martes, 9 de julio de 2013

Mitomanía... CLARK GABLE




Seductor, tierno, mujeriego, sentimental, rudo, elegante, cínico… Clark Gable era un cóctel demasiado completo, demasiado excitante como para entrar en la simple categoría de los grandes actores. Clark Gable era el Rey, el Rey de Hollywood, un hombre deseado por mujeres adultas, pero capaz de suscitar el cariño de una niña llamada Judy Garland.

Había nacido en Cádiz, Ohio, el 1 de febrero de 1901, y como tantos otros recorrió la más variada gama de empleos hasta imponer su verdadera voluntad y hacerse actor teatral, ayudado por los consejos de la que será su primera mujer. Josephine Dillon.




Sus comienzos en el cine no son alentadores. Warner, el productor, montará una tarde en cólera al comprobar que el estudio ha gastado quinientos dólares en probar a alguien con “esa cara de mono”. Pero cuando las grandes productoras aceptan de una vez que la época del galán tipo Valentino ha pasado ya a la historia, Gable marchará imparable, película tras película, hasta convertirse en el actor mejor pagado, en el prototipo del hombre duro de mirada magnética y rebosante de sex-appeal. Porque, ¿quién ha olvidado esa arrebatadora forma de besar a mujeres como Crawford, Harlow, Leigh, Gardner o Monroe? ¿Y quién no recuerda títulos como Susan Lenox, Tierras de pasión, Sucedió una noche, Rebelión a bordo, San Francisco, Lo que el viento se llevó o Mogambo?.


Casado cinco veces, formó con Carole Lombard una de las parejas más felices de Hollywood, pero, por una vez, el destino le jugó una mala pasada, y la maravillosa rubia murió en un accidente de aviación cerca de Las Vegas.

El Rey aguantó en el cine hasta el último momento, Murió el 16 de noviembre de 1960, sólo días después de terminar Vidas rebeldes, con Marilyn Monroe. Un poco antes había nacido su único hijo.

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