa de día como escalofriante de noche, en el 112 de Ocean Avenue, en el pequeño pueblo de Amityville, en el estado de Nueva York. Y eso alimenta cualquier renacimiento, ya sea físico y real, o cinematográfico y de pura diversión. En aquella mansión un joven mató a toda su familia en 1974, instruido por extrañas voces en su cabeza, y de ese mismo hogar salieron por piernas sus siguientes moradores, al año siguiente, con acusaciones de encantamiento hacia la casa.
Y de allí surgió también tanto uno de los clásicos de casas fantasmagóricas de los años setenta, “Terror en Amityville” (Stuart Rosenberg, 1979), como un puñado de secuelas y nuevas versiones, a las que se une ahora “Amityville: el despertar”, digno reinicio de la serie, comandado esta vez por Franck Khalfoun, el director de “Maniac”, que además decide comenzar su película con un recordatorio de las imágenes policiales y periodísticas del suceso que dio lugar a las posteriores producciones cinematográficas. Información fascinante y aclaratoria para las nuevas generaciones de espectadores.
Khalfoun, también guionista, tiene el buen gusto de dotar a su relato de altas dosis de ironía autoparódica, introduciendo en una de las secuencias el hecho de que los nuevos inquilinos de la casa del terror pongan en su aparato de DVD la película original, como un jugoso retroalimento cinéfilo y malsano en tiempos de descreimiento. Y al terror puro le suma dos ingredientes que funcionan bien. Uno relativamente novedoso: la angustia juvenil y un cierto toque social —los vídeos sexuales y su viralización por las redes sociales—. Y otro inspirado en la película “Insidious”, aunque llevado al extremo de la perversidad: la crueldad de que al elemento más terrorífico se una la condición física del joven, enfermo perpetuo en cama, en estado vegetativo no consciente.
Película de serie B sin más ínfulas que las de ser eficaz durante hora y media escasa, “Amityville: El despertar” adolece, sin embargo, de un truco habitual en este tipo de acercamientos: como la casa provoca visiones que no existen, ello lleva a que cualquier cosa valga narrativamente, y eso es siempre un error. A lo que se une un clímax final cuya representación visual, sobre todo en lo referente a la habitación roja del sótano, está muy por debajo del resto de una película, de todos modos, con cierto vigor. No Recomendada.



Déjate llevar. (Italia, 2017). Dir. Francesco Amato.
Comedia italiana interpretada por Toni Servillo, Verónica Echegui, Carla Signoris, Luca Marinelli, Valentina Carnelutti.
Del choque fortuito entre una feminidad dinámica y explosiva y una masculinidad estática y cuestionable obtuvo la comedia estadounidense de los años 30 la llama para que entrase en combustión uno de los discursos más sofisticados del Hollywood clásico: el de la screwball comedy, territorio donde se daban la mano la herencia del slapstick silente y las nuevas posibilidades expresivas de una comicidad verbal que imprimía velocidad a la puesta en escena e inspiraba imaginativos juegos de montaje. La screwball comedy era un singular islote para la visibilidad femenina –o, mejor, para la celebración del ingenio y la inteligencia femeninas- en un contexto general donde predominaban arquetipos menos liberadores. Fue al mismo tiempo una forma específica y una sensibilidad, pero el destino ha acabado también por convertirla en una fórmula, no del todo invalidada para sostener nuevos discursos marcados por su singularidad, como ilustra buena parte de la obra de la Greta Gerwig guionista.
En “Déjate llevar”, el italiano Francesco Amato cruza el esquema de la screwball comedy con otro modelo de relato, que, en los últimos años, el cine de vocación popular ha reiterado hasta el abuso: la historia del misántropo que se humaniza por una relación de contigüidad forzada con alguna figura más pura e ingenua o menos peleada con la vida. Así, la película invita a ser definida a través de una de esas operaciones aritméticas que acaban pareciendo ese tipo de eslóganes que hacen salivar al departamento de prensa de una productora: “Déjate llevar” es “La fiera de mi niña” (1938) cruzada con “Mejor… imposible” (1997). Con la particularidad de que la suma de dos fórmulas no equivale necesariamente a la suma de sus aciertos y la mecánica aditiva no hace más que desvelar la estrategia que hay debajo. Toni Servillo y Verónica Echegui defienden su cometido –y sus personajes-, pero no hay punto de apoyo que les permita saltar más lejos en esta comedia previsible y rutinaria que crispa –y embarulla- su desenlace y que tiene su rasgo de menor previsibilidad en la relación puerta con puerta que el protagonista mantiene con su exesposa. No Recomendada.



