jueves, 14 de abril de 2011

La legión del águila (Kevin Macdonald, 2011)


 

Título original: The eagle. Dirección: Kevin Macdonald. País: USA. Año: 2011. Duración: 114 min. Género: Aventuras, Drama.

Guión: Jeremy Brock (basado en la novela “El águila de la Novena Legión”, de Rosemary Sutcliff). Fotografía: Anthony Dod Mantle. Música: Atli Örvarsson. Montaje: Justine Wright. Vestuario: Michael O’Connor. Diseño de producción: Michael Carlin. Producción: Duncan Kenworthy.

Fecha del estreno: 8 Abril 2011 (España).

 

Reparto: Channing Tatum (Marcus Aquila), Jamie Bell (Esca), Donald Sutherland (Aquila), Mark Strong (Guern), Denis O’Hare (Lutorio), Tahar Rahim (príncipe de los Foca).

 

Sinopsis:

Siglo II d.C. Un legionario romano, Marcus Aquila, y su esclavo celta Esca emprenden la búsqueda de la Legión Novena, una compañía romana que desapareció veinte años atrás en alguna parte del Norte de Escocia y a cuyo frente se encontraba un general que era el padre de Marcus.

 

Comentarios:

Sus integrantes siguen yaciendo en un lugar desconocido desde hace 1.900 años, pero el mito de la IX Legión del Imperio Romano sigue vivo. Al menos para la literatura y el cine, que siguen indagando, como alimento de un suceso con más pinta de (preciosa) leyenda que de estricta realidad, en el destino de unos cuantos miles de hombres que pudieron perecer en Britannia, en el siglo II, a manos de los pictos (ahora Escocia), sin dejar rastro alguno. Sin embargo, la gran película sobre el mito aún está por llegar. Ni lo fue Centurión (Neil Marshall, 2009) ni lo es La legión del águila, de Kevin Macdonald, basada en una famosa novela de Rosemary Sutcliff, editada en 1954. De hecho, ambas tienen similares virtudes, pero también parecidos defectos.

En la neoaventura del siglo XXI el cartón piedra y las mallas han dejado paso al hiperrealismo, a la ambientación histórica de impacto y a la credibilidad de las luchas y batallas (decapitaciones incluidas), lo que le da a La legión del águila un aspecto espectacular en su descarnada verosimilitud. Sin embargo, el retrato de caracteres y la calidad de los diálogos están muy por debajo de su aspecto formal. En una película con apenas dos personajes importantes, ambos masculinos, sin una gota de sentido del humor y aún menos de romance (no mujeres y ni haciendo un esfuerzo se cuela la rendija filogay), la relación entre el soldado romano y el esclavo britano debería ser apasionante, marcada a sangre y fuego, cargada de carisma. Pero Macdonald, autor de las notables El último rey de Escocia y La sombra del poder, y su guionista, Jeremy Brock, un habitual de la pompa británica (Su majestad, Mrs. Brown, Retorno a Brideshead), no lo consiguen. El itinerario moral, el que debe acompañar a los personajes en su búsqueda de la verdad, nunca acaba de ser trascendente, o al menos éticamente ambiguo. Está empapado de grandilocuentes palabras (patriotismo, honor), pero ambos conceptos no afectan el uno al otro, sobre todo en el interior del esclavo que debe decidir entre su tierra y una promesa honorable.

De modo que al final la personalidad y el recuerdo solo lo dejan las solemnes miradas de tres grandes secundarios (Donald Sutherland, Mark Strong y Denis O'Hare), y la metafórica fuerza de un monumento real: el muro de Adriano. (Javier Ocaña)

Recomendada (con reservas).




martes, 12 de abril de 2011

Happy thank you more please (Josh Radnor, 2010)


 

Título original: Happy thank you more please. Dirección: Josh Radnor. País: USA. Año: 2010. Duración: 100 min. Género: Comedia dramática.  

Guión: Josh Radnor. Fotografía: Seamus Tierney. Música: Jaymay. Montaje: Michael R. Miller. Vestuario: Sarah Beers. Diseño de producción: Jade Healy. Producción: Jesse Hara, Austin Stark, Chris Papavasiliou, Benji Kohn.

Premio del Público a la Mejor Película del Festival de Sundance 2010.

Fecha del estreno: 8 Abril 2011 (España).

 

Reparto: Josh Radnor (Sam Wexler), Malin Akerman (Annie), Kate Mara (Mississippi), Zoe Kazan (Mary), Pablo Schreiber (Charlie), Tony Hale (Sam), Michael Algieri (Rasheen), Richard Jenkins (Paul).

