lunes, 28 de febrero de 2011

Cine "Invertido": Reivindicando la "normalidad"


Hace unos días se comenzó en nuestro Taller de Cine, un nuevo monográfico sobre el denominado "Cine Invertido", el título quiere poner el acento al desprecio y las injurias que los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, han sufrido en épocas pasadas y querámoslo o no, en la actual, porque no nos engañemos, no todo es "luz y color".
Tras una pequeña introducción, y encuadre de este tipo de cine, se pasará a desarrollar temas tan trascendentes para el cine que retrata aspectos de este colectivo, como la censura, los disturbios de Stonewall, etc, así como se hará un mapa de aquellas películas que han significado y mantienen un sentido, para este colectivo, tratando temas tan esenciales como la familia, la política, el espectáculo, la humillación que siguen sufriendo, las agresiones, etc.
Considero importante que lo interesante es no necesitar hablar de colectivos marginados, señal inequívoca del fin de la misma, pero en la actualidad, en 2011, aún es importante no olvidar el cine que refleja su discriminación, y fomentar una cultura de la integración, no de la segregación.
Desde mi pequeña aportación, me sentiría satisfecho de que la gente que asistirá a las clases, reflexione con la necesidad de aunar esfuerzos, para que en la mente de todos, cambien ciertos conceptos erróneos sobre las personas con una orientación sexual diferente a la heterosexual, y si eso lo podemos hacer con la magia del cine, habremos conseguido mucho.

Colin Firth: El poder de la palabra


   Lo que caracteriza, según mi opinión, a la película ganadora de este año es precisamente la sencillez de su historia, al basarse casi exclusivamente en la relación entre dos personajes masculinos a través de la palabra, tratada de un modo muy teatral, sin apenas exteriores. Por eso nos maravilla la fuerza interpretativa de Colin Firth un actor al que he visto en bastantes películas ("El diario de Bridget Jones", "Sentido y sensibilidad", "An ordinary man", "Génova") siempre haciendo el mismo papel: el del típico inglés clásico y un poco intelectualoide, en definitiva, soso. Y que ese mismo actor nos haya llegado a emocionar hasta el punto de que no sólo él haya sido premiado sino también el director y la película, es de un mérito increíble. Y lo que me pregunto es quién es el encargado de hacernos transmitir dicha emoción en las versiones dobladas que hacen en países como España o Italia...¿habría entonces que darle el Óscar al actor de doblaje? Yo afortunadamente he podido ver la película en su versión original y he de decir que acabé emocionada con la fuerza que transmite la voz de Colin Firth, el "soso".

Los cinéfilos pardillos… ¿también vamos al cielo? (y III)


   En esta tercera y última entrega de mi estreno en el blog - no te quejarás, profe -, y dado que ya tenemos más o menos claro lo de ir al cielo – sobre todo alguna colega con su álbum de Hitchcock casi al completo, a la chita callando – vamos a reflexionar sobre las peculiaridades para llegar a ser cinéfilo, desde la condición de pardillo a la calidad de erudito y profesional. Evoco el título de una buena película, “Sentido y sensibilidad”, que funciona para entrar en materia aunque no vaya a referirme a ella, sino a sus enunciados. Dando por hecho que el sentido, en su acepción de juicio o sensatez, y sobre todo el común – ya sabemos que el menos pródigo – es determinante para caminar por la vida sin más batacazos que los precisos e inevitables, vamos a incluirlo como condición sine qua non el ser amante del cine conlleva poseer aceptables criterios – aunque sean subjetivos -, para discernir sobre una forma de arte, entenderla y admirarla. Pero, a mi juicio, es el otro concepto – la sensibilidad – el que ha marcado mi condición de cinéfilo, desde que mis padres me llevaron a la primera sala de cine, entonces cine a secas o en todo caso salón. En mi fase actual de pardillo tirando a enteraíllo, después de haber llovido lo suyo y un poquito más – períodos de sequía incluidos –, me reafirmo en esa cualidad del séptimo arte, cuando las sensaciones de nuestra parte racional resultan invadidas por buenas dosis de emoción o sentimiento presenciando una película que nos llega, también con todo el subjetivismo que vosotros queráis. Yo creo que por ahí nos engancha el cine a la mayoría y con la adicción, alcanzamos la cinefilia. Fin de la parrafada. Ahora, es cuestión de opiniones en qué proporción intervienen las sensaciones y los sentimientos a la hora de valorar la calidad de una obra cinematográfica. Pero esa es otra historia, como decía el tabernero de “Irma la dulce”.

