domingo, 5 de abril de 2020

A los que aman (Isabel Coixet, 1998)


Título original: A los que aman. Dirección: Isabel Coixet. País: España. Año: 1998. Duración: 94 min. Género: Drama.
Isabel Coixet, Joan Potau (Guión), Alfonso de Vilallonga (Música),
Paco Femenía (Fotografía), Sogepaq / Canal+ España / Sogetel (Producción).
Nominada al Goya 1998 al mejor Diseño de Vesturario.
Estreno en España: 24 octubre 1998.   

Reparto: Julio Núñez, Patxi Freytez, Olalla Moreno, Monica Bellucci, Christopher Thompson, Albert Pla, Amanda García, Gary Piquer, Juan Manuel Chapella, Alfonso de Vilallonga.
 
Sinopsis:
Siglo XVIII. Una noche, un anciano médico le cuenta a un joven la historia del gran amor de su vida. En su juventud se había enamorado apasionadamente y en silencio de Matilde. Esa pasión, en realidad, había empezado en la infancia, cuando la caza desapareció misteriosamente de la región y aparecieron dos extraños personajes: el maestro de esgrima y su solitaria y ausente hija Valeria.

Comentarios:
Isabel Coixet (Barcelona, 1962) era demasiado joven cuando pretendió estudiar cine en el Centro Sperimentale de Roma. Como debía esperar unos años para optar al ingreso, prefirió matricularse en la Facultad de Historia. No abandonó, sin embargo, su pasión por la imagen cinematográfica, cuyos secretos acabó aprendiendo a través de la publicidad ("una fantástica escuela de cine", en su opinión), especialidad en la que destacó internacionalmente a través de su propia productora. Animada por tal experiencia, dirigió su primer largo, “Demasiado viejo para morir joven” (1988), que no entusiasmó ni a la crítica ni al público. Coixet regresó a la publicidad y al videoclip. En 1995 se arriesgó a una segunda película, “Cosas que nunca te dije”, hablada en inglés ("una obra fresca, imperfecta, pero llena de interesantes destellos"), con la que obtuvo varios premios en festivales.
Reconocida ya como directora de cine, Isabel Coixet se planteó, junto al guionista Juan Potau, una tercera incursión en el tema del desamor "con referencias que van desde “Cumbres borrascosas”, de Emily Brönté, a “La cartuja de Parma”, de Stendhal", dice Elsa Fernández-Santos, a quien la directora confesó haber "sufrido mucho por amor, muchísimo, y quizás por eso tengo una visión venenosa de las relaciones humanas. A pesar de todo, sigo creyendo en esa fuerza que puede mantenerte vivo, aunque sea por un amor que jamás se concrete". En esa línea, las primeras frases que se oyen en “A los que aman” dan cuentan de la conflictiva pasión del personaje principal: "Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro, que no la amaba a ella sino a otra de la que nunca supo si le correspondía...".
“A los que aman” (1998) "cuenta una historia de amores contrariados", como señaló M. Torreiro, "historia que ahonda en los vericuetos del amor como experiencia extrema, ambientada en algún lugar de Europa entre los siglos XVIII y XIX. Y lo hace con gran delicadeza y con una trama de hondas referencias stendhalianas en las que la cristalización del amor se lleva hasta sus últimas consecuencias". Francisco Marinero comentó en El Mundo: "Todos aman, y ninguno a quien le haría feliz, y ahí está la lógica del escenario para esta historia: los personajes viven en un mundo pequeño y cerrado, formalista y sin opciones; no pueden marchar en busca de otros amores y tampoco pueden pensar en otra cosa que en sus propios sentimientos. Como vía de escape o por necesidad, estos personajes subliman sus sentimientos y Coixet tiene el arrojo de mostrar esa sublimación en estado casi puro", y la novelista Espido Freire añadía: "El cuento de Isabel Coixet, como todos los cuentos, desgrana una historia terrible y magnífica, en el mismo siglo en que las princesas perdían zapatos y las sirenas lloraban su desconsuelo".