 

Sinopsis:

Sam Wexler, un joven aspirante a escritor, tiene un día pésimo: debe acudir a una importante cita con el director de una prestigiosa editorial de Nueva York y se despierta tarde y con resaca; por el camino se encuentra con un niño que ha perdido a su madre en el metro; Sam se debate entre continuar su camino o hacerse cargo de él hasta que encuentre a su madre. Como ésta no aparece, decide entonces llevarlo consigo a la editorial. La cita constituye un estrepitoso fracaso. Su vida sentimental no va mucho mejor que su carrera, pasa de una relación a otra, evitando cualquier tipo de compromiso, hasta que conoce a Mississippi, una hermosa camarera que es también cantante. Queda tan fascinado por ella que le propone un curioso trato que hará tambalearse su vida y la de sus amigos.

 

Comentarios:

En una secuencia de la parte inicial de Happy thank you more please, debut como director y guionista de Josh Radnor, estrella televisiva de Cómo conocí a vuestra madre, un aspirante a escritor profesional ve rechazada en una editorial su primera novela porque, aunque su trabajo "tiene ritmo, sentido del humor y sus personajes son reconocibles", su protagonista es "un poco, pero no demasiado, de todo... y eso no vende". Una secuencia que puede funcionar al mismo tiempo como involuntaria metáfora de la propia película o incluso como muestra de sinceridad de su autor (Radner es director, guionista e interpreta al personaje en cuestión), que parece advertir al público de lo que se le viene encima: un buen rato alrededor de un tipo inteligente, pero no demasiado; simpático, pero no demasiado; talentoso, pero no demasiado; solidario, pero no demasiado; guapo, pero no demasiado... En fin, un personaje que igual tampoco logra vender su mensaje al gran público... aunque haya muchísimos así.

Happythankyoumoreplease (todo junto, como un mantra mañanero que uno se repite para mejorar su existencia) tiene todos los toques habituales de las óperas primas en tono de comedia romántica con un cierto aroma dramático que se filman en el cine independiente americano. Y hasta puede presumir de su Premio del Público en el Festival de Sundance (otro cliché en sí mismo). Mientras, de forma natural, ya que estamos ante otro integrante de la llamada generación adultescente, esa que define a los treintañeros de buena parte del mundo, empeñados en ser peterpanes incapaces de tomar decisiones adultas, Radner muestra sus cartas generacionales: alergia al compromiso, encabezonamiento en los sueños juveniles, mirada de soslayo hacia los niños, meros extraterrestres en su particular universo, nostalgia autocomplaciente...

Medianamente excéntrica, pero no demasiado; divertida, pero no demasiado; bonita, pero no demasiado; con momentos originales, pero no demasiado, la película viene a ser la aportación 2011 al modelo que anteriormente representaron, entre otras, las excelentes Beautiful girls, Persiguiendo a Amy o Garden State. Aunque, eso sí, un poco peor. (Javier Ocaña)

Recomendada (con reservas).




domingo, 10 de abril de 2011

El rito (Mikael Hafström, 2011)


 

Título original: The rite. Dirección: Mikael Hafström. País: USA. Año: 2011. Duración: 115 min. Género: Terror.

Guión: Michael Petroni (inspirado en el libro de Matt Baglio). Fotografía: Ben Davis. Música: Alex Heffes. Montaje: David Rosenbloom. Diseño de producción: Andrew Laws. Producción: Beau Flynn y Tripp Vinson.

Fecha del estreno: 18 Marzo 2011 (España).

 

Reparto: Anthony Hopkins (padre Lucas), Colin O´Donoghue (Michael Kovak), Alice Braga (Angeline), Ciarán Hinds (padre Xavier), Toby Jones (padre Matthew), Rutger Hauer (Istvan Kovak).

 

Sinopsis:

Michael Kovak un decepcionado seminarista norteamericano, decide asistir a un curso de exorcismos en el Vaticano, lo que hará que su fe se tambalee y tenga que enfrentarse a terribles fuerzas demoniacas. En Roma conocerá al Padre Lucas (Hopkins), un sacerdote poco ortodoxo que le enseñará el lado oscuro de la Fe..