   Y como, con todos los respetos, estamos todavía en mi tercera y última – por el momento – entrada, permitidme personalizar sobre el asunto de la sensibilidad, y después os invito a opinar sobre lo divino y humano en el mundo del cine desde estos aspectos. Como en otras facetas de nuestra existencia recordamos con precisión datos y detalles, cuando hemos tenido alguna vivencia sonada - aún en la infancia -, es curioso cómo evocamos hasta las salas o salones (vulgo cines) dónde vimos tal o cual película que nos impactó, e incluso las circunstancias en que asistimos a su proyección. Supongo que a todos nos pasa. Conservo en mi memoria referencias de algunos ejemplos: una noche de verano con mis padres en el Palacio Central (con refrigeración Baviera), viendo “La quimera de oro” y hartándome de llorar tras el sueño de Charlot; unos expositores publicitarios de cartón en el vestíbulo del Imperial cuando fui a ver “Ben-Hur”, y mi aturdimiento con las escenas de las galeras y el fragor de las carreras de cuadrigas, cual si hubiera actuado de extra en el filme; los cortinajes de damasco rojo del Cervantes, abriéndose lentamente tras los primeros compases de timbales para “Lawrence de Arabia” de la partitura de Jarré; la insistencia a mi madre en comprarme una camisa morada para emular al Bernardo de “West Side Story", al salir del Florida, y así podría llegar a varias decenas de títulos más. Pero la reminiscencia más precisa, en cuanto jugaron los sentimientos a tope, corresponde a “Romeo y Julieta” de Franco Zeffirelli en el cine Villasís; puede que por mi edad cuando se estrenó, jovencito romántico – e iluso, añado ahora -, sufrí un enamoramiento tal de Olivia Hussey que me llevó a birlar una cartelera con su primer plano del expositor, única e inocente experiencia de cinéfilo-chorizo que conservo. Recuerdo que el amigo y compañero de estudios con que fui a ver la película por primera vez, comparó mi expresión a la salida del cine con la de Charlton Heston al bajar del Sinaí tras entrevistarse con el Altísimo en “Los diez mandamientos”. Después de conocer a aquella niña Julieta no era para menos. Son las cosas mágicas que nos da nuestro amado cine para estar en el cielo sin que sea preciso morir, como diría Ana Belén. Claro está que los cinéfilos – pardillos o no – vamos al cielo. Y muchas veces.

domingo, 27 de febrero de 2011

Los cinéfilos pardillos… ¿también vamos al cielo? (II)



   Conseguida la venia solicitada para mi primera entrega, gracias a la amabilidad de los administradores del blog, abordo ésta segunda al hilo del final de la anterior cuando aludía a los cinéfilos profesionales, o cinéfilos eruditos que además se curran el tema. Y los que participen, conozcan e incluso padezcan el taller de cine a que muchos de nosotros asistimos, saben a quiénes me refiero, con el nunca bien ponderado maestro Paco Bellido a la cabeza, alma máter y responsable de tan singular seminario. Hasta mi ingreso en sus cursos – voy por mi tercer año académico y no es coña -, no he sido realmente consciente de mi “pardillez” cinematográfica anterior; y digo anterior porque ya empieza uno a sentirse otra cosa cuando habla del séptimo arte con los amigos aún en pañales. Qué gusto comenzar a expresarse con propiedad, referirse a secuencias y hasta a planos secuencias, picados y contrapicados o profundidad de campo, en lugar de aquellos comentarios simples con muchos “cuando” y muchas “y”, algo así como “...y cuando sale la Lollo en combinación y salta y dice…”. Pero claro, en todo en la vida hay que pagar un precio y en nuestro caso – en concreto los que tienen el álbum casi lleno – es ni más ni menos que tener el cielo ganado, el mismo del título de estas entradas. Porque, por ejemplo - en este curso - no sólo se trata de haber visto todas y cada una de las películas de don Alfred Hitchcock, sino de ¡sabérselas de memoria!; y hasta en los detalles más nimios, como el de un primer plano con la ruedecita de una caja fuerte, cromo que me salió el otro día.