La bola dorada. (España, 2017). Dir. Aitor Aspe.
Cine patrio, familiar y de aventuras, interpretado por Lola Álvarez, Andoni Agirregomezkorta, Soraya Arnelas, Ana Rodríguez y Natalia Navarro.
“En algún lugar de Extremadura…”. En principio, la cita inicial de “La bola dorada” promete: trasladar a nuestra más estricta cotidianidad un producto destinado al público infantil con el que los chicos puedan identificarse de verdad. Calles y colegios, casas y parques, quizá poco atractivos cinematográficos, incluso feos, pero indudablemente nuestros.
El problema es que hacer una película no es nada fácil. O al menos una película de aspecto profesional. Y Aitor Aspe, desde la dirección, y sus compañeros en el guion Juan Velarde y Maite Ruiz de Austri, ya veterana en esta línea de producciones infantiles de guerrilla, aunque asociadas a la animación —La leyenda del viento del Norte, El extraordinario viaje de Lucius Dumb—, no logran consumar un relato ni una imagen que se desprendan de la sensación de producto amateur realizado por un grupo de amigos que está empezando a practicar esto del cine.
De hecho, lo único que confiere cierto sabor a competencia profesional es el póster de la película, aunque con diseño casi calcado de Super 8 y de las producciones Amblin de los 80, y una protagonista con una varita mágica en la mano, al estilo Harry Potter. Sin embargo, no se hace una película con un póster; ni siquiera con el guiño —¿a quién, a los niños, a los padres?— de colocar a un famoso al frente del reparto: Soraya Arnelas, de Operación Triunfo. De modo que a pesar de la historia con reminiscencias de “La rosa púrpura de El Cairo”, con niña entrando y saliendo de su programa favorito de la televisión e interactuando con sus personajes, “La bola dorada”, con casi sonrojantes mensajes de autoayuda e intérpretes alzando las cejas como en una obra de instituto, solo es un vano intento —uno más esta semana— de aprovechamiento de los críos como principal consumidor de cine en nuestro país.
Y al César lo que es del César: lo mejor de la película, con diferencia, es la niña protagonista: Lola Álvarez, con acento extremeño y notable dicción. No Recomendada.



Cavernícola. (Reino Unido, 2018). Dir. Nick Park.
Película de animación de los creadores de "Wallace y Gromit”.
Menos inspirada que las producciones anteriores de Nick Park y los estudios Aardman, 'Cavernícola' funde la prehistoria con la creación del fútbol y tiene su esperado clímax en un partido que enfrenta a dos equipos cuya visión del juego es antagónica, las estrellas sobradas (algún futbolista actual podría verse reflejado sin problemas en el goleador de este equipo en teoría imbatible) y los que juegan desaliñadamente pero también de manera más creativa.
Park hace una vez más de lo analógico materia de estilo, aunque el soporte final sea digital. La estética de los personajes y objetos de plastilina animada, imperfecta pero esa es su mayor virtud estética, y el proceso 'stop-motion', que los estudios Aardman llevan reivindicando desde que crearan a Wallace y Groomit, están convenientemente afinados (fondos, movimientos físicos, efectos de luz, gestualidad) y no faltan las canciones de rigor para animar algunas secuencias.
Pero, en el fondo, 'Cavernícola' es un filme desnudo: de veleidades, artificios, saturaciones o subrayados. Va al grano (el conflicto entre dos tribus, el entrenamiento en los rudimentarios campos y el partido final narrado con la ironía épica conveniente) y se reivindica a los ojos de todos los espectadores en su clarividente pureza. 
Los personajes son menos entusiastas que en obras mayores de Park, caso de 'Chicken Run: Evasión en la granja' o la teleserie 'La oveja Shaun'. El argumento tiene más de un momento en que se desinfla. Los momentos fuertes lo son menos y algunos gags resultan insuficientes o reiterativos. Pero es una producción Aardman, y eso solo ya invita al respeto. No Recomendada.