Coixet no quiso concretar "la ubicación geográfica de la acción ni su anclaje temporal" para permitirse "hacer la película más abstracta, porque cuanto más abstracta sea, más pegada estará a la expresión de los sentimientos", como le comentó a Carlos F. Heredero: "He utilizado grabados y cuadros de Jean-Baptiste Greuze, Jean Simenon Chardin, Antoine Watteau o André Bouys, no para reproducir sus composiciones, sino para buscar en ellos escenas cotidianas, objetos de la vida diaria, ropas o juguetes de niños, detalles de decoración, formas de peinado y cosas parecidas...". En definitiva, recrear una época que, según comentó la directora a Nuria Cuadrado, "fue en la que cristalizaron las pasiones y donde se definieron las claves que explican nuestro tiempo: una época que me fascina". Torreiro valoró "el extremado rigor al construir el espacio que el filme muestra, en el que la portentosa fotografía de Paco Femenía está al servicio de una reconstrucción que tiene como norte el respeto extremo de la luz".
Los actores no eran entonces conocidos (Mónica Bellucci se transformaría poco después en estrella internacional), pero, a juicio de Miguel Ángel Barroso y Fernando Gil-Delgado en “Cine español en cien películas”, "las interpretaciones son perfectas. Olalla Moreno y Mónica Bellucci, además de su belleza, despliegan un formidable arsenal de recursos interpretativos, y sus compañeros masculinos, Christopher Thompson y Patxi Freytez, están igualmente inspirados. Isabel Coixet logra dirigir con energía y con una maravillosa sensibilidad". Sin embargo, en opinión de Marinero, las emociones de los personajes de “A los que aman” deben ser creíbles, "y lo son por parte del Maestro (el contenido Julio Núñez da empaque al hombre maduro que recuerda su amor de juventud o, mejor dicho, sus circunstancias, ya que el amor sigue doliendo), y no tanto por la de Matilde, la joven que lo ignoró (Olalla Moreno está en un permanente estado de sublimación, casi de levitación, trémula de amor y dolor que, si bien puede explicar su pena, hace muy poco convincente su poder de fascinación)".
Hubo unanimidad en cuanto al trabajo fotográfico de Paco Femenía, que, en opinión de Barroso y Gil-Delgado, "captura la esencia del paisaje gallego, las brumas matutinas del verano, las doradas tardes, imágenes poéticas de figuras oscurecidas contra un cielo transparente... Hasta las nubes parecen contar la historia. En cuanto a la música de Alfonso Villalonga, no es un acompañamiento, es parte de la historia, un protagonista más de esta película. No se puede alabar ninguno de estos aspectos por separado. Todo es una sola cosa en este poema visual que firma Coixet". (Diego Galán)
Recomendada.


sábado, 4 de abril de 2020

El último viaje de Robert Rylands (Gracia Querejeta, 1996)


Título original: El último viaje de Robert Rylands. Dirección: Gracia Querejeta. País: España. Año: 1996. Duración: 98 min. Género: Drama.
Elías Querejeta y Gracia Querejeta basado en una novela de Javier Marías (Guión), Ángel Illarramendi (Música), Antonio Pueche (Fotografía), Elías Querejeta (Producción).
Presentada en la sección oficial del Festival de San Sebastián 1996. Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos a la Mejor Película de 1996.
Estreno en España: 18 octubre 1996.   

Reparto: Ben Cross (Alfred Cromer), William Franklyn (Robert Rylands), Gary Piquer (Juan Noguera), Cathy Underwood (Jill, la hermana de Alfred), Perdita Weeks (Sue, la hija de Jill), Kenneth Colley (comisario Archdale), Lalita Ahmed (Ahira, el ama de llaves de Robert), Karl Collins (Abraham, alumno de Juan), Maurice Denham (Hume). 

Sinopsis:
Robert Rylands es un prestigioso arqueólogo y profesor de Oxford que ha pasado varios años en el extranjero. Ahora ha regresado a Inglaterra y se presenta en una comisaría a medianoche para contar una extraña historia. Todo está relacionado con la muerte, en nada claras, del profesor Alfred Cromer-Blake.

