viernes, 19 de enero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 19-01-2018



8 películas se estrenan el 19 de enero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones estadounidenses, dos francesas, una argentina, una mexicana, una rusa y una japonesa. Y ningún estreno de producción propia. Se queda sin editar en nuestra ciudad tres producciones españolas, el drama “Las heridas del viento” (Juan Carlos Rubio, 2017) de temática homosexual; el documental “Universal y faraona” (Venturas Pons, 2018), donde el director muestra una vez más su amor por la ciudad de Barcelona; y el documental en clave experimental “El mar nos mira de lejos” (Manuel Muñoz Rivas, 2017). Por otro lado, resaltar que esta semana haya entrado en cartelera “Most beautiful Island” (Ana Asensio, 2017) que quedó la semana pasada sin editar en nuestra ciudad. Así nos gusta, que los cines sevillanos apuesten por todo tipo de estrenos, no sólo lo puramente comercial. Este es nuestro repaso semanal a los estrenos en Sevilla.      

 

120  pulsaciones por minuto. (Francia, 2017). Dir. Robin Campillo.

Drama sobre el SIDA y de temática homosexual protagonizado por Nahuel Pérez Biscayart, Adèle Haenel, Yves Heck y Arnaud Valois.    

10ª película que se estrena en nuestra ciudad de la Sección Oficial del Festival de Cannes 2017. Gana el Gran Premio del Jurado en Cannes 2017 y es seleccionada por Francia como su representante en los Oscars 2018.

“Todo el mundo sabe que la plaga se acerca, todo el mundo sabe que se mueve rápido”. Con unos pocos versos de su “Everybody Knows” (la canción ideal para vacunarse contra la nostalgia de los 80), Leonard Cohen atestiguaba una época en la que la pasividad institucional, cuando no la hostilidad, se combinaba con la desinformación a pie de calle para crear la sensación de que todo el mundo, especialmente los varones gays y bisexuales, tenía una señal de peligro al pie de la cama. Y, aunque en “120 pulsaciones por minuto” no suene la voz del canadiense (la de Jimmy Somerville viene más al caso), uno piensa que este filme sobre los años trágicos del sida tiene algo de su espíritu: el del cínico que busca motivos para no rendirse al Apocalipsis, bien se hallen estos en la espiritualidad o (en el caso del director Robin Campillo, que vivió todo aquello desde dentro) en el activismo popular y en un procedimiento asambleario descrito de forma muy metódica y muy francesa. El autor de esta cinta ha trabajado con Laurent Cantet en varias películas, entre ellas “La clase”, y eso se nota mucho.

Así, “120 pulsaciones por minuto” rechaza de lleno el melodrama asociado a las narrativas sobre el síndrome: una de las primeras escenas de la película es todo un esputo en la cara de “Philadelphia”. Y rechaza también la ingenuidad de trabajos más optimistas acerca de la causa LGBT, como la británica “Pride”. Aquí los activistas tienen a veces ideas de bombero, y en sus reuniones campan a lo grande los egos y los intereses opuestos. Pero cuando el trabajo de Campillo impacta de verdad es en su último tramo: la bestia se desata, los cuerpos se desmoronan y un polvo pringoso y exultante en una cama de hospital es la última línea de defensa frente a aquello que podría haberse evitado. Luego, como epílogo, los amigos preguntándose cuál de los culpables se llevará un puñado de cenizas en la cara. Recomendada.

 

 

Los archivos del Pentágono. (USA, 2017). Dir. Steven Spielberg.

Drama basado en hechos reales y centrado en el mundo del periodismo, interpretado por Tom Hanks, Meryl Streep, Sarah Paulson, Jesse Plemons y  Bob Odenkirk.

Nominada a 6 Globos de Oro (incluido mejor Película de Drama).

El score lo compone John Williams.

El cine de Spielberg suele honrar el terreno que pisa, la historia, la aventura, la ciencia ficción, el holocausto, el bélico…, y hasta nos contó aquello de «érase una vez un tiburón…», y el mar del veraneo nunca volvió a ser el mismo. Ahora, con esta película, honra el terreno del periodismo, que no le viene mal, dicho sea de paso, que alguien lo honre. «Los archivos del Pentágono» fija su mirada en dos asuntos esenciales: en la decisión de publicar o no unas informaciones clasificadas sobre la actuación de varias Administraciones en la Guerra de Vietnam, y en la relación profesional y respetuosa entre la propiedad y la dirección de un periódico; es decir, Spielberg entra de lleno en la prístina deontología de un oficio que queda magníficamente retratado en el ambiente y la temperatura de redacción, teclear, reuniones, idas, venidas, ritmo de cierre…, una redacción con la humareda de 1971, que es cuando ocurren los hechos.

Pero hay aún algo más interesante que la redacción del «The Washington Post», y es la circunstancia de que su propietaria y editora, Katharine Graham, es una mujer y Spielberg enmarca con talento esa «anomalía» en sus entradas a la gallera de los Consejos y en su necesidad de poner huevos (liderazgo) como gallo y no como gallina. Magnífico retrato con tres o cuatro trazos de la dignidad y fuerza de una mujer y una editora de periódico, y envidiable estampa en sus contactos en clave respetuosa e íntegra con su director, Ben Bradlee, al que también se le dibuja con el valor y la decencia de quien sabe para quién trabaja, los gobernados y no los que gobiernan (principios).

Como es lógico, Meryl Streep y Tom Hanks están a la altura de sus magníficos personajes, y no necesitan de subrayados ni atenciones simplonas por parte de Spielberg para sublimarlos; la puesta en escena es insuperable, el ritmo, el tic-tac, los espacios, la infinidad de detalles que la cámara de Spielberg nos proporciona para que el espectador sienta lo intenso y vibrante de ese oficio que tiene tan mala prensa. Recomendada.



Most beautiful Island. (USA, 2017). Dir. Ana Asensio.

Drama y thriller de corte independiente, protagonizado por Ana Asensio, Natasha Romanova, David Little y Nicholas Tucci.

Tanto en “La línea del cielo” (1983) de Fernando Colomo como en “La vida inesperada” (2013) de Jorge Torregrossa, el espejismo del sueño americano, en su modulación neoyorquina, era desarticulado por la mirada de unos protagonistas, españoles atraídos por el brillo de la metrópolis, que acababan topándose con el desencanto de la precariedad y la supervivencia en los intersticios de ese supuesto Edén. Las claves, en ambos casos, eran las de una eficaz comedia costumbrista, sostenida en el carisma de sus actores y en la lúcida observación de las pequeñas diferencias entre el forastero y el integrado (o supuestamente integrado). En “Most Beautiful Island”, la actriz Ana Asensio debuta en la dirección contando algo parecido –una destilación de sus propias experiencias como inmigrante a la deriva en un Manhattan que no es el que idealizó Allen-, pero renunciando por completo a esas claves genéricas para tantear otras, con considerable fortuna.

Su película pasa del preciso y nada discursivo retrato de personaje -construido a través de conversaciones, encuentros y erráticos trayectos por las calles de la ciudad impasible- a un descenso literal al subsuelo, que se modula en forma de película de terror. Un espacio desnudo, una tensa espera y unos cuerpos en tensión le bastan a Asensio, también entregada en cuerpo y alma como actriz, para convocar una pesadilla que no necesita recurrir a ningún golpe bajo para ramificar su considerable poder de perturbación. Recomendada.



El joven Karl Marx. (Francia, 2017). Dir. Raoul Peck.

Biopic ubicado en el siglo XIX, interpretado por August Diehl, Stefan Konarske, Vicky Krieps, Olivier Gourmet y Hannah Steele.

Cuando, en “I’m Not Your Negro”, Raoul Peck rescataba las palabras de James Baldwin para darles nueva vida, su intención no era tanto la de preservar la memoria de la lucha por los derechos civiles (que también), sino comprobar cómo resonaban las palabras del escritor sobre las imágenes de un presente que sigue siendo el escenario de una encarnizada lucha. Allí eran las armas del documental las que le permitían levantar un discurso propio a partir de la resurrección de un discurso ajeno. En “El joven Karl Marx”, el marco se adapta a las exigencias convencionales y eminentemente didácticas del biopic, pero el cineasta demuestra que, incluso en un género derivado de una tradición literaria nacida al servicio de la construcción de una identidad burguesa en el siglo XVIII, es posible hacer la revolución… aunque sea dentro de un orden.

El “Like a Rolling Stone” de Bob Dylan acompaña, en los créditos finales de “El joven Karl Marx”, un montaje de imágenes que levanta acta de la perenne vigencia del pensamiento del filósofo alemán. La lucha de clases era y es una realidad, aunque el recuerdo de las derivas que pervirtieron la pureza de la utopía comunista a lo largo del siglo XX –siempre en la agenda de esa doctrina del miedo que el orden neoliberal suministra con metódica regularidad- tenga atenazado a un proletariado al que la revolución le empieza a parecer casi un extravío malsonante. Peck no es marxista –el compromiso político de quien fue ministro de cultura en Haití durante dos años se inscribe en el ámbito del nacionalismo anti-imperialista-, pero tiene claro que de Karl Marx no le interesan ni la estatua conmemorativa, ni la figura de cera, sino la energía de ese momento vital en el que, con la complicidad de Engels, entraron en combustión unas ideas capaces de transformar el mundo.

