viernes, 13 de mayo de 2011

Mitomanía... Gary Cooper



Difícilmente podría alguien imaginar a Gary Cooper haciendo el papel de malo en una película. Y es que Coop, el larguirucho Coop, proyectó desde el comienzo la imagen más definida de “americano”: un hombre sencillo, recto, tímido y valiente.
Nació en Helena en 1901, el joven Frank James Cooper pasó su infancia entre Montana e Inglaterra, adquiriendo así una educación en la que se conciliaban el vaquero y el gentleman. Su entrada en el mundo del cine la debió a sus habilidades como caballista, pero muy pronto su figura desgarbada interesó a una industria sedienta de nuevos galanes, y Coop empezó a ver alargados sus papeles, al mismo tiempo que protagonizaba dos sonados idilios con las “devoradoras” Clara Brown y Lupe Vélez.
El Virginiano significará el salto definitivo hacia la fama. Le seguirán, entre otros filmes, Marruecos, con Marlene Dietrich; El secreto de vivir, a las órdenes de Frank Capra; Beau Geste y El Forastero.
Cuando Cooper obtiene su primer Óscar con El sargento York, es ya un hombre estable, alejado de sus primeras andanzas como donjuán, y sólo Patricia Neal, su oponente en El manantial, pondrá en peligro su matrimonio con Rocky.  
En 1952 su carrera parecía entrar en declive. Pero de pronto llegó Solo ante el peligro, y la Academia tuvo que premiar con otro Oscar su interpretación del introvertido y un poco quijotesco sheriff Kane.
Sólo una cruel enfermedad podía apartarle del trabajo. Sobreponiéndose al dolor, había rodado éxitos como La gran prueba, Hombre del Oeste o El árbol del ahorcado, pero al fin, tras el rodaje de They came to Cordura, tuvo que ser hospitalizado.
Duro como pocos, volvió a los platós, pero sus días estaban contados, y el 13 de mayo de 1961, una semana después de cumplir sesenta años, el “orgullo de los yanquis” se rindió por primera y última vez.
Hoy lo queremos recordar revisando una secuencia de “Sólo ante el peligro”, junto con el fantástico tema "A la hora señalada" (High noon), que se convirtió en todo un himno. Disfrutad, mitómanos.

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