sábado, 2 de abril de 2011

Adiós a Farley Granger


El pasado 27 de marzo nos dejaba a los 85 años el actor Farley Granger. De apariencia aniñado, se especializó en Hollywood en interpretar, con notable éxito, a galanes de pasado oscuro emocionalmente inestables.
Nacido en julio de 1925 en San José (California), nada más terminar el Instituto trató de introducirse en el ambiente teatral de Los Ángeles. Samuel Goldwyn le ofreció firmar un contrato en exclusiva con él. De hecho, Grager fue uno de los últimos descubrimientos del productor.
Debutó en el cine con un pequeño papel en “La estrella del norte” (1943), de Lewis Milestone. Y a lo largo de los años 40 y 50 trabajó con regularidad, obteniendo poco a poco papeles protagonistas en filmes como “No quiero decirte adiós”, “Cuatro páginas de la vida”, “El fabuloso Andersen”, “La muchacha del trapecio rojo” y “Los amantes de la noche”.
No obstante, sus interpretaciones más memorables pertenecen a sus apariciones en “La soga” y “Extraños en un tren”, ambas dirigidas por Hitchcock. El mago del suspense dijo de su talento “en sus manos, hasta las páginas amarillas resultaban intrigantes”.
También es relevante destacar su participación en la película de “Senso”, de Luchino Visconti, que le abriría una segunda carrera en Italia, aunque mucho menos brillante.    
Su declive en el cine comienza en los años sesenta y durante los setenta prácticamente no trabaja. Su rostro maduraría en el teatro y la televisión.
Granger se negó a pactar con los códigos sociales de su tiempo, negándose a pasar por el aro de uno de esos falsos matrimonios diseñados para las estrellas gays de los grandes estudios. Confesó en sus memorias que la actriz Shirley Winters había sido el amor de su vida, aunque sospechamos que fuera un amor platónico.
Os dejamos con una secuencia de “La soga", de Alfred Hitchcock, donde podemos apreciar a Farley Granger en compañía John Dall, ambos han planeado en su propio apartamento asesinar a un compañero de clase y ocultarlo en un arcón, sólo por el simple placer de demostrar que se puede cometer un crimen perfecto. En esta escena, Granger acaba de cometer el asesinato con una soga y queda conmocionado, aunque pronto se repone gracias a las palabras de ánimo de su amigo cómplice Dall. 
Espero que os guste.   


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