“El joven Karl Marx” es, así, una película de ideas en movimiento, con combates dialécticos en el lugar de las escenas de acción y un especial cuidado en reivindicar lo privado como zona de experimentación de nuevas maneras de amar, vivir e imaginar futuros colectivos. Guionista de Jacques Rivette y veterano de la etapa maoísta de Cahiers du Cinéma, el co-guionista Pascal Bonitzer ayuda a Peck a sintetizar y condensar largos procesos ideológicos en un trabajo que muchos han subestimado por su vocación clásica, sin apreciar la sostenida inteligencia de sus decisiones narrativas. Recomendada.



Zama. (Argentina, 2017). Dir. Lucrecia Martel.

Drama ubicado en el siglo XVIII protagonizado por Daniel Giménez Cacho, Matheus Nachtergaele, Juan Minujín y Lola Dueñas.

Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2017) y nominada al Goya a Mejor Película Hispanoamericana.

'Zama' deja claro que los nueve años que Lucrecia Martel ha pasado sin estrenar películas no ha hecho sino multiplicar su intrepidez artística y su vocación iconoclasta. Ambientada al final del siglo XVIII en la Sudamérica colonial, acompaña a un funcionario del imperio español que pierde la cabeza mientras espera un traslado para atacar la bruteza masculina y la mentalidad ignorante y racista que sustenta los imperialismos. En el proceso, la película no maneja estructuras narrativas al uso sino sobre todo texturas y densas atmósferas visuales y sonoras que deliberadamente tratan de confundir al espectador e invitarlo a que se rinda a su contundente poder sugestivo. Es una obra absolutamente única, que ofrece difícil acceso pero a cambio proporciona generosas recompensas sensoriales. Recomendada (con reservas).



Me estás matando, Susana. (México, 2016). Dir. Roberto Sneider.

Comedia romántica interpretada por Gael García Bernal, Verónica Echegui, Ashley Hinshaw y Daniel Giménez Cacho.

Presente en la Sección Oficial del Festival de Cine de Málaga 2017.  

Un pequeño sinvergüenza, tan bajito y tan canalla como puede resultar Gael García Bernal, que es mucho, se pasa la película persiguiendo a su mujer, quien trata de demostrarle que el adjetivo posesivo (ese «su») no es ni debe ser literal. Verónica Echegui, cada vez más versátil, está a la altura del carisma del actor mexicano y ambos –apenas hay un plano en el que no aparezca al menos uno– hacen más apetecible una película cuyo título podría espantar a un gladiador. Aunque peor era el de «Jo, que noche» (en castellano) y a Scorsese le salió una pequeña maravilla.

La película de Roberto Sneider, que dirige un título por década, destaca por su frescura y por tocar varios géneros sin agarrarse a ninguno. Es como la vida misma. No llega a ser una comedia, casi nunca es decididamente romántica –en todo caso no es nada ñoña– y le faltan kilómetros para ser «de carretera», aunque los protagonista viajan hasta Estados Unidos.

Ese mismo mestizaje se aplica a su mirada, más cínica que moral, más pragmática que idealista. Su crítica del machismo es tan suave como su forma de saltar el muro y probablemente no satisfará a los que esperaban una denuncia ni resultará cómoda a quienes deberían sentirse aludidos.

La adaptación de la novela de José Agustín «Ciudades desiertas» termina por ser «normal», casi sosa, y a la vez nada convencional. Justo ahí radica gran parte de su encanto. Las ajustadas interpretaciones completan la sensación de que, bajo su aspecto sencillo, en esta película hay más verdad y complejidad de las que aparenta. No Recomendada.



Mazinger Z Infinity. (Japón, 2017). Dir. Junji Shimizu.

Película de animación japonesa. Manga.