Comentarios:
Podríamos decir con esta película aquello que "de casta le viene al galgo". Gracia Querejeta, cuando hizo su primer largometraje, 'Una estación de paso' (1992), hizo un film con sello Querejeta y con esta segunda cinta, vuelve a tener el estilo Querejeta. En esta ocasión por partida doble, por la producción y por su intervención en el guion.
Su cine tiene la calidad del que suele producir su padre, pero al mismo tiempo la frialdad que le otorga el atenerse rígidamente a esa calidad, sin concesiones comerciales de ningún otro tipo.
Se basa 'El último viaje de Robert Rylands' (1996) libremente en la novela 'Todas las almas', de Julián Marías. Y nos cuenta la historia de un hombre que vuelve a la Universidad de Oxford, al cabo de diez años de su enigmática desaparición, para contar la verdad de su vida a un viejo amigo policía. Su desaparición se debió a sus dobles amores con una chica y con su hermano, fruto del primero nació una hija. Ahora, al volver, encuentra al hermano con una enfermedad incurable, y se presta a hacerle un favor que tal vez le debía.
Esta sencilla historia está narrada con pulcritud auténticamente británica, con exactitud en los ambientes y con verdadera maestría en la interpretación.
El guion lleva a cabo la introspección psicológica de los personajes, cuyos diálogos van contribuyendo a hacer avanzar la acción y a conocer mejor a cada uno de ellos.
En el capítulo interpretativo al elegir a los actores se ha preferido el perfecto encaje con el personajes antes que buscar una fácil comercialidad o conveniencia en los nombres que encabezan el cartel, como es el caso del sobrio y estupendo actor de teatro William Franklyn que encarna a Robert Rylands o de Ben Cross, que adquirió cierto nombre en 'Carros de fuego' (1981) y 'El primer caballero' (1995). En la parte femenina muy ajustada Cathy Underwood y todo un hallazgo la pequeña Perdita Weeks.
Se quedó sin premio en el Festival de cine de San Sebastián donde aunque contó con todo el apoyo de la crítica. (Paco Casado)
Recomendada.


viernes, 3 de abril de 2020

El piano (Jane Campion, 1993)


Título original: The Piano. Dirección: Jane Campion. País: Australia. Año: 1993. Duración: 121 min. Género: Drama.
Jane Campion (Guión), Michael Nyman (Música), Stuart Dryburgh (Fotografía), Veronika Jenet (Montaje), Janet Patterson (Vestuario),  Jan Chapman (Producción).
Ganadora del Oscar 1993 a la Mejor Actriz Principal (Holly Hunter), Mejor Actriz Secundaria (Anna Paquin) y Mejor Guión Original. Globo de Oro 1993 a la Mejor Actriz Drama (Holly Hunter) Palma de Oro a la Mejor Película y Premio a la Mejor Actriz (Holly Hunter) en el Festival de Cannes 1993. César a la Mejor Película Extranjera 1993.
Estreno en España: 17 diciembre 1993.   

Reparto: Holly Hunter, Anna Paquin, Harvey Keitel, Sam Neill, Kerry Walker, Geneviève Lemon, Tungia Baker, Ian Mune, Peter Dennett, Te Whatanui Skipwith, Pete Smith, Bruce Allpress, Cliff Curtis, Carla Rupuha, Mahina Tunui. 
 
Sinopsis:
Año 1851. Ada, que es muda desde niña, acaba de enviudar. Un matrimonio concertado la obliga a dejar su Escocia natal y viajar a Nueva Zelanda, acompañada de su hija y de su piano. Allí conoce a su futuro marido, un próspero granjero que se niega a llevar a casa el piano. Abandonado en la playa, el instrumento será rescatado por un vecino que establece un extraño pacto con Ada: él la dejará usar su piano a cambio de que ella se deje tocar.

Comentarios:
Tras rodar media docena de atractivos cortometrajes en la primera mitad de los ochenta, la neozelandesa Jane Campion comienza a trabajar en televisión y se da a conocer con el largo “Sweetie” (1989). Su éxito en casi todo el mundo, menos en España donde permanece inédito en las pantallas cinematográficas, le lleva a plantearse la ambiciosa serie de televisión “Un ángel en mi mesa” (1990), exhibida también en salas de cines. Con estos buenos antecedentes se lanza a rodar “El piano”, la mejor y más ambiciosa de sus obras, basada en un guión original suyo. El atractivo de su historia, su perfecto desarrollo dramático, las peculiaridades de sus personajes, el romanticismo destilado por el ambiente, la tan eficaz como cuidada dirección de Jane Campion y la perfecta elección de sus colaboradores, desde el terceto protagonista, a la excelente fotografía de Stuart Dryburgh y la brillantísima música de Michael Nyman, le hacen ganar con toda justicia la Palma de Oro del festival de Cannes y donde Holly Hunter consiga el premio de interpretación femenina.
En un tono romántico, Campion narra en “El piano” como una mujer, que se ha quedado muda a los seis años y que se comunica con su entorno a través de la música que toca en su piano y de su hija, descubre el erotismo. A través de una historia llena de exotismo, ambientada en Nueva Zelanda a mediados del XIX, cuenta cómo emigra con su hija para conocer a su segundo marido, un puritano colono.
Tal como subraya una divertida versión de “Barba Azul”, situada en el centro de la acción, “El piano” puede tomarse como una peculiar versión del cuento infantil donde el malvado protagonista es un puritano colono que no consigue el amor de su esposa y, para evitar que pueda tocar el piano y acariciar a su amante, le corta un dedo de la mano derecha. Aunque el auténtico atractivo de la película reside en la relación entre la muda Ada y el misterioso amante Baines.
En el centro de “El piano” se sitúa al trabajo excepcional de la norteamericana Holly Hunter en el papel de Ada, tanto por no decir una palabra en toda la película como por escenas tan ambiguas como eficaces. Muy bien acompañada por Harvey Keitel, que en su papel de Baines una vez más vuelve a demostrar que es un gran actor, y Sam Neill, que hace una personal versión del marido traicionado. Sin olvidar a la jovencísima Anna Paquin, la espabilada hija, que se sitúa a la misma altura que sus compañeros. (Augusto Martínez Torres)
Recomendada.