jueves, 1 de febrero de 2018

Muerte en Venecia

"Tu música nace muerta"


In memoriam de mi querida amiga Toñi Pascual




Venecia a principios del siglo XX. Gustav von Aschenbach (Dirk Bogarde), un compositor alemán maduro, visita la ciudad de las lagunas para recuperarse de una crisis nerviosa. Se hospeda en un hotel junto al mar, donde también se ha acuartelado una noble polaca (Silvana Mangano) con sus hijos y sus criados. Su hijo Tadzio (Björn Andresen), un adolescente pálido y delicado, con largos cabellos rubios, llama la atención de Aschenbach. Pronto incluso despertará en él una admiración apasionada que provocará que sus días cada vez estén más determinados por la observación del bello muchacho. Al final, la fascinación por el hermoso adolescente se apoderará por completo del compositor, que decide entrar en contacto con él. Ignora la amenaza del cólera que se propaga por la ciudad y, al final, enfermará y morirá. Son pocas las versiones cinematográficas de clásicos de la literatura que hayan conseguido salir de la sombra del libro. Muerte en Venecia de Luchino Visconti es una de esas excepciones. Algo que también se basa en el hecho de que el director italiano no vaciló en exponerse a los reproches de falta de fidelidad a la obra por su adaptación de la célebre novela de Thomas Mann, en la que efectuó cambios notorios, para llevar a la pantalla con más claridad su visión del argumento.



A lo largo de su carrera, Visconti no trabajó sólo en el cine, también puso en escena con gran éxito óperas famosas. Este segundo talento fluye siempre en sus películas. La importancia del aspecto musical en Muerte en Venecia se puede reconocer en que Visconti convierte en compositor al escritor Aschenbach, para el que Thomas Mann se inspiró en Gustav Mahler. La música de Mahler está cargada de significado en el film. Su “Quinta Sinfonía” sirve de fondo en la secuencia de los títulos de crédito iniciales y acompaña la llegada de Aschenbach a Venecia a bordo de un vapor que asoma en el amanecer. Se volverá a utilizar constantemente a lo largo de todo el film. En la película de Visconti impera una paz extraña que refuerza el poder de la música dosificada. Se habla muy poco, no hay voz en off, tampoco monólogos interiores. La cámara, que explora los acontecimientos a distancia, y la expresiva interpretación de Dirk Bogarde, traducen con mucho acierto a lo puramente visual las exquisitas descripciones de Thomas Mann.