Toda cultura popular surgida entre las cenizas de una derrota bélica reclama a gritos una urgente sesión de psicoanálisis. En el Japón de 1956, la aparición del manga Tetsujin 28-go de Mitsutero Yokoyama poseía todos los rasgos de una fantasía compensatoria: punto de partida del fértil subgénero de los mecha –historias protagonizadas por robots gigantes-, Tetsujin 28-go confiaba al hijo de un científico el control (remoto) de un ingenio creado originalmente con fines bélicos. El armamento por estrenar tras la rendición se reciclaba como prótesis para mejorar la auto-estima de una nación derrotada (encarnada en la figura de un niño de diez años con dotes detectivescas). Tendrían que pasar casi dos décadas para que un autor tan transgresor como escasamente sutil, Gô Nagai, acabara dándole al subgénero su identidad definitiva, disociando ese elemento psicoanalítico de su referente directo para vincularlo a algo que no conoce fecha de caducidad: lo libidinal. Su “Mazinger Z” seguía siendo una prótesis para su propietario Koji Kabuto, pero destinada no a aliviar sus carencias espirituales, sino a reforzar algo tan tangible como la virilidad adolescente.

Con su universo de brutos mecánicos, villanos de dos sexos, cabezas voladoras y pechos misil, “Mazinger Z”, personaje manga sublimado como icono del anime televisivo, está forjado con la materia volcánica del sueño húmedo púber. Por fortuna, “Mazinger Z Infinity”, la aplicada película que le ha dedicado Junji Shimizu en ocasión del cuadragésimo quinto aniversario del personaje, no ha caído en la tentación de adaptar este imaginario a la preservativa moderación de los tiempos. Todos los ingredientes tradicionales están aquí, puestos al servicio de una historia que juega a la hipérbole, reivindica que los hallazgos de Nagai precedieron a los Transformers e introduce nuevos focos de tensión sentimental, sin esconder que, en el fondo, todo esto va de sexo sublimado. Los aficionados al manga no deben perdérsela, los restantes pueden dejarla pasar. No Recomendada.



Salvando al reino de Oz. (Rusia, 2017). Dir. Vladimir Toropchin.

Película de animación rusa en clave de aventuras. Cine familiar.

Matemático y escritor de novelas para niños, el ruso Alexánder Volkov creó la que según los especialistas es su mejor obra partiendo del mítico relato “El maravilloso mago de Oz”, publicado por L. Frank Baum en el año 1900. Recogiendo sus personajes principales, Dorothy y sus tres compañeros de viaje, Volkov escribió en 1939 “El mago de Oz”, y posteriormente una serie de secuelas, haciendo algo bien interesante: dotar al villano de la historia de una orientación y unas características militares que acababan llevando al cuento del camino de baldosas amarillas hasta el territorio de la alegoría infantil sobre los totalitarismos.

Y esa es precisamente la única virtud, la única particularidad, de “Salvando al reino de Oz”, adaptación cinematográfica de los textos de Volkov, creada por el animador ruso Vladímir Toropchin. Una película con una historia que fluye relativamente bien en su narrativa, pero con una técnica cerca de lo pedestre en su proceso animado digital, por mucho que en ciertos instantes se intente imitar, en los volúmenes y en los movimientos, la artesanal técnica del stop motion.

De modo que a pesar de que el quijotesco diseño del hombre de hojalata resulta muy atractivo, y de que la notable banda sonora otorga cierto empaque a su ritmo y a su tono, la película es una más de esas discretas producciones animadas que vienen llegando a nuestro país casi cada semana, procedentes de medio mundo, en busca del público de multisalas seguramente más fiel: el infantil. No Recomendada.

viernes, 12 de enero de 2018

Los estrenos en Sevilla de 12-01-2018



6 películas se estrenan el 12 de enero de 2018 en la cartelera cinematográfica de Sevilla. Dos producciones británicas, una estadounidense, una polaca, una francesa y una española. De los 6 estrenos, dos son de animación. Quedan sin editar en nuestra ciudad la comedia e intriga “Call TV” (Norberto Ramos del Val, 2017) y el interesante thriller de cine independiente “Most Beautiful Island” (Ana Asensio, 2017). Este es nuestro repaso semanal a los estrenos en Sevilla.      

 

Tres anuncios en las afueras. (USA, 2017). Dir. Martin McDonagh.

Thriller mezclado con comedia negra, interpretado por Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell y Lucas Hedges. 

El score lo compone Carter Burwell.

Ganadora del premio al Mejor Guión en el Festival de Venecia 2017. 4 nominaciones a los Globo de Oro (incluida Mejor Película Drama).

La protagonista es Frances McDormand, esposa de Joel Coen, y el ambiente puede recordar a los directores de 'No es país para viejos', pero estamos lejos del cine de los hermanos Coen. Es en otro territorio, incluso algo más salvaje, el del cineasta, guionista y dramaturgo anglo-irlandés Martin McDonagh, quien ahora vira hacia el medio oeste estadounidense después de haber ambientado sus películas anteriores en Bélgica ('Escondidos en Brujas') o en California ('Siete psicópatas').