   Lo malo que tiene pasar de la calidad de cinéfilo pardillo a la de aspirante a erudito, es volverse más dubitativo a la hora de visualizar filmes (vulgo ver películas), a la de revisarlos y no digamos a la de enjuiciarlos o evaluarlos. Sobre todo las grandes superproducciones. Asistimos hoy además a un desarrollo de las técnicas audiovisuales, que en el caso de la cinematografía eleva a la categoría de espectáculo cualquier obra medianamente bien ejecutada. Se recrean de tal manera los ambientes, escenarios y épocas, se utilizan unos medios tan sofisticados para ofrecernos la acción, que reducen a la categoría de cómics lo que antaño nos resultó fascinante. Y así, al revisar algunos de los títulos emblemáticos en nuestra vida, sentimos cierta decepción sólo enjugada por el carácter entrañable que les otorgamos. Sin embargo y por otra parte, algunos conservamos nuestra condición de pardillos al no digerir del todo ese cine al que aludía en la primera entrega, sin acabar de encontrarnos cómodos con esos guiones bastante incoherentes cuando, al estar pendientes de descifrar el hilo argumental de lo que se nos ofrece, dejamos de recrearnos en su estética. He vivido esa experiencia este pasado verano, descubriendo casualmente en una emisión televisiva nocturna al director chino Wong-Kar-Wai con su película “Chungking Express” - ¿a que se nota que ya estoy en el tercer año? – del que me llamó la atención dicha estética, y le seguí la pista hasta conocer sus trabajos más famosos como “My blueberry nights”, “2046” o “Deseando amar”. Quedé encantado con la fotografía de estas películas, sus temas musicales, la interpretación de sus protagonistas, hasta con su lento ritmo narrativo, pero - salvo la primera citada – olvídense de seguirle el hilo a las otras dos, porque entraran en un laberinto sin salida si no han consultado previamente las instrucciones en Internet. Vamos, que ese tío pasa de seguir los guiones y hasta utiliza a los mismos actores para representar personajes distintos – consortes y amantes en la última cinta mencionada -, liando la guita todo lo que puede y consiguiendo un gazpacho con todos sus avíos, difícilmente digerible pero con un estupendo sabor. Es el típico cine con el que mi abuela materna, ya mencionada, terminaba tomándose un optalidón para el dolor de cabeza. A ella le pasaba con las películas como con las comidas, que tenían que ser comestibles, valga la redundancia; y en la gastronomía china ya se sabe, hasta cigarrones en adobo.

sábado, 26 de febrero de 2011

Los cinéfilos pardillos… ¿también vamos al cielo? (I)


   Esperemos que sí, para así conocer a Gary Cooper y a los angelitos negros de Machín en resucitado y en directo. Pero de momento - porque no tenemos ninguna prisa en comprobarlo -, yo pido la venia al ilustre administrador de este blog, para poder aportar unas primeras reflexiones en mi calidad de cinéfilo pardillo de toda la vida; y si me permite, aderezadas con unos toques de guasa sana, sabiendo que en Sevilla no es lo mismo estar de guasa que tener guasa. Con eso, además, animo a algunos colegas de la asociación un poquito asustados con el nivel derrochado en las primeras entradas, que desde aquí celebro no obstante. Los de mi generación –nací exactamente en la mitad cronológica del pasado siglo, algo que no pueden decir todos – íbamos mucho al cine, pero el que más y el que menos no pasó de pardillo en su cultura cinematográfica. A saber, uno iba a ver una película de Jonvaine o de Jamestevar, convencido de que el director era el último mono del filme, como atestiguaba su posición en los títulos de crédito (vulgo las letras); yo mismo, que presumía de saber de cine por el sólo hecho de ver muchas películas, estaba al tanto de la existencia de un tal John Ford y de un cual Cecil B. de Mille, pero poco más. En cambio, los actores y actrices (vulgo artistas) eran como de la familia, y estábamos más al tanto de los devaneos de la Liz Taylor que de los de nuestra prima ligera de cascos de La Algaba. Y aunque no llegamos a espantarnos con unas imágenes de un tren llegando a la estación, bien es verdad que nuestro corazón se aceleraba cuando pudimos acceder a las primeras películas para mayores con o sin “reparos” y no digamos a las “gravemente peligrosas”; aún recuerdo mi asistencia cuasi furtiva en un cine de verano - merced a la connivencia de un amigo con el portero -, para presenciar a Rossana Podestá en “Sodoma y Gomorra” de la guisa en la fotito y aún más, con un trapo detrás y otro delante. Pornografía pura y dura, vamos.

    En algún momento, bajo el eufemismo de “Cine de arte y ensayo”, pudimos acceder a una filmografía no ya para mayores, sino para presuntos intelectuales con la suficiente madurez para entenderlo. Y aquí quería yo llegar. Recuerdo que mi enamoramiento de Julie Christie en “Doctor Zhivago” se vio defraudado tras a asistir a “Petulia”, una película de Richard Lester (este dato es de ahora mismo) y de la que les confieso que salí en blanco. En esa línea, los gustos cinematográficos de la mayoría exigían que toda película tuviera sus correspondientes planteamiento, nudo y desenlace, faltaría más. Aún hoy utilizo una frase de mi abuela materna cuando, sin lugar a dicho desenlace, aparecen las letras al final de la película del tirón y sin avisar, y que rezaba literalmente: “Me he quedao como la madre del Caena”. Confiesen ustedes que les ha pasado más de una vez. Hoy día, ya sabemos que eso son “finales abiertos” o algo parecido, y que al que Dios se las dé, San Pedro se las bendiga, para interpretar cada uno los desenlaces como les vengan en gana, que para algo ya estamos en democracia. Pero aún así, la cosa tenía un cierto matiz de estafa al espectador, al que se negaba su derecho a conocer – tras la compra de la entrada - si el asesino recibía su merecido o si el muchacho llegaba a casarse con la hija del terrateniente. Hoy por fortuna, con el Internet, además de permitirnos lujos como entrar en estas páginas, podemos enterarnos de las películas después de haberlas visto y exclamar nuestro “aahhh” correspondiente al saber más o menos de qué iba la cosa, como a mí me pasó – pardillo que es uno – con “Mulholland Drive” de David Lynch. Pero vamos, que no creo que yo fuera el único. Ya nos contaréis en algún comentario y ya seguiremos tratando estos temas, con permiso de los cinéfilos profesionales.