miércoles, 1 de abril de 2020

Recordando... "Matar a un ruiseñor"


 
En el futuro habría de pensar muchas veces en aquellos días. En Jem, en Dill, en Boo Radley, en Tom Robinson y en Atticus

Si se considera la historia de EEUU, sus mitos, miedos y esperanzas, y se escucha atentamente el gran relato de la convivencia de generaciones y razas en un país de contradicciones peligrosas y optimismo ilimitado, entonces no se pasará por alto un libro y una película: “Matar a un ruiseñor”. La novela, escrita por Harper Lee y el largometraje, filmado por Robert Mulligan, se han grabado en la memoria colectiva como sólo lo han hecho las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.


Es la época de la Gran Depresión. Los estados del sur se ven especialmente afectados por la crisis; el idilio de las pequeñas ciudades se ve amenazado por la miseria, el racismo y la ignorancia. Pero los hijos del viudo Atticus Finch (Gregory Peck) viven ese mundo como una gran aventura. Por todas partes se pueden hacer descubrimientos. Una rueda vieja de coche se convierte en un juguete sensacional; unos muñecos de jabón, un reloj con cadena y una navaja en un tesoro bien guardado. Su máximo interés se dirige a la casa del misterioso Boo Radley (Robert Duval). Nadie le ha visto desde hace años y por eso ahora vaga como un fantasma por los sueños de Jem (Philip Alford), que tiene diez años, y de su hermana pequeña, Scout (Mary Badham). Su imaginación hace de cualquier acercamiento a la finca una peligrosa prueba de valor. Pero también el caso más reciente de su padre capta su atención. El valiente abogado defiende al negro Tom Robinson (Brock Peters), acusado de violación. Todo el proceso es una injusticia que clama al cielo. Y así, Jem y Scout comprenden paulatinamente las lecciones de su padre, que se enfrenta al mal en una guerra abierta. Su educación en la tolerancia y la compasión es lo que al final hará que también superen su mayor miedo: el miedo a Boo Radley.


Mary Badham, en su papel de la infantil Scout, se ganó especialmente el corazón de los espectadores, pequeños y mayores. Su mezcla de terquedad respondona y de ingenuidad curiosa, interpretada con una mímica inimitable, derriba muros. Al final de la película, bastan tres palabras para conseguirlo: “Usted es Boo”. También impresiona el debut de un Robert Duval lívido, que se encerró en casa durante seis semanas para esa breve aparición. Y finalmente tenemos a Gregory Peck, que en su papel del padre dulce y abogado íntegro Atticus Finch se convirtió en el modelo de todos los padres y abogados que llegaron después de él. Sin embargo, algo decisivo para el enorme éxito de esta película apacible fue la adaptación consecuente de la novela: todo se explica exclusivamente desde la perspectiva de los niños. En sus excursiones descubren el reino de sombras entre el bien y el mal, se protegen del temor al mundo de los adultos con el poder de la imaginación; su confianza en la protección paternal hace saltar cualquier realidad. En ninguna otra parte se muestra esto de forma tan evidente como en la escena delante de la cárcel, realmente amenazadora. Una turba de linchamiento exige a Atticus que entregue al acusado Tom Robinson. Scout desarma la agresión, de la que apenas es consciente, con sus preguntas curiosas. Jem y Scout también presencian la larga escena del juicio, que acaba con una estremecedora manifestación de respeto de la población negra hacia Atticus. Así, la película se llena de pequeño espectáculo y queda libre del carácter excesivamente melodramático de un tradicional drama sobre el racismo.