Viraje consecuente porque 'Tres anuncios en las afueras' no podría pasar en otro lugar que no fuera esa pequeña localidad de Misuri llamada Ebbing, una ciudad en esencia apacible aunque esté habitada por policías borrachos, mujeres racistas y se haya producido la violación y asesinato de una muchacha. McDormand encarna a la madre de la chica. Ante la inoperancia de la policía local, incapaz de encontrar alguna pista sobre el asesino, la madre decide anunciar su ira y descontento en tres vallas publicitarias consecutivas colocadas en la entrada de la ciudad.

Letras negras sobre intenso fondo rojo. Se ven desde cualquier parte. Y alteran el orden de Ebbing. Lo mejor del filme reside en que es un brillante texto de dramaturgo volcado en imágenes con gran personalidad. McDonagh podía ser antes un símil más bárbaro de Guy Ritchie y tener algo de los Coen. Ahora posee una voz cinematográfica propia y singular.

El filme cuenta con varios personajes de interés. Siendo el de McDormand el medular, no le van a la zaga los que encarnan Sam Rockwell y Woody Harrelson, un agente de policía inepto y un sheriff sobre el que recaen no menos de dos giros interesantes de guión. Y si hay tres vallas publicitarias en las afueras, hay también tres cartas, las que escribe desde el sheriff, enfermo de cáncer, una para su esposa, otra para la madre y otra para el agente. En estas tres cartas se concentran los requiebros de un filme que, además, sabe oscilar entre tonos y tendencias -drama rural, 'thriller', comedia negra- con talento. Recomendada.

 

 

El instante más oscuro. (USA, 2017). Dir. Joe Wright.

Drama ambientado en 1940, interpretado por Gary Oldman, Ben Mendelsohn, Kristin Scott Thomas y Lily James

Nominada al Globo de Oro 2017 a Mejor Actor Drama (Gary Oldman).

El score lo compone Dario Marianelli.

Gary Oldman es uno de los actores mejor dotados del mundo para hacer de villano, pues hay algo en su cara, en su expresión, en su fondo de ojos fríos y chiquitos que te aconsejan cruzarte de acera, o mejor, irte de la ciudad. En esta película, conquistada de norte a sur y de este a oeste por la interpretación de Gary Oldman, no busquen ni esa expresión ni ese fondo de ojos, no busquen tampoco su cara, porque no está: ha desaparecido en el interior de su personaje, Winston Churchill, al que también le hace desaparecer, en cierto modo, todos sus clichés, salvo el puro y un poco su proverbial estilete. Muestra de él los temblores de su mano firme, la inseguridad de quien está convencido.

Hace unos meses era Brian Cox quien encarnaba a Churchill en la película de Jonathan Teplitzky, y ahora es el director Joe Wright, tan buen exprimidor del «zumo britis» en títulos como «Orgullo y prejuicio» o «Expiación», el que se enfrenta a la personalidad del político y propone de él un retrato distinto pero también oficial: las dudas y la firmeza del hombre que se negó a firmar la paz-rendición que le ofrecía Hitler. La película lo retrata en su vida familiar, junto a su esposa Clementine (Kristin Scott Thomas), pero casi desde el punto de vista de su secretaria Elizabet Layton (Lily James) y con su gran habano apuntando a los hechos históricos que le tocaría resolver: buenas y jugosas escenas en el Parlamento británico, su relación tensa con Chamberlain y el Rey Jorge VI, algunas de esas frases rotundas y dramáticas, incluso una secuencia algo subida de tono melodramático y ardor patriótico en el Metro londinense. Pero, ya lo decía el hombre que mató a Liberty Valance, «cuando la leyenda se convierte en realidad, hay que publicar la leyenda».

Tanto el trabajo de Oldman como el del director Wright es espléndido en cuanto a la puesta en escena, del personaje y de la historia, la cual, por cierto, sirve de contraplano de la película «Dunkerque», de Christopher Nolan: una en lo bélico y otra en los manejos de la política tratan de ese capítulo esencial de la Segunda Guerra Mundial. Por lo demás, ahora, ver a políticos que no están completamente majaretas es tranquilizador. Recomendada.



Loving Vincent. (Polonia, 2017). Dir. Dorota Kobiela y Hugh Welchman.

Nominada al Globo de Oro a Mejor Película de Animación.

Primer largometraje compuesto por pinturas animadas, "Loving Vincent" es un film homenaje a Van Gogh en el que cada fotograma es un cuadro pintado sobre óleo, tal y como el propio Vincent lo hubiera pintado.