viernes, 25 de febrero de 2011

El Mar, los inicios de Agustí de Villaronga

Para esta mi primera entrada he elegido una película que vi hace poco aprovechando todo lo que se ha hablado recientemente de su director, Agustí Villaronga, a raíz de su éxito en los Goya. Debo confesar que nunca había visto una película suya, pero tras ver "El Mar" me he quedado con la boca abierta. Nunca me hubiera imaginado que una película con tanta crudeza (el director no se corta a la hora de mostrar escenas desagradables) y oscuridad pudiera también ser tan cuidada, sensible y detallista. A pesar de que tiene como trasfondo la guerra civil, realmente el escenario de la película podría ser cualquiera porque lo que le interesa al director es mostrarnos de la manera más honesta y cruda posible el sufrimiento de los personajes. ¿Qué pensáis vosotros?

Andy Warhol, en el Taller de Cine



HELMUT, de Andy Warhol. 
Los retratos cinematográficos "Screen Test" de Andy Warhol se filmaron entre principios de 1964 y noviembre de 1966. Entre los retratados se encuentran: Dennis Hopper, Gerard Malanga, Edi Sedgwick, Susan Sontag y Salvador Dalí.
 
Salvador Dalí
Edi Sedgwick

Si bien cada película se rodó a una velocidad estándar, es decir, 24 fotogramas por segundo, Warhol puntualizó que las imágenes debería proyectarse a una velocidad inferior, a 16 fotogramas por segundo, que es la velocidad de proyección utilizada a veces en el cine mudo. El resultado es un ritmo inusitadamente fluido, una cadencia que contrasta sutilmente con la austeridad de la iluminación y la rotundidad de los primeros planos del rostro y el cabello. 
 
 
Susan Sontag
Dennis Hopper
En total, la serie "Screen Tests" reune más de 500 retratos cinematográficos, de los cuales te invitamos a ver el séptimo, "Helmut". Te sorprenderás.
El interés de Warhol por el cine es digno de mención. Pero habría que preguntarse si sus obras cinematográficas se podrían definir como cine experimental o simplemente son experimentos cinematográficos con cierto afán provocador.
Después de que en junio de 1968 Valeire Solanas le hiriese gravemente a tiros, Warhol perdió interés en el cine. Sin intervenir apenas en el proceso creativo, a partir de entonces, financia y presta su nombre a las películas de su acólito, el realizador Paul Morrissey.  


miércoles, 23 de febrero de 2011

Cine y Pintura, en el Taller de Cine




En el siglo XV, cuando las alianzas familiares podían crear o romper una casa nobiliaria, las esposas eran importantes artículos de mercado. El peinado alto, la frente despejada, las opulentas ropas y los ricos bordados dan fe del rango y la riqueza de una dama.
En esta magnífica pintura, Princesa de la Casa del Este, datada entre 1436-1438 y atribuida al gran pintor Pisanello, observamos cómo el artista nos refleja el estilo del momento, con atención a los elementos decorativos, como unas flores y unas mariposas pintadas de forma exquisita.  La obra se puede contemplar en la actualidad en el Museo del Louvre (París).
El cine mantiene una estrecha relación con la pintura. Y esa es una de las propuestas que hacemos cada año en el Taller de Cine. Son múltiples los diseños artísticos que se han creado para filmes inspirados en obras pictóricas. 
Si algún director quisiera llevar a la gran pantalla la historia de una familia noble durante las últimas décadas de la etapa medieval, sin lugar a dudas recurría  a pinturas tan bellas como ésta. Y les indicaría a sus diseñadores artísticos (vestuario, maquillaje, peluquería, etc. ) que se dejaran inspirar por ellas. 
Para acercarnos más al mundo apasionante de la pintura, en el Taller de Cine, proponemos cada año contemplar e investigar algunas obras pictóricas. Os invitamos a ver el vídeo en el que aparecen las obras propuestas para este año.
La música que acompaña a las pinturas está compuesta por  Jam A.P. Kazcmareck para la película "Finding Nerveland",  ganadora de un Oscar a la Mejor Banda Sonora Original.
Espero que lo difrutéis.