Pasquale de Santis, como director de fotografía consigue composiciones de imágenes primorosas, movimientos de cámara y zooms. Visconti muestra en flash-backs el origen de la decadencia de Aschenbach. La felicidad familiar destruida. Frustración sexual. Pero, sobre todo, su fracaso como artista que, en su pretensión de expresar con la música la belleza verdadera y absoluta, no sólo sigue renqueando al gusto de la época sino que también niega la propia sexualidad. Su amigo Alfred (Mark Burns) le replica que la esencia de la música es ambigua. Aschenbach se cierra en contra desesperado. Son los instantes en que Visconti interrumpe el tranquilo fluir de su película y el pasado gana terreno como un recuerdo febril en el presente apático. Entonces se hace evidente la mentira existencial que Aschenbach descubre en Venecia: al reconocer en Tadzio la perfección y la sensualidad a la vez, el solemne esteta se ve proyectado en su deseo sexual. En Visconti, los rasgos homosexuales son más evidente que en Thomas Mann. Cuando Aschenbach reconoce su deseo, ya es demasiado tarde. Es un hombre envejecido con un cuerpo caduco. Visconti muestra con amarga ironía el intento de recuperar la juventud en la peluquería. Al final, el compositor está extenuado en una tumbona de playa. Los cabellos teñidos de negro le gotean por el rostro cubierto de sudor. Entonces se ve a Tadzio de pie junto a la orilla, que se gira y le hace señas desde lejos. Un último saludo del mensajero de la muerte.



En el papel del compositor Gustav von Aschenbach, Dirk Bogarde consiguió realizar quizás el mejor trabajo de su carrera. Silvana Mangano, como la noble polaca madre de Tadzio, empezó en el Neorrealismo de la posguerra y del que se le consideró un icono. El joven sueco Björn Andresen, como el bello Tadzio, encarna en el film la belleza ideal, inalcanzable.



No quiero olvidarme del responsable del espléndido vestuario de este film, Piero Tosi trabajó con Visconti durante dos décadas. Estuvo nominado al Oscar por tres películas de Visconti: El Gatopardo, Muerte en Venecia y Ludwig. Para Tosi, el diseño de vestuario debe crear personajes auténticos que aporten a la narración, por lo que todo el vestuario estaba cuidadísimo en los films que vistió. Para Muerte en Venecia, la ropa usada fue planchada y almidonada a la manera de la época. Piero Tosi vistió a Bellísima (1951), Senso (1953), Rocco y sus hermanos (1960), El Gatopardo (1963) y La caída de los dioses (1969) entre otros filmes. Y también trabajó para otros grandes directores italianos: Pier Paolo Pasolini (Medea), Liliana Cavani (El portero de noche), o Franco Zeffirelli (La Traviata).  



La película se rodó en la propia Venecia, en el elegante establecimiento del Lido “Hotel des bains”.El Lido es un banco de arena a modo de playa de 11 kilómetros de largo.

Luchino Visconti era el vástago de una antigua familia noble italiana y se definía como marxista, cosa que no le impidió procurarse un estilo de vida opulento. Estas caras aparentemente tan dispares de su personalidad dejan huella en toda su filmografía.



Después de algunos años de aprendizaje colaborando con Jean Renoir, debutó como director, aún durante el fascismo, con Obsesión (1943) que, por su estilo naturalista, se convirtió en la chispa inicial del Neorrealismo italiano. Su película La tierra tiembla (1948), la historia de un pescador explotado por mayoristas, está considerada una obra maestra del movimiento italiano. Posteriormente, con Rocco y sus hermanos (1960), que trata de la desintegración de una familia que se muda a Milán desde el sur, para trabajar, Visconti también manifestó sus simpatías por la gente sencilla. Sin embargo, con Senso (1954) creó la primera de sus espléndidas películas en color que parecían óperas y que determinaron su obra posterior. Muchos críticos consideran que, de todas sus grandes producciones, es El Gatopardo (1963), basada en la novela de Giussepe Tomasi di Lampedusa, la mejor película de Visconti. La epopeya en imágenes majestuosas sobre una familia de nobles italianos en el siglo XIX le reportó la Palma de Oro en el Festival de cine de Cannes y le convirtió en un director internacional estrella. Pudo seguir revalidando su fama con películas como Muerte en Venecia (1970) o Luis II de Baviera (1972), una biografía del excéntrico rey. Paralelamente a su trabajo cinematográfico, Visconti trabajó también con éxito como director de escena en el teatro y en la ópera. La carrera de María Callas está estrechamente relacionada con él.      


                                           VIRGINIA RIVAS