El pionero Winsor McCay ya intuyó que la animación siempre iba a tener algo de esfuerzo épico: 4.000 dibujos a mano le permitieron ganar la apuesta con su colega George MacManus de que sería capaz de dotar de vida y movimiento a los personajes de su serie de historietas “Little Nemo in Slumberland”. Más adelante, 10.000 dibujos le hicieron ganar otra apuesta: la de resucitar a una criatura antediluviana en “Gertie, the Dinosaur (1914)”, película que, de paso, sentó las bases de la animación basada en la caracterización de personajes. Pensadas originalmente para su exhibición en los espectáculos en directo que daba el propio artista, las dos películas incorporaron sus respectivos prólogos para su exhibición autónoma en salas, en los que se dramatizaba la apuesta, colocando cierto énfasis cómico en los hiperbólicos toneles de tinta y las aparatosas resmas de papel empleadas en la ejecución de la obra.

La revolución digital, a través de su simplificación del proceso de producción, ha hecho posible que el cine animado viva una edad de oro de alta productividad y diversidad estética, pero le ha restado épica al asunto. La polaca Dorota Kobiela y el británico Hugh Welchman parecen haber encontrado un lugar único para restituir ese factor épico de la animación en “Loving Vincent”, la primera película… ¡pintada al óleo! 65.000 cuadros elaborados por 125 pintores de formación académica, pero sin experiencia en la animación, han hecho posible este milagro que logra esquivar el alto riesgo de caer en el kitsch en su intento de mimetizar y poner el movimiento el trazo de Van Gogh. Pese a recurrir a esa técnica de la rotoscopia –rodaje con actores de carne y hueso para servir de base al resultado final- que la ortodoxia de la animación suele considerar un atajo, Loving Vincent se impone con la fuerza de una imposibilidad hábilmente materializada.

La película adopta, al modo de “Ciudadano Kane” (1941), la forma de una investigación post-mortem cuyos tesoros en el centro del laberinto son el asombro del artista ante la belleza cotidiana del mundo y el sacrificio existencial del hermano Theo para la protección de un genio malogrado. La meticulosa construcción de todo un universo a través de la cita pictórica y la lucidez a la hora de interpretar la potencialidad de movimiento y de variación de ángulos en la pintura de Van Gogh se convierten en las mayores fortalezas de un trabajo titánico. Recomendada.



Thi Mai, rumbo a Vietnam. (España, 2018). Dir. Patricia Ferreira.

Comedia dramática interpretada por Carmen Machi, Adriana Ozores, Aitana Sánchez-Gijón, Dani Rovira y Luis Bermejo.

Rara vez aludimos a esos aspectos, en principio tan colaterales que no tienen cabida en los textos, pero la crítica de cine también puede incluir el comentario más o menos somero de los materiales elegidos para la venta del producto. Y en este caso parece obligado, aunque casi más como aviso a navegantes que como apreciación en sí. De modo que solucionémoslo en el primer párrafo, porque es, con diferencia, lo peor de la película: “Thi Mai, rumbo a Vietnam”, quinto largometraje de ficción de Patricia Ferreira, es bastante mejor que ese horrendo póster, en cuestión de diseño, fotografía, composición, colores, tipografías e incluso tono, y que ese espantable título que, aunque vista la historia pueda tener su poder simbólico, antes de ella parece pergeñado para huir en busca de otro entretenimiento.

Y la alusión al tono viene dada porque lo que desprende ese cartel es aroma a comedia desarbolada y dicharachera, cuando en realidad estamos ante una comedia dramática de libro —que no comedia negra, pues la risa y el llanto se suceden alternativamente en cada secuencia, y nunca en conjunción—, con afanes de cierta trascendencia sobre temas mayúsculos en la sociedad española contemporánea: la degradación de la mujer, la rebelión de opresión machista, el surgimiento de las familias monoparentales, las dificultades para la adopción en el extranjero, la muerte de una hija y su duelo, el papel de los abuelos como salvación de un modo de vida ante la imposible conciliación, las jubilaciones no ya anticipadas sino mortalmente precoces, y la dictadura de la juventud.

Con personajes muy reconocibles, tres actrices magníficas al frente, tanto en el drama como en la comedia, y con una gran complicidad mutua, Thi Mai se presenta de este modo como un digno acercamiento a la realidad social desde los postulados de la comedia popular, a los que siempre ha estado adscrita Marta Sánchez, su ya veterana guionista televisiva —cientos de episodios de 7 vidas, Aída y Allí abajo—, aunque en su primer libreto para cine. Con evidentes virtudes de producción, en un rodaje en Hanoi que se supone nada fácil pero que luce con naturalidad, Ferreira lleva la dirección con ritmo y soltura, aunque en algunas de las siempre complicadísimas secuencias de slapstick deambula peligrosamente por el alambre del ridículo.