lunes, 21 de febrero de 2011

Primos, de Daniel Sánchez Arévalo


Título original: Primos. Dirección y guion: Daniel Sánchez Arévalo. País: España. Año: 2011. Duración: 97 min. Género: Comedia. Producción: Fernando Bovaira y José Antonio Félez. Música: Julio de la Rosa. Fotografía: Juan Carlos Gómez. Montaje: David Pinillos. Dirección artística: Curru Garabal y Satur Idarreta. Vestuario: Fernando García. Estreno en España: 4 Febrero 2011.
Intérpretes: Quim Gutiérrez (Diego), Raúl Arévalo (Julián), Adrián Lastra (Miguel), Inma Cuesta (Martina), Antonio de la Torre (Bachi), Clara Lago (Clara), Nuria Gago (Yolanda), Alicia Rubio (Toña), Marcos Ruiz (Dani).

Sinopsis:
A Diego le ha dejado su novia plantado en el altar.  Sus primos, Julián y José Miguel, deciden llevárselo a las fiestas del pueblo donde veraneaban de pequeños.  Un fin de semana de juerga para olvidar y, sobre todo, intentar recuperar a su amor de adolescencia, Martina. A grandes males, grandes borracheras. Un plan infalible, ¿no?

Raul Arévalo, Quim Gutiérrez y Adrián Lastra
Calificación: 4, Deficiente.
Lo mejor de la película: Los secundarios Raúl Arévalo y Antonio de la Torre.
Lo peor de la película: Una comedia sosa con una historia que no aporta nada. El trabajo de Quim Gutiérrez, repitiendo clichés de otras interpretaciones suyas.

Trailer de la película:

sábado, 19 de febrero de 2011

"Lifeline" (2002), un corto de Víctor Erice



     El vizcaíno Víctor Erice (Carranza, 1940) es uno de los grandes directores españoles y su talla como creador es internacionalmente reconocida en todos los foros cinematográficos.  Muchos de los que ya vamos teniendo una cierta edad aún recordamos la emoción que nos produjo, allá por los ochenta, El sur, su segundo largometraje, cuando la niña Sonsoles Aranguren, mientras contemplaba por la ventana el frío paisaje de Ezcaray, abría la caja con las postales de Sevilla acompañada por la música de Granados.  Después descubrimos que El sur es un proyecto truncado por razones ajenas al arte y que, con ser ya una joya, podía haberlo sido aún más si a Erice le hubieran permitido contar el viaje de Estrella-Icíar Bollaín a Carmona para encontrar sus raíces andaluzas de la mano de Fernán Gómez.

     Después –yo lo hice en este orden– descubrí que este hombre era el autor de una obra maestra llamada El espíritu de la colmena (1973) en la que una niña de ojos penetrantes, Ana Torrent, jugaba junto a un río con la criatura de Frankenstein mientras sus padres (Teresa Gimpera y Fernando Fernán Gómez) vivían sus vidas solitarias en la España de la posguerra.  Y años después –pues Erice, decíamos entonces, hace una película cada diez años– cuando al otro lado de otro Río los “fastos del 92” cambiaban la fisonomía de la ciudad, muchos nos dimos el placer de asistir en el “Corona Center” al empeño íntimo de Antonio López por captar en un lienzo el paso del tiempo en el patio de su casa: El sol del membrillo (1992).

     Después de su primer trabajo “profesional”, el episodio de la obra colectiva Los desafíos (1969), producida por Elías Querejeta, Víctor Erice nunca nos había fallado: en los sesenta, en los setenta, en los ochenta, en los noventa…  Muchos ya pensábamos que, cansado de las miserias de la industria, el director-artista habría optado por dedicarse a otras actividades.  Pero he aquí que 2002 no nos proporcionó el esperado largometraje, pero sí un maravilloso corto de diez minutos – Lifeline (conocido en España como "Alumbramiento")– publicado en un DVD colectivo titulado Ten Minutes Older: the Trumpet en el que colaboran gente como Kaige Chen, Werner Herzog, Jim Jarmusch, Aki Kaurismäki, Spike Lee o Wim Wenders.  Como este país es España y esta ciudad es, encima, Sevilla, sólo lo descubrimos –pues somos simples aficionados al cine– por el boca a boca y por gentileza de los internautas que publican esta clase de noticias: una obra de Erice, financiada en parte con dinero español, ni se estrena ni se distribuye en nuestro país.