La película, extraordinaria desde cualquier punto de vista, recibió ocho candidaturas a los Oscar, entre otras a la mejor banda sonora. Elmer Berstein la compuso a partir de escalas simples, como hacen los niños, al tocar despreocupados las teclas de un piano. Pero esta sensible adaptación literaria no tuvo ninguna oportunidad frente a la competencia de la epopeya del desierto “Lawrence de Arabia” (1962). Los galardones fueron a parar solamente al guión adaptado de Horton Foote (con el que la autora estuvo más que satisfecha, al contrario de lo que suele ser habitual), a los decorados (en los estudios de la Universal se reconstruyó con todo detalle la ciudad natal de Harper Lee, Monroeville), y al mejor actor Gregory Peck. Hasta su muerte, el artista calificó “Matar a un ruiseñor” como su película preferida y durante muchos años le unió una gran amistad con Harper Lee.

Gregory Peck y Harper Lee

En el año 2003 el American Film Institute eligió a Atticus Finch como el mayor héroe de la pantalla de todos los tiempos, ¡por delante de Indiana Jones, James Bond y... Lawrence de Arabia!. Una frase mítica que recuerdo con muchísimo cariño es: “Si consigues aprender una sola cosa, Scout, te llevarás mucho mejor con todos tus semejantes. Nunca llegarás a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista… Hasta que no logres meterte en su piel y sentirte cómodamente”.



Según la prensa especializada “Matar a un ruiseñor” es, ante todo, la recreación de un mundo infantil, un mundo bastante horrible y macabro donde el principal foco de interés del lugar es un loco con fama de peligroso, donde los perros se vuelven rabiosos cada cierto tiempo y los dramas adultos latentes sólo roban protagonismo de vez en cuando de una manera violenta y aterradora a la vez que imprevisible”.


Todos los personajes de una gran historia

Para mí, Gregory Peck encarnó el ideal americano de modestia y estabilidad como ningún otro, ni siquiera Gary Cooper, cuyo papel en “Sólo ante el peligro” (1952), él había rechazado. Poco antes, el actor que nunca acabó sus estudios, había interpretado a un vaquero caballeroso en “El pistolero” (1950), y no quiso quedar encasillado en esos personajes. Así, pues, se mantuvo fiel a la variedad, tanto al interpretar a un periodista comprometido en “La barrera invisible” (1947), a un oficinista neoyorquino en “El hombre del traje gris” (1956), o a un general duro en “Los cañones de Navarone” (1961). Incluso ennobleció con una reposada elegancia a personajes sospechosos como el abogado acusado injustamente de “El cabo del terror” (1962). Su capitán Ahab en “Moby Dick” (1956) lució casi los rasgos de Abraham Lincoln, con el que siempre se comparó al gran hombre de mirada clara. En la comedia, a pesar de éxitos como “Vacaciones en Roma” (1953) y “Arabesco”(1966), se sintió incómodo. No obstante, quienes caen en la trampa de su fama de “muermo mayor de Hollywood”, no sólo pasan por alto su inmenso carisma: este serio actor luchó por sus ideales, y no sólo en el cine. Se comprometió con innumerables organizaciones caritativas, participó en marchas de protesta al lado de Martin Luther King y en 1970 consideró seriamente presentar una candidatura contra el gobernador de California Ronald Reagan.

Gregory Peck 1916-2003

De Gregory Peck tengo bellos recuerdos de sus películas: “La llaves del reino” (1944), por el que fue nominado al óscar por primera vez, en donde hace de cura misionero en la lejana China; con Alfred Hitchcock rodó “Recuerda” (1945) junto a Ingrid Bergman; con King Vidor “Duelo al sol” (1947) con Jennifer Jones; y en “La profecía” (1976) de Richard Donnen, con Lee Remick. 

Gregory Peck murió en el año 2003 a la edad de ochenta y siete años. Brock Peters, el actor que interpretó a Tom Robinson en “Matar a un ruiseñor” fue quien pronunció la oración fúnebre.

                     Virginia Rivas Rosa