De modo que a pesar de venderse como comedia pura, es en la diversidad del panorama femenino que presenta, y en sus actitudes, donde más se agradece una película que, sin embargo, resbala en las líneas burlescas alejadas de sus tres protagonistas. Y ahí los discretísimos diálogos con los que tiene que lidiar Dani Rovira son la muestra inequívoca de una obra paradójicamente mejor en su crítica social que en las raíces del jolgorio con las que pretende venderse. No Recomendada.



El extranjero. (Reino Unido, 2017). Dir. Martin Campbell.

Thriller británico interpretado por Jackie Chan, Pierce Brosnan, Charlie Murphy y Katie Leung.

El score está compuesto por Cliff Martinez.

El terrorismo, lacra compleja en sus esencias y en sus motivaciones, en sus derivaciones políticas y en los métodos para su aniquilación, admite pocas sutilezas en sus consecuencias. Un padre roto por la muerte de su hija inocente. Punto. Deseos de venganza. Una fusión entre trascendencia temática y borrón emocional de brocha gorda a la que pretende llegar con profesionalidad, altas dosis de valentía y aún más de insensatez “El extranjero”, película de Martin Campbell basada en una novela publicada en 1992 por el británico Stephen Leather, “The chinaman”, ambientada durante una ola de atentados del IRA Auténtico en Londres, y en la que se ve involucrado un sencillo ciudadano británico de origen vietnamita, que esconde un oscuro pasado: fue miembro de las fuerzas especiales del Viet Cong y, básicamente, esconde a un guerrero jubilado en la sombra.

¿Un sesentón oriental, viudo y con una única hija, poniendo en jaque al mismo tiempo a toda una organización terrorista y al gobierno británico, pidiendo los nombres de los que asesinaron a su hija adolescente y actuando violentamente ante las negativas? Suena muy loco y en realidad lo es. Pero coloca a Jackie Chan de protagonista, y al menos una parte del público entrará en sus particularidades en torno al cine de acción. Campbell, viejo zorro, con éxitos comerciales en tres décadas, incluyendo un par de trabajos para la saga James Bond —Goldeneye y Casino Royale—, sabe cómo utilizar la narración y el ritmo, y cómo filmar tanto las luchas como el suspense.

Sin embargo, la historia de Leather, adaptada al cine por David Marconi, es tan ambiciosa y al mismo tiempo tan disparatada que, a pesar de la lógica interna de un relato compuesto con eficacia, solo admite cierta validez externa —política, histórica— en el terreno del fuego de artificio efervescente e irreflexivo. Así, entre otras osadías, ver a todo un viceministro principal del gobierno de Irlanda del Norte disparar en las rodillas a un jefazo del IRA durante una reunión, y con un intérprete, Pierce Brosnan, que parece vestido y maquillado para parecer un doble de Gerry Adams, convierte a la secuencia en algo ciertamente inolvidable. No Recomendada.



The Jungle Bunch: La panda de la selva. (Francia, 2017). Dir. David Alaux.

Película de animación francesa.

Pese a la extendida teoría entre ciertos padres de que a los críos les pones dibujos en una pantalla de cualquier tamaño y se quedan embobados para un buen rato, los niños no se lo tragan todo. Como decían Les Luthiers: "Los niños, aun los más pequeñitos, también son seres pensantes, casi podríamos decir que son seres humanos".

Un criterio que podría confirmarse con la visión de la película francesa “The Jungle Bunch: La panda de la selva”, extensión hasta más allá de la hora y media de duración de la serie del mismo título, emitida en España por Clan TVE y de apenas diez minutos por capítulo, uno de las más toscos productos de animación, en lo técnico y en lo narrativo, que hayan pasado por los cines españoles en los últimos años.

Con una esencia asentada en el mensaje de tolerancia y la defensa de la diferencia, pues su protagonista es un pingüino tigre —de formas y movimientos de ave marina, pero con colores y dibujo de felino—, La panda de la selva no va más allá. Técnicamente cerca de lo deplorable, con un montaje y una puesta en escena, o su simulacro digital, que parece conformada a partir de cualquier programa informático de saldo con apenas un par de posibilidades —zoom hacia adelante, zoom hacia atrás—, un diseño de personajes horrendo —la tigresa madre parece un peluche de un bazar chino—, y unos rudimentarios movimientos en la animación, la película podría tener, al menos, algo de imaginación en su narrativa, o en sus diálogos, pero tampoco es el caso.