     Cada uno de los autores de Ten Minutes Older (en sus dos entregas: The Trumpet y The Cello) intenta plasmar en una pieza de diez minutos el paso y la percepción del tiempo.  Erice lo hace con un hermoso poema en blanco y negro sobre la figura de un niño recién nacido: en la quietud de un mediodía estival de un pueblo del norte de España, con las tropas de Hitler en la frontera de Hendaya y en medio de una sociedad herida por la guerra civil, un pequeño accidente lo pone en la línea que separa la vida de la muerte, en esa “lifeline” que es un cordón umbilical que se quiebra inesperadamente.  Mucho se puede comentar y analizar, pero es mejor degustar sin especulaciones las imágenes de Erice y dejar que despierten en cada uno toda clase de pensamientos y sensaciones. 

     ¿Habrá que esperar mucho más tiempo para ver de nuevo una obra de Víctor Erice?  Quizá algún día pase por Sevilla La morte rouge (2006), que junto con la Correspondencia con Abbas Kiarostami, sólo algunos privilegiados –Madrid, Barcelona, Lisboa– han podido contemplar in situ en una exposición itinerante.  En estos momentos desearía que este hombre tuviera un gramo de sentido práctico, que pactara mínimamente con la industria para que nos ofreciera más regalos o para que, al menos, nos facilitara a los que vivimos "en provincias" o no pertenecemos a los "círculos especializados" la labor de acceder a su obra.  Pero sólo queda respetar al artista y admitir, con Fernando Savater, que entonces ya no sería el gran Víctor Erice.

     Enlaces interesantes
     En el "Centre de Cultura Contemporània de Barcelona" tenéis una relación exhaustiva de toda su obra:  http://www.cccb.org/es/autor-victor_erice-5366.  
       Es también muy interesante la entrevista que le hicieron en "Versión española", de TVE, a propósito de todo el affaire de El sur:  http://www.rtve.es/mediateca/videos/20110107/version-espanola---entrevista-a-victor-erice/981574.shtml

viernes, 18 de febrero de 2011

Valor de Ley, de Joel Coen y Ethan Coen




Título original: True grit. Dirección: Joel Coen y Ethan Coen. País: USA. Año: 2010. Duración: 108 min. Género: Drama, western. Guion: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela de Charles Portis. Producción: Scott Rudin, Ethan Coen y Joel Coen. Producción ejecutiva: Steven Spielberg, Robert Graf, David Ellison, Paul Schwake y Megan Ellison. Música: Carter Burwell. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Roderick Jaynes. Diseño de producción: Jess Gonchor. Vestuario: Mary Zophres. Estreno en España: 11 Febrero 2011.
Intérpretes: Jeff Bridges (Rooster Cogburn), Matt Damon (LaBoeuf), Josh Brolin (Tom Chaney), Barry Pepper (Lucky Ned), Hailee Steinfeld (Mattie Ross).

Sinopsis:
El padre de la niña de catorce años Mattie Ross es asesinado de un disparo a sangre fría por el cobarde Tom Chaney, y ahora ella está dispuesta a hacer justicia. Buscando la ayuda del jefe de policía Rooster Cogburn, un borracho de gatillo fácil, se marcha con él —a pesar de su oposición— para atrapar a Chaney.  La sangre vertida de su padre le hace perseguir al criminal hasta el territorio indio y encontrarle antes de que el ranger llamado LaBoeuf le atrape y le lleve de vuelta a Texas por haber asesinado a otro hombre.


Jeff Bridges y Hailee Steinfeld

Calificación:  8, Muy Buena.
Lo mejor de la película: El sabor del western crepuscular en manos de los Coen. La revelación de la joven Hailee Steinfeld, un talento por descubrir. La fotografía impecable de Roger Deakins.
Lo peor de la película: Bridges nos hace recordar a John Wayne. El doblaje en castellano de Hailee Steinfeld, peor imposible.

Trailer de la película:

jueves, 17 de febrero de 2011

Pathé y Zecca, en el Taller de Cine



Charles Pathé marca en Francia el inicio de la industrialización del cine. Funda la compañía Pathé Frères el 28 de septiembre de 1896. Pronto contratará para su compañía a Ferdinand Zecca, convirtiéndolo en su mano derecha y el director de cine más importante del momento.
En 1901, en los albores del cinematógrafo, Zecca filma esta auténtica joya que merece la pena descubrir. 
Por el ojo de la cerradura (1901) es una breve peliculita, proyectada en nuestro Taller de Cine, que nos cuenta la historia de un botones que se anima a fisgonear, descubriendo y sorprendiéndose con lo que ocurre en el interior de las habitaciones del hotel.
La creatividad de Zecca junto con la visión comercial de Pathé llevará a la Compañía Pathé Frères hasta la cima del éxito tanto en Francia como en el resto del mundo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

The Fighter, de David O. Russell



Título original: The fighter. Dirección: David O. Russell. País: USA. Año: 2010. Duración: 115 min. Género: Drama. Guion: Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson; basado en un argumento de Keith Dorrington, Paul Tamasy y Eric Johnson. Producción: David Hoberman, Todd Lieberman, Ryan Kavanaugh, Mark Wahlberg, Dorothy Aufiero y Paul Tamasy. Música: Michael Brook. Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Montaje: Pamela Martin. Diseño de producción: Judy Becker. Vestuario: Mark Bridges. Estreno en España: 4 Febrero 2011.
Intérpretes: Mark Wahlberg (Micky Ward), Christian Bale (Dicky Eklund), Amy Adams (Charlene Fleming), Melissa Leo (Alice Ward), Jack McGee (George Ward).

Sinopsis:
Inspirada en hechos reales, “The fighter” nos cuenta la áspera pero a la vez cariñosamente humorística historia del regreso de un héroe del boxeo poco común: Micky Ward “El irlandés”, y de su hermanastro, Dicky Eklund, quienes tuvieron que enfrentarse como contrincantes antes de unirse en una dura pelea para ganar un importante campeonato y fortalecer sus lazos familiares.

Calificación:  7, Buena.
Lo mejor de la película: Las magníficas interpretaciones del camaleónico Christian Bale y la talentosa Melissa Leo, dos oscars seguros.
Lo peor de la película: El discreto trabajo de Mark Wahlberg y el previsible desenlace.  

Trailer de la película: 

lunes, 14 de febrero de 2011

Adiós a Maria Schneider


La actriz María Schneider falleció a principios de este mes de febrero, a los 58 años de edad. Su carrera siempre estuvo marcada por la legendaria película "El último tango en París". Bernardo Bertolucci se fijó en ella para protagonizar su película cuando sólo contaba con 19 años.

Ella confesó en 1975: "¿Sabes lo que cobré por hacer El último tango? Sólo 5000 dólares. Ni siquiera me dieron un porcentaje de taquilla, como tenía Marlon Brando. Bertolucci me utilizó para sus fantasías. Yo era muy joven, inocente, no sabía lo que hacía. Me costó mucho tiempo recuperarme de todo lo que supuso la película". También llegó a decir "me sentí humillada y violada", en relación a la famosa escena de la mantequilla.

Bertolucci, tras conocer la muerte de María, ha declarado "Su muerte ha llegado muy pronto, antes de que pudiera abrazarla otra vez, de que pudiera decirle que me siento tan cerca de ella como el primer día y de que pudiera pedirle perdón. Ella me acusó de robarle su juventud y sólo ahora me pregunto si tenía razón. De hecho, era demasiado joven para digerir el impredecible y salvaje éxito del filme".

La película, de 1972, estuvo prohibida durante mucho años en España. Muchos españoles tuvieron la oportunidad de verla fuera de nuestro país: Francia, Gran Bretaña, etc.  Otros muchos tuvieron que esperar hasta su estreno en nuestras carteleras, años después, cuando ya no existía la censura.

Nosotros, en el Taller de Cine, recordamos a María Schneider repasando los bellísimos fotogramas de esta mítica película, arropados por la música inconfundible de Gato Barbieri.

Y tú, ¿qué recuerdas de "El último tango en París" cuando la viste?

domingo, 13 de febrero de 2011

Cine y pintura: De dioses y hombres.


Un apartado interesante de nuestro taller de cine es el dedicado a establecer conexiones entre las distintas artes. Xavier Beauvois nos da ejemplos de dicha interrelación en su película De dioses y hombres, alguno bastante explícito como su alusión al martirio de Cristo (del Dios y del Hombre) a través de una reproducción de la obra de Caravaggio, Cristo atado a la columna, que el hermano Luc acaricia. También es evidente la referencia al Cristo Muerto de Mantegna a través del escorzo del terrorista tendido en la camilla.


Lo que ya resulta más subjetivo es encontrar la relación con Ferdinand Hodler (1853-1918), pintor simbolista suizo. Hodler estaba interesado especialmente en la simetría y el ritmo. Sus composiciones se basan en el paralelismo: en lograr la impresión de unidad a través de la repetición simétrica (nunca de un modo exagerado y permitiéndose variaciones). Y eso es lo que hace Beauvois en sus planos sobre la vida de la comunidad: sentados alrededor de la mesa, de pie en la capilla, rezando en los bancos… Del mismo modo que las figuras de Hodler marcan un ritmo equilibrado, las imágenes de los frailes en composiciones simétricas reflejan unidad.



Pero esta simetría se rompe en una ocasión: cada monje adopta una postura física distinta en la oración que tiene lugar tras el asesinato de los croatas, cuando la comunidad le reprocha al prior haber rechazado la opción de que le brinden seguridad en el monasterio, cuando no hay unidad espiritual entre ellos. ¿Casualidad?

jueves, 10 de febrero de 2011

Las rubias de Hitchcock

 


Puede ser casual que la primera película importante de Hitchcock, en 1926, fuera El enemigo de las rubias, paradoja o símbolo de la persecución que hizo durante toda su vida de actrices rubias, ya que se obsesionó con ellas, las persiguió y las torturó como director, hasta el punto de estar en peligro su matrimonio varias veces.
El gran director desde sus comienzos, tenía un modelo de protagonista femenina, que repitió en muchas ocasiones; prototipo “nórdico” según las denominaba, las rubias eran más fáciles de fotografiar en blanco y negro, y consideraba que su frialdad y elegancia, eran un adecuado contraste con las pasiones que deseaba mostrar bajo la superficie.
lidas, distantes, elegantes, modernas en su época, independientes en sus hechos, atractivas físicamente, pero vulnerables en algún momento de la trama, que las hacía más deseadas si cabe por el espectador, siendo el propio Hitckcock el primer espectador de las mismas, el primero que las deseaba, llegando a veces al paroxismo.
La tendencia que comienza con “El enemigo de las rubias”, es que “sean mujeres las que tengan que sufrir todo tipo de padecimientos, y que se vean arrojadas al peligro, humilladas o agredidas”, como incluso el British Film Institute exponía en un homenaje, decía que el director parecía sentir “una fascinación asesina hacia las rubias”, perverso y casi sádico trato, como atracción y rechazo. 
Las vestía según su deseo, supervisando el vestuario que la actriz llevaría, incluso llegó a obligarlas a que su pelo estuviese más rubio si cabe, tiñéndolas.
Las más femeninas eran para él las rubias, y no podía comprender como no estaban dispuestas a teñirse por el privilegio de trabajar con él.
Incluso aceptaba la “supuesta hipersexualidad” de las rubias, lo cual no era más que un prejuicio difundido por el cine; más divertidas, menos inteligentes quizás, más deseables….
Todo lo que en el imaginario colectivo rondaba en torno a la mujer rubia, el director lo hace suyo y lo mezcla de forma magistral, repitiendo un estilo de mujer, desde su primera a la última película, incluso en algunas secundarias y en sus películas para televisión.
Según el maestro refería “debo considerar si mi heroína potencial es la clase de chica a la que puedo moldear conforme a la heroína de mi imaginación. Debe tener verdadera belleza y juventud”.
El profesor Javier Bernet nos ofreció una estupenda clase en el Taller de Cine sobre las rubias de Hitchcock, proponiéndonos un “ranking” de las 10 rubias más famosas o quizás más interesantes por el momento en el que rodaron con el “maestro del suspense”. Dicho ranking quedó así:

 
1. TIPPI HEDREN
2. GRACE KELLY
3. INGRID BERGMAN
4. JANET LEIGH
5. JULIE ANDREWS
6. KIM NOVAK
7. EVE MARIE SAINT
8. DORIS DAY
9. JOAN FONTAINE
10. JUNE HOWARD-TRIPP

 
Os dejamos con un excelente vídeo de “las rubias” de Hitchcock.
 
 

martes, 8 de febrero de 2011

Bienvenidos al Blog de Linterna Mágica

Hola a todos/as, soy Paco Bellido, profesor del Taller de Cine.
Me complace invitaros a seguir nuestro Blog como punto de contacto de la Asociación.
El Taller de Cine, vinculado a nuestra Asociación, ha elegido como icono este año a uno de los mejores directores del Séptimo Arte, Alfred Hitchcock. Un año lleno de referencias al mago del suspense.
A partir de ahora, iremos colgando en este Blog, entre otras muchas cosas, referencias a los contenidos de nuestro Taller de Cine.
Un saludo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Bienvenidos al Blog de Linterna Mágica


La Asociación Linterna Mágica debe ser y constituir una fuente constante de conocimientos sobre cine, y una forma de hacer de Sevilla una Ciudad más cinematográfica... una gran pantalla en el que todos los asociados y "simpatizantes", si es que esta denominación es acertada, puedan disfrutar de lo que saben sobre cine.
El primo de Viridiana le propone al final de la película jugar al "tute", una invitación llena de simbolismo. Aceptará o no aceptará, todo un enigma en la Historia del Cine. Yo os invito a seguir nuestro Blog, seguro que no os defraudará.
Javier Bernet

Alexander y la linterna mágica



INGMAR BERGMAN. Fanny y Alexander (1982).

En casa de los Ekdahl, los adultos se retiran y los niños duermen. Todos menos Alexander, que enciende su linterna mágica y congrega una reunión improvisada y secreta en torno a la historia de la pobre Arabella. Las imágenes se proyectan en la habitación oscura y el público infantil las contempla lleno de espanto y de fascinación. Cuando irrumpe la madre, la función se acaba, pero flota en el aire un olor a parafina que delata la transgresión cinematográfica.

¡Bienvenidos al blog de “Linterna mágica”!