martes, 26 de julio de 2011

Mitomanía... Rita Hayworth


La mujer que descendía tambaleándose por la escalerilla del avión, borracha, ajada y sola, era Rita Hayworth, una Rita muy diferente de la que una noche desnudara su brazo en un cabaret o viese reflejado su cuerpo en una galería de espejos ideada por Orson Welles. ¡Pero es que resulta tan difícil envejecer cuando se ha sido la mujer más bella del mundo!
De ascendencia española, Rita Cansino era hija de un bailarín llamado Eduardo. Desde muy joven, Rita acompañó a su padre como pareja de baile, morena, rellenita, muy diferente de la deslumbrante imagen pelirroja de años después.
Sus iniciales apariciones en el cine son casi irrelevantes, pero su primer marido, Edward Judson, está empeñado en convertirla en una gran estrella. Una hábil campaña de publicidad, un nuevo apellido y la ayuda de los institutos de belleza obran el cambio. Ha nacido Rita Hayworth, la bomba de los años cincuenta.
Su nombre está unido íntimamente a una película, Gilda. Todos recuerdan la bofetada que le dio Glenn Ford o el insinuado strip-tease del guante, mientras Rita, danzando como una serpiente, canta Putt he blame on mame, boys. Pero esta identificación tan grande entre personaje y actriz no fue a la larga beneficiosa. Sus magníficas condiciones para la comedia y para el baile fueron desaprovechadas por Hollywood. Y Rita se vió obligada a repetir, bajo mil disfraces, a la mujer fatal que había interpretado en Gilda.



Cinco matrimonios hablan también de su inestabilidad, de su incesante búsqueda de una relación serena y grata. Pero ni el pigmalión Judson, ni el genio Orson Welles, ni el príncipe Ali Khan lo consiguieron. La contradicción entre su papel de estrella y su condición de mujer se resolvió otra vez por el camino de la soledad. La soledad más absurda. La soledad más íntima. Sola en un mundo donde todos conocen a Gilda.
Os dejo con esa maravillosa escena de Gilda/Rita que siempre permanecerá en nuestro recuerdo. 


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