Su incomprensible estructura narrativa, donde no hay planteamiento aristotélico de la historia, y ni siquiera una refrescante anarquía que la haga destacar, completa un producto cerca de lo infame que solo puede llamar la atención con el póster en la entrada de una multisala. Pero en cuanto los dibujos se pongan en movimiento y sus personajes comiencen a hablar, los niños, seres pensantes, estarán muy lejos de tragarse lo que les están contando y mostrando. No Recomendada.

La música en el cine: Carmen Gloria Madrigal

Programa nº 24 de "La música en el Cine".
12 de enero de 2018.  Radiopolis (88.0 FM)
"La música en el Cine" es un programa de Linterna Mágica en Radiopolis

jueves, 11 de enero de 2018

Wonderstruck. El museo de las maravillas



En El Museo de las Maravillas, Todd Haynes (1961) lleva a la pantalla la novela juvenil "Maravillas" (Wonderstruck), de Brian Selznick (1966), pariente del célebre productor David O. Selznick, y autor también del libro "La invención de Hugo Cabret" que llevó al cine Martin Scorsese. La película nos cuenta dos historias que transcurren de forma paralela, aunque tienen lugar en épocas y lugares distintos, ambas están protagonizadas por niños: Rose, una niña sorda que vive en New Jersey en 1927, y Ben, un chaval de una localidad de Minnesota, que en 1977, por accidente, pierde la audición. Los protagonistas, deseosos de encontrar un sentido a sus vidas, emprenden sendos viajes en busca de su identidad, viaje que les llevará hasta la ciudad de Nueva York, donde un museo de piezas singulares, por su valor y su rareza, "El museo de las Maravillas", constituye el espacio donde convergen ambas historias. 

Estreno mundial en Cannes, sin el éxito de su anterior título, "Carol", que logró la Palma de Oro en 2015

Dice Haynes que lo que le interesó de la novela es "cómo reflejaba la situación de vulnerabilidad de esos adolescentes ante un sentimiento de pérdida. Eso es algo que está ligado a la exigencia de encontrar tu lugar en el mundo. Un conflicto que, efectivamente, de un modo u otro está presente en casi todos mis trabajos, quizá porque todos hemos pasado por ahí". 

Para el papel de Rose, Haynes realizó un cásting al que acudieron 250 niñas, y la elegida fue Millicent Simmonds, una chica de 15 años, sorda como su personaje, sin experiencia en el cine, y vuelve a contar con Julianne Moore, después de “Safe” y "Lejos del cielo". 

Millicent Simmonds y Julianne Moore caracterizada como Lillian Mayhew, en un claro homenaje a Lillian Gish

El cine de Todd Haynes se caracteriza por su cuidado estilo formal, es un cine sutil y poético aunque no carente de toques de vanguardia; aquí como en otras de sus películas, pone los ojos en un pasado relativamente reciente de Estados Unidos, evidenciando los prejuicios y la hipocresía de la sociedad.

Dado que las dos historias están separadas en el tiempo por cincuenta años, para su relato, el director alterna constantemente dos estilos y dos técnicas narrativas distintas: fotografía en blanco y negro y escasez de diálogos para la acción que transcurre en 1922, donde destaca la función narrativa de la música compuesta por Carter Burwell (todo un homenaje al cine mudo), y frente ello, el colorido y la estética hippy, propios de los años 70, acompañados por composiciones pop de la época, como la canción Space Oddity de David Bowie, muy presente en el relato (incluso en el trailer promocional). 



Asistimos a una primorosa recreación de las dos épocas en las que transcurre la acción, para lo que hay que destacar la "doblemente" cuidada fotografía de Edward Lachman, un habitual colaborador de Haynes, así como el trabajo que la diseñadora Sandy Powell, ganadora de tres Oscar y responsable también del vestuario de títulos anteriores de Haynes como "Velvet Goldmine", "Lejos del Cielo" y "Carol".

En esta historia, además de al cine mudo, se rinde también homenaje a los primeros museos, aquellas galerías de maravillas donde se exhibían cosas raras y curiosas, tal vez por eso la palabra "museo" se ha incorporado al título en español, aunque en realidad son dos los museos que aparecen en pantalla: el Americano de Historia Natural, que juega un papel importante en ambas historias, y el Museo de Queens, en la parte final.

Moore y Haynes durante el rodaje en el Queens Museum

Estrenada en nuestro país el pasado día 5 de enero, Wonderstruck es un auténtico regalo de Reyes para los amante del cine elegante y sutil. 

Todos estamos en las alcantarillas, pero algunos miramos las estrellas (Oscar Wilde)