 

Comentarios:

Nunca he sabido disfrutar de los supuestos y al parecer incomparables placeres que proporciona el terror en el cine. Cuando era niño cerraba los ojos y me tapaba los oídos cuando intuía que iba a llegar el gran susto y los desesperados chillidos del amenazado. Aunque supiera que estaba rodeado de gente en la sala y que el espanto solo se iba a cebar con los personajes de la pantalla. Imagino que esa forma de autoprotegerse ante el estallido del pánico es común en la infancia, pero lo que resulta tan anormal como tragicómico es que a mi tardía edad siga repitiendo idénticos gestos al notar la inminente llegada del monstruo. Consecuentemente, no se me ocurre jamás el acto masoquista de ver en la soledad de mi casa cine de este género. Cuando debo hacerlo por obligación profesional, intento que sea en compañía o me replanteo cambiar de oficio. Ya sé que cuando esas películas son muy malas y no te crees nada, la risa ante lo grotesco sustituye al miedo. Pero tampoco encuentro morbo ni gracia en el cine infame, sea en clave gore o pasote con guiños. Y a mi edad, tampoco estoy dispuesto a inscribirme en clases de modernidad para aprender a paladear la diversión del cutrerío con pretensiones.

No creyendo en dioses ni diablos, paradójicamente me da muy mal rollo todo lo que se refiere a los segundos cuando aparecen en el cine. Lo cual no me impide haber compartido unas cuantas veces la insoportable angustia de la embarazada Rosemary, acorralada por sus pintorescos y encantadores vecinos, traicionada por el trepa de su marido, aceptando y meciendo la monstruosa criatura que ha parido, en esa obra maestra del desasosiego y de la transgresión titulada La semilla del diablo. También lo pasé fatal en el mejor sentido con la criatura de La profecía, su inquietante cuidadora y el mastín que le protege de todo lo humano. De El exorcista me asusta mucho más su atmósfera que las volteretas que daba la cabeza de la endemoniada y las salvajadas que vomita su boca. Y pasé varias noches en Venecia despierto hasta las tres de la madrugada (hora en la que aparecía el maligno) y en estado de acojone después de haber sufrido El exorcismo de Emily Rose.

En el arranque de El rito nos avisan de que lo que van a contar está basado en hechos reales y una frase de Wojtyla certificando que anda suelto Satanás cometiendo felonías en la Tierra. O sea: nada de ficciones sobre el mal. Palabra del Papa. Y, cómo no, el protagonista es un seminarista escéptico que desciende de una familia de funerarios, familiarizado desde niño con la muerte y la certeza de que con ella se acaba todo. Su proceso iniciático en demonología resulta previsible. Un exorcista bendecido por el Vaticano le convencerá con experiencias siniestras de que solo puedes defenderte y combatir al casi invencible diablo si aceptas su existencia. El rito no abusa del efectismo, es pulcra en imágenes y diálogos, se deja ver y oír. No transmite ni frío ni calor y dudo que vaya a generar demasiadas pesadillas. Anthony Hopkins resulta mucho más creíble y turbio como profesional del exorcismo que como endemoniado. (Carlos Boyero)

Recomendada (con reservas).



 

sábado, 9 de abril de 2011

El Museo en el cine: Escultura

En Viaggio in Italia (1954, titulada en España Te querré siempre), Rossellini narra el viaje a Nápoles de los Joyce, un matrimonio inglés interpretado por George Sanders e Ingrid Bergman, el viaje pondrá de manifiesto las grietas que amenazan la aparente estabilidad de la pareja. Nápoles supone el encuentro con el paisaje mediterráneo y con una forma de vida distinta y, especialmente, la aproximación a una cultura milenaria y deslumbrante. En este sentido, la visita de Catherine Joyce al Museo Arqueológico de Nápoles es decisiva, de la mano de un peculiar guía, recorre las salas dedicadas a la estatuaria griega y romana. La contemplación de varias esculturas de esta colección impacta a la visitante: la sensualidad de las expresiones y posturas de las figuras de sátiros, faunos y deportistas desnudos, por un lado, y los comentarios del guía sobre la vida mundana y las pasiones carnales de emperadores como Nerón o Tiberio, de otro lado, contrastan con su recatada personalidad, rígida y algo mojigata.

En esta escena Catherine comprende la insignificancia de sus problemas y la naturaleza efímera de su propia existencia, comparada con la de esas figuras imperturbables y milenarias; Rossellini valiéndose de un plano general en picado, acentúa esta desigualdad al contraponer la grandeza y la fuerza de dos esculturas monumentales -el Hércules Fernesio y el Toro Farnesio- con la pequeñez de los visitantes del Museo. Acompañémoslos